chito y pocho

Chito y Pocho

Gilberto “Chito” Shedden. Shedden era un simple pescador y guía turístico nacido y criado en Siquirres, Provincia de Limón, Costa Rica. A Chito también le gustaba un poco incursionar como naturalista aficionado y adquirió un conocimiento interesante sobre la naturaleza con los años, lo que le ayudó bastante en su negocio de turismo. Chito tenía una vida sencilla y sin grandes complicaciones. Así era hasta que se encontró con Pocho.

En 1989, Chito iba caminando a orillas del río Reventazón cuando se encontró con algo muy extraño. A orillas del río, había un cocodrilo macho que estaba agonizando. Cuando se detuvo para investigar al delgado reptil de 68 kilos, se dio cuenta de que le habían disparado en la cabeza y la bala pasó por el ojo izquierdo. Había sido un granjero del lugar.

Por peligroso que fuese, no podía dejar al pobre animal solo y desamparado. Chito actuó rápidamente y con la ayuda de varios valientes amigos levantaron el pesado reptil y lo llevaron al bote de Chito. Sabía que, si llevaba al animal a su casa, podía curarlo y luego devolverlo a la selva. Llamó al enorme reptil “Pocho” que significa fuerza y comenzó a cuidar de él en su propio patio trasero.

El pescador altruista comenzó a curar a Pocho con una mezcla de medicina, comida y, lo más importante, de mucho cuidado y atención. Chito alimentó al cocodrilo con una dieta constante de pollo y pescado. Consiguió medicinas para parar la infección y se quedaba con él por las noches. Daba de comer a Pocho con la mano. Incluso lo ayudaba a masticar los alimentos. El afecto fue uno de los factores más importantes para la recuperación de Pocho. Chito le daba besos y abrazos. Le hablaba y lo acariciaba. “El cocodrilo necesitaba mi amor para recuperar las ganas de vivir”, nos mencionó.

Con el tiempo, Pocho mejoró lo suficiente para volver a su estado saludable. Chito y sus amigos lo llevaron en el bote y lo soltaron en un río cercano. Chito regresó sólo a su casa.

Sin embargo, a la mañana siguiente salió de su casa y encontró a Pocho durmiendo en su terraza. El cocodrilo nadó por el río y lo siguió hasta su casa. Chito supo que Pocho había tomado una decisión, entonces lo llevó al lago de la propiedad de Chito, que Chito lo llamaba por su nombre y el cocodrilo respondía.

Todos los días, Chito entra al agua verde de su lago de 100 metros cuadrados hasta la altura del pecho y llama a su amigo, el que aparece por debajo de las profundidades oscuras para rodar y jugar con su dueño.

Otros no serían capaces de nadar de forma segura con un reptil de ahora 453 kilos. “Me mirará a los ojos y no me ataca”, menciona Chito en cada espectáculo. “Es muy peligroso que otra persona se acerque al agua. Sólo nosotros dos”.

El 12 de octubre de 2011, el cocodrilo Pocho murió por causas naturales. Tenía más de 50 años. Chito Shedden le dio a su viejo amigo un funeral que pasaría a la historia como el primero de su tipo. El cuerpo de Pocho fue entregado al museo de la ciudad de Siquirres para ser embalsamado y puesto en permanente exhibición. Los costarricenses aún consideran a Pocho como un patrimonio nacional y a menudo pasan a rendirle tributo.

Tomado de “LifeDaily”, Facebook

 

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