La Feria: Fruta derribada

La Feria
Fruta derribada
Sr. López

A ver… a ver… cuando brincan a Morena cinco diputados federales del partido Verde y cuatro del PT, para sumar 256 tribunos que saben que es un honor estar con Obrador, la líder de Morena, Citlali Ibáñez Camacho (a) Yeidckol Polevnsky, negó que hayan defraudado a la ciudadanía y abollado el inicio de la llamada “cuarta transformación” a cargo del movimiento (que es algo así como un temerario acto de trapecio del Cirque du Soleil tenochca, con doble red de protección), y acto seguido, la señora Ibáñez justificó la adhesión de diputados del Verde: -“Si nosotros logramos tener mayoría, vamos a poder hacer los cambios con mucha mayor facilidad”, pues sí (Reforma; jueves 6 Septiembre de 2018). Bueno, ¿y qué?, no es delito ser popular, ¿qué culpa tienen ellos de no poder decir que no?
Lo que llama la atención es que cuando parece (pareeece), que algunos diputados de Morena del Congreso local del estado de Morelos, que ya pronto gobernará (es un decir) Cuauhtémoc Blanco, andan pensando en cambiarse a otra bancada, la misma señora Ibáñez (Polevnsky), montó en cólera y declaró (ayer) que estaba muy molesta porque dice ella que anda ofreciendo prebendas a los tribunos de Morena un tal José Manuel Sanz, quien fuera el representante deportivo del Cuau y ahora que su representado se dedica a la política (es otro decir), parece que también. Y estaba tan brava que llamó “españolete” al señor Sanz, porque le ha de haber dado pena decirle gachupín, gachupas, refugiado, refugacho, alpargatudo, galletón, come-cuando-hay (digo, si de insultar se trata).
La señora jefa de Morena (un decir más), no debería sorprenderse de que el Cuau le quiera hacer su famosa “cuatemiña”, que el caballero es bueno para driblar y quebrarle la cintura a medios y defensas, y metiéndola es un as, que fue el segundo mejor goleador en la historia de las Águilas (el América, si de plano es usted muy despistado).
Ya veremos pronto a la doñita y al delantero, hoy proyecto de prócer, dándose la mano y mutuo perdón, en conferencia de prensa con fondo musical de “Pero qué necesidad” (si se atrevieron a hacer semejante número de pastelazo Muñoz Ledo -el Chabelo de la política nacional-, y el gañan Fernández Noroña, es mucho más fácil se atrevan estos dos personajes de nuestra picaresca política, ambos de noble corazón y piel muy gruesa, que sin ambages declaran que solo ambicionan robarle inspiración a su Alteza, ya sabe quién).
Aunque le parezca increíble, se le recuerda que el gobierno de AMLO aun no empieza. Ojalá y lo haga mejor que bien porque a nadie nos conviene que entregue el poder como tantos, diciéndonos, “patria, soy Andrecito; no haré travesuras”… y un cielo impasible despliega su curva.
Por lo pronto lo previsible es que no faltarán diversión y atracciones para todos los gustos y edades. Es la especialidad nacional. Deje de lado tantas y tantas cosas ya comprometidas, nomás quédese con lo del Tren Maya que se construirá en cuatro años (que de día transportará turistas y de noche carga), financiando su costo de 150 mil millones de pesos, el gobierno con el 25% en un 25% y el restante 75%, la iniciativa privada. Tren que si se hace será el mejor chiste del sexenio y le puede costar su paso a la historia al aún Presidente Electo, ¿sabe por qué?, porque la gente y las instituciones que tienen esa clase de dinero, difícilmente se van a animar a financiar un proyecto que solo de milagro producirá ingresos para recuperar la inversión y luego empezar a ganar dinero (que es lo que le interesa a los inversionistas), y como lo quiere hacer, lo va a hacer y saldrá del presupuesto nacional.
Al menos eso dicen algunos especialistas de ese ramo como Eduardo De la Peña, socio de Deloitte en México, quien afirma que está muy cuesta arriba que los ingresos obtenidos por los pasajeros hagan rentable el proyecto; dijo: “Históricamente los trenes de pasajeros no son rentables financieramente hablando de la complejidad por los costos de operación, que no pagan los retornos de inversión” (artículo del prensa española, El País, 19 de agosto de 2018: “El Tren Maya, la arriesgada apuesta de López Obrador para desarrollar el sureste mexicano”, por Karina Suárez).
Y de eso de combinar pasajeros y carga, otro especialista, Enrique Rico, director de ferrocarriles de la empresa española IDOM explica que estas líneas de tráfico mixto son habituales en Europa. Sin embargo, representa un reto compaginar las velocidades y las pendientes del terreno porque en cada caso los requisitos son distintos. Además, ha indicado que la construcción de un proyecto ferroviario de unos 1,500 kilómetros de longitud toma, en el mejor de los casos, de cinco a seis años. “El periodo de construcción es muy variable y depende mucho de la complejidad orográfica de la zona, las integraciones urbanas, las estaciones, todo ello contando con que se tiene la aprobación de los proyectos y los terrenos para empezar a construir”.
AMLO, se cansa que lo construye. De los segundos pisos en el entonces D.F. fueron varios especialistas los que dijeron que no, pero ahí está, aunque sirva nomás para llegar más rápido al siguiente embotellamiento, porque se sube y va chulito de rápido, pero llega a su bajada y ¡otra vez el tráfico!, porque el proyecto no desfoga a ninguna parte. Bueno, ¿y qué?… se pudo.
Aparte de todo… ¿y el proyecto?… porque deben tener ya algo avanzado, digo, para poder decir cuánto cuesta… ¿o será nomás un promedio de costo por kilómetro?… ¿y la consulta popular correspondiente?, porque algo tendrán que opinar los lugareños… en fin: va a estar divertido. Le están dando cuerda para que sí lo haga y dentro de algunos años no muchos, quedará abandonado, y los alegres tenochcas, en torno de otra mesa quedaremos recordando a AMLO, arrastrando otra deuda y él verá su prestigio como fruta caída, del árbol frondoso y alto de Morena, más que fruta caída, fruta derribada.

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