palindromo

El palíndromo de hoy:

Allí no, botanero mal le mata Nerón; y no, Renata me llamo, Renato Bonilla.

Jorge Brash Guillaumín:

Este poeta y editor mexicano -que escribe madrigales, octavas, églogas, sonetos y décimas perfectas, que no le cuestan ningún trabajo y se divierte-, nació en Xalapa, Veracruz el 7 de mayo de 1949.

Estudió sicología en la Universidad Veracruzana y en la Américan University, en Washington.

Ha sido editor y director de la colección Cuadernos del Caballo Verde de la UV, así como colaborador de Academus, El Dictamen, El Juglar, El Tiempo, La Palabra y el Hombre y Vuelta.

También divulgador de la ciencia y traductor, JBG posee un excepcional talento para construir palindromas.

La Gaceta Mexicana se siente honrada en poder publicar algunos de muchos palindromas de su creación en nuestras páginas, que habrán de merecer la admiración de nuestros lectores.

La Secretaría de Cultura ofrece la siguiente lista de obra publicada de Jorge Brash Guillaumín:

Poesía: Hora de la voz (plaquette), Academus, Xalapa, 1971. || A la orilla del aire, UV, Letras Mexicanas, 1974. || Incendio de voces, UV/Papel de Envolver, Luna Hiena, 1983. || Danza inútil del agua, Joan Boldó i Climent, 1985. || A la mitad del puente (poesía 1992-1994), IVEC, Cuadernos del Baluarte, 1995. || La Alcayata, IVEC, 2006.

El palíndromo palíndromo, palíndroma o palindroma (variante esta última preferida por Juan José Arreola) es una composición verbal que puede leerse igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Por ejemplo: Onís irá por el asno con salero parisino.  En su hechura no cuentan los signos de puntuación ni los acentos. Sólo importan las letras, ni siquiera los fonemas. (A veces se permiten ciertas licencias, como considerar el dígrafo ch como una sola letra. Tal es el caso de A Chemita Nati mecha.)

Este simpático juguete verbal no podía escapar al eterno afán del hombre por conocer la realidad por otros medios que no sean la investigación disciplinada. Así que de una vez por todas prevenimos a nuestros lectores: no se dejen sorprender, porque si gracias al palindroma “Dábale arroz a la zorra el abad”, creemos que un presbítero vegano pretendía alimentar a la zorra con magras porciones de arroz no será difícil convencernos de que “Zorra ni sádico capa lapa cocida sin arroz”, y de que “Zorra ni sádico no capa lapa conocida sin arroz”, pero afortunadamente para eso tenemos la lógica y el principio del tercero excluido. A poco que se examine la pareja de afirmaciones tocantes a la astuta raposa se verá que ahí más bien hay gato encerrado: si la lapa cocida es también conocida (como de inmediato puede verse por la facilidad con que la adjetivamos), ni la zorra ni el sádico pueden y no pueden caparla sin arroz, lo que es una contradicción palmaria. Ergo, el palindroma no constituye ningún oráculo. Es tan solo un juego de palabras.

Allí no, botanero mal le mata Nerón; y no, Renata me llamo, Renato Bonilla.

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