A otra cosa: La Feria

SR. LÓPEZ

Marcelo, un sobrino bisnieto de la abuela Elena, de los que vivían allá en Autlán de la Grana, Jalisco, la invitó a su boda y fue. Poco después llegó hasta casa de la abuela, en la Ciudad de México, la noticia de que Marcelo se había separado, porque observó un extraño crecimiento de protuberancias óseas en testuz (cuernos). Ni modo. Pasados unos dos años, nueva boda; la abuela ya no fue. En esta vuelta, lo que se supo fue que la nueva esposa lo abandonó. Y hubo tercera boda y tercera separación porque el sobrino bisnieto presentó los mismos síntomas de aparición de robustos apéndices en la región frontal. Tiempo después Marcelo se juntó con una viudita y otra vez lo mismo; entonces la abuela puso un telegrama y Marcelo llegó a los 15 días a casa de su tía bisabuela, quien le dijo: -Hijito, a nadie le tocan cuatro güilas al hilo… o tú no sirves o sí sirves pero te gusta lo que en Autlán no quieres que se sepa, quédate acá que nadie te conoce y haz tu vida –se quedó y barrió dinerales con un salón de belleza en el que trabajaba de tacones altos. Hay casos.

Continuando con la cosecha de éxitos de la 4T (léase: ‘Cuatroté’ o ‘Cuatrote’, al gusto), ayer se supo que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha superado con creces los primeros 18 meses del gobierno anterior (nótese la finura de no nombrar al otro Presidente, porque Presidente ¡solo hay uno!).

Efectivamente: según registro oficial de ambos gobiernos, durante ese mismo periodo, la Cuatrote, superó en 71%… el número de asesinatos. Sí, de diciembre de 2012 a mayo de 2014, a ya sabe quién, le tocaron 26 mil 633 asesinatos y de diciembre de 2018 a mayo de 2020 ya vamos en 45 mil 538 (70.98% por si es usted el preciso)… a la cuenta del actual gobierno: 2,960 toneladas de cadáveres (peso promedio por fiambre, 65 kilos, porque hay mujeres y niños en el matadero)… 227,690 litros de sangre derramada (5 litros promedio por difuntito), por si le parece poco.

La diferencia es que a este Presidente se le dio todo lo que pidió, incluida la legalización, hasta 2024, de la intervención de las fuerzas armadas en labores de seguridad pública, pero ¡espere! -como en los infames ‘infomerciales’-, además: se le otorgó el presupuesto que quiso, se hizo la ley de seguridad que pidió, se le cumplió su capricho de desaparecer la Policía Federal para sustituirla por la Guardia Nacional (¡qué gran diferencia!… en México no se nos acaba la creencia en que cambiando el nombre de las cosas, las cosas cambian, nunca olvide la metamorfosis de SIEDO a SEIDO)… todo se le concedió,  no hay excusas, digo.

Lo bueno, dirá un fervoroso creyente en los poderes taumatúrgicos de Andrés Manuel López Obrador, es que ya solo faltan cinco meses y medio para el fin de año, fecha en la que él se comprometió a que veríamos la recuperación de la seguridad pública. Primero dijo que en seis meses se despachaba el asunto; luego, que un año; después, que mejor le diéramos dos años de plazo (“Pido un año más para que esto cambie por completo, ya hemos avanzado, hoy cumplimos 11 meses y se ha avanzado muchísimo”, dijo el 1 de noviembre de 2019, en su gustado programa de variedades ‘La mañanera’)… muy bien, ¡concedido! Se acerca el fin de año… ¡qué nervios!

Otra cosa que abona el optimismo de los pesimistas, es que no cesa la acumulación de grandes triunfos del actual Presidente, como el rotundo éxito en eso de la pandemia que ya nos está haciendo los mandados, aunque las cifras de contagiados y fallecimientos crezcan, pues únicamente los conservadores y los del Reforma, no ven que no solo vamos ganando sino que seguimos teniendo camas (y los que aparte de cama, quieren medicinas, equipo y médicos que los atiendan, son fifís… no tienen llenadera, son corruptos).

El triunfo que no se puede dejar de mencionar dentro del florilegio de veinte programas de gobierno y una canción desesperada, es el denominado oficialmente, ‘Sembrando vida’, aunque haya gente mezquina, ruin… ¡chusma!, que se refiera a este programa como ‘Sembrando votos’ (de veras, qué feo ser así… ¡pero hay un Dios!)

Resulta que la propia secretaria del Bienestar, María Luisa Albores, aceptó que durante 2019 en lugar de sembrar 575 millones de árboles y plantas, sólo se plantaron 80 millones, de los que se secó la mitad (se logró el 6.96% del objetivo).

Preguntado que fue el Presidente, lo negó y dicho que le fue, que el dato era de su Secretaria del Bienestar, atajó: “Totalmente sacado de contexto (…)”; bueno, sí, no entendimos. Nunca entendemos.

Antes de eso había defendido ‘Sembrando vida’ diciendo que para el 2024 “(…) espero que los árboles, los cedros, las caobas, estén de 5, 8, 10 metros y que ya estemos cosechando cacao, cosechando café, que llueva café”. Sí, que llueva, que llueva.

Y más: “(Sembrando vida) es sembrar un millón de hectáreas de árboles maderables, frutales, se le da trabajo a más de 400 mil campesinos (…)”; agregó que ‘se deben’ estar trabajando ya 600 mil hectáreas y que el periódico Reforma no dice de que (sic) es el programa de reforestación más importante del mundo.

Palacio… tenemos un problema: o alguien le dice la verdad al Presidente o alguien le explica que mentir es mala estrategia. ‘Sembrando vida’, con sus millones de plantitas (por contar), en un millón de hectáreas (como aspiración), NO es el programa de reforestación más grande del mundo, por mucho.

El más grande es el de China: 50 millones de hectáreas para detener el avance del desierto del Gobi; luego el llamado ‘Muro verde subsahariano’, en África, para atajar la desertificación del Sahel, entre el desierto del Sahara y la sabana sudanesa (140 mil kilómetros cuadrados… 14 millones de hectáreas); y hay otros menos grandiosos: el de Corea del Sur (once mil millones de árboles); o el de Mangrove en Filipinas (millón y medio de hectáreas; 1,500 millones de árboles).

Señor Presidente, con todo respeto: no se le da la agricultura, ni es obligatorio; ni la economía, ni eso de gobernar, mejor dedíquese a otra cosa.

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