A la salida nos vemos: La Feria

SR. LÓPEZ

Allá en Autlán de la Grana, Jalisco, a mediados de los años 20 del siglo pasado, un primo de la abuela Elena era muy temido en la región. Decía ella que era grandote, matrero y ‘malora’, que peleaba mucho y ganaba siempre; a las mujeres más bonitas se llevaba y en esos campos no quedaba ni una flor. Entraba a la cantina y se medio vaciaba; iba a misa y las mamás se iban con sus hijas, despavoridas. Encaprichado con una núbil doncella de apenas 16 de edad, hija de un tendero viejito, flaquito y cansado, empezó a cortejarla, pero el viejito se opuso. Le llevaba gallo y echaban las contraventanas; la piropeaba en la calle y la moza salía corriendo. En el pueblo reían de él (a sus espaldas): había encontrado la horma de su zapato. La cosa para el primo ese se volvió cuestión de honor y un día fue muy bravo a la tienda del viejito a convencerlo. El viejito no cedió pero cayó en cama por la golpiza que le puso el mocetón; ya repuesto aunque maltrecho, regresó a su tienda y el mismo día se presentó el bruto, algo iba a decir cuando cayó muerto. El viejito estaba muy débil, pero le alcanzaron las fuerzas para jalar del gatillo y meterle un tiro en la frente. El Alcalde dijo que era defensa propia. La familia de la abuela no cobró esa cuenta: -Se lo buscó y se lo merecía –decía ella muy sentenciosa. Otros tiempos.

¿Qué pensaría si alguien le dijera que el Presidente se considera invencible, invulnerable, indestructible?… sea usted fifí o chairo, recelaría, dudaría que fuera cierto, pensaría que es llevar las cosas muy lejos, que se trata de otro ataque en contra de él, burdo, por cierto.

Y si ese alguien le preguntara por qué piensa que es un ataque a la sacra persona presidencial, tal vez diría: porque el Presidente no es tonto (no lo es), porque eso sería insinuar que no está en sus cabales (se solicita información), porque con cinco centavos de sesos en la cabeza, cualquiera sabe que no es indestructible (ni Superman, que le corre a la kriptonita).

Por supuesto está usted en lo correcto. Ahora pasemos a la dura realidad (disculpe las molestias que esto le ocasiona):

“Soy indestructible”: Andrés Manuel López Obrador (AMLO en adelante, ya sabe), 2001, 17 de marzo, siendo Jefe de Gobierno del entonces D.D.F.

“Soy indestructible”: AMLO, 2003, el 8 de octubre, mismo cargo de arriba.

“Soy indestructible”: AMLO, 2006, el 12 de marzo, desde Cuautla, en plena campaña presidencial.

“Soy indestructible”: AMLO, 2018, el 8 de febrero, desde Durango, en campaña presidencial.

“Soy indestructible”: AMLO, 2019, desde Palacio Nacional, mañanera del 3 septiembre (agregó que tiene un ‘escudo protector’, ‘ta bueno saberlo).

Si lo hubiera dicho una vez, sería una tontada mal intencionada recordarlo, cualquiera tiene un ‘lapsus’, cualquiera mete la pata… pero venir repitiéndolo desde 2001, tal vez significa que sí cree que es indestructible.

Como el Presidente tiene en sus manos el inmenso poder legal y extralegal, que significa tener esa investidura en México, es preocupante que pudiera padecer de algún trastorno psicológico o hasta psiquiátrico.

Dicen que los que dicen que saben, que el delirio de grandeza es el pensamiento delirante en el que se exagera sin motivo la importancia de uno mismo, hasta creerse poseedor de un gran poder o talento… bueno, en el caso del Presidente, no tan si motivo, miren dónde está y de lo de creerse con un gran poder… pues lo tiene. Parece que esto no es.

Existe otra patología psiquiátrica, el trastorno de personalidad antisocial caracterizada por ansia de poder, ausencia de empatía, carencia de remordimiento, autoestima distorsionada, irresponsabilidad ante las consecuencias de sus actos, deshumanización de la víctima, impulsividad; conducta que se asemeja al egocentrismo, la megalomanía. Sí es un poco de todo eso pero como para pensar que tiene flojos los tornillos, no.

Hay otro síndrome, el de personalidad narcisista: sentido grandioso de la propia importancia; fantasías de éxito ilimitado; requerir  admiración; sentirse incomprendido; tener sentido exagerado de los propios derechos; exigir aprobación de sus deseos; aprovecharse de los demás; carecer de empatía con las necesidades, sentimientos y sufrimiento ajeno. Caliente, caliente… más bien, como anillo al dedo, pero no es uno nadie como para emitir un diagnóstico.

Si el Presidente padeciera de algún mal psicológico o psiquiátrico, no sería completamente responsable de sus actos.

Una de las peculiaridades de aquellos que traen engrudo entre las neuronas, es que no son capaces de revisar su conducta, no pueden elaborar ni el más simple juicio moral o ético sobre sus actos… y nada más recordando la doblada de lomo del Presidente ante la amenaza de Trump si no cambiaba su política migratoria, se puede concluir que el señor Presidente está en pleno uso de sus facultades mentales: fue perfectamente capaz de entender que no podía sostener su fraterna estrategia de puertas abiertas para con los migrantes y les echó encima a la Guardia Nacional y al ejército, y en los hechos aceptó que México fuera un ‘tercer país seguro’, como le exigió el Trump, aceptando que permanecieran en nuestro territorio todos los migrantes que los EUA nos mandaran.

Entonces, cuando dice que es indestructible lo dice porque hasta el momento, disculpe usted, con la pena, ha sido indestructible. Ni escándalos de corrupción, ni sus flagrantes mentiras, ni sus evidentes fracasos en la administración pública, ni el número de asesinatos y feminicidios, ni la pésima atención de la pandemia, ni los casi 200 mil muertos, ni su descarado atropello a los otros Poderes y los órganos autónomos, lo han puesto en el sótano de las encuestas… todo le viene guango. Sí es indestructible.

Solo olvida este Presidente que todos nuestros presidentes son indestructibles, cuando menos de 1929 a la fecha. Y también se le olvida que cuando los presidentes terminan su gobierno les toca el silencio definitivo y a veces el repudio general. A la salida nos vemos.

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