Afrenta de muertos: La Feria

SR. LÓPEZ

Contaba la abuela Elena que allá en su pueblo, Autlán de la Grana, Jalisco, a fines del siglo XIX, su abuelo y otro ranchero, tenían cuentas pendientes, que decidieron arreglar al estilo de entonces: a tiros. Murió su abuelo. La viuda, sabiendo que a eso seguía un rosario de fiambres, puso quietos a todos sus hijos y nietos en edad de jalarle al gatillo. Así, en tensa calma, pasaron unos meses, pero todo se descompuso el día que el sobreviviente de aquél encuentro fue a dar el pésame a casa del que había matado. El pleito duró, con difuntos ocasionales de cada bando, hasta que llegó la Revolución y los hombres fueron a matarse por otras razones. Malos tiempos.

Nuestro presidente declaró el 31 de octubre, tres días de luto nacional en memoria de los que han muerto a causa del Covid-19 en el país.

El sábado 31 de octubre, al inaugurar la ofrenda de muertos que se instaló en el patio central de Palacio Nacional, dijo:

“A partir de hoy se inician tres días de luto nacional dedicados a recordar a todos nuestros difuntos y en especial a quienes han perdido la vida a causa de la pandemia del Covid (…)”

Está bien, aunque la mención especial de los más de 91 mil que han perdido la vida por el Covid-19, agiganta el malvado desatino de haber dicho -el 2 de abril pasado-, que la pandemia le cayó ‘como anillo al dedo’. ¿La brutal cifra de defunciones hace aún mejor la pandemia para su gobierno -lo dijo en plural-, o ya no?… ¿hasta qué cifra de muertos, le venía como anillo al dedo?… ¿cuántos muertos le acomodan a la 4T, según él?

No tiene caso recordar cada fecha y ocasión en que el Presidente ha dicho al país que ‘ya pasó lo peor’ de la pandemia. No ayuda reclamarle que aún se rehúsa a usar el cubre bocas, siquiera para que alguien siga su ejemplo. Tampoco es útil reflexionar en que el encargado nacional del combate al Covid-19, el tal López Gatell, se tardó ocho meses en reconocer que el cubre bocas ‘ayuda’.

Comentar lo injustificable del índice de letalidad del Covid-19 en México -el triple que el promedio mundial-, es un ejercicio vano pero para cuando las cosas vuelvan a la normalidad, tengamos presente que según el López Gatell, el número de muertes es “un detalle técnico que no se puede medir (…) de dudosa importancia” y que en todo caso “no será sino hasta dentro de dos años que lo sabremos” (The Associated Press, AP; 27/09/2020-22:21; por si considera calumnia tan bárbara declaración).

Así, deja mal sabor de boca el ‘pésame’ presidencial, suena a frase de circunstancia políticamente correcta, realizada con una parodia de ceremonia religiosa ajena del todo a las creencias de la población, cristiana por abrumadora mayoría. Si se decidió realizar un rito, no era así, era en Catedral, con el Cardenal y misa solemne de difuntos. ¡Ya parece!

Y muy en serio porque esto no es de bromas, ¿cuándo dará el pésame por los niños con cáncer que han fallecido por falta de medicamentos?… del 11 de diciembre de 2019 al 3 de septiembre de 2020, iban 1,608, según la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC); y no son por una pandemia que sobrepasó toda previsión y ha puesto en evidencia el maniobreo oficial de su atención, no, son niños que se sabe necesitan esas medicinas que el gobierno no ha surtido, no ha comprado: en el país cada cuatro horas muere un niño por cáncer, se informó el 15 de febrero, Día Internacional de la lucha contra el Cáncer Infantil.

Este 29 de octubre, pese al diálogo con las autoridades se cumplieron 729 días con desabasto de medicamentos oncológicos, informó la Asociación Civil Movimiento Nacional por la Salud Papás de Niños con Cáncer. Y Michael Ryan, director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud, lamentó el 13 de octubre de este año, que niños con cáncer estén muriendo en México por falta de tratamiento o de medicamentos: “Es una verdadera tragedia”, aseguró. Ya es escándalo mundial, aquí no, aquí es parte de la ‘lucha contra la corrupción’ y con la pena, pero es el precio.

El Presidente, siempre atento a lo que pueda rendirle o restarle popularidad, inauguró esa ofrenda de muertos y muy serio se refirió “en especial a quienes han perdido la vida a causa de la pandemia del Covid”. Se repite que está bien, pero no alcanza; aparte de los niños, “es previsible un aumento de defunciones por cáncer de mama por desabasto de medicamentos y retraso en los estudios de detección”, denunció Magdalena Núñez Monreal, inminente candidata a gobernadora de Zacatecas, por el PT, partido aliado a Morena. No se tapa el sol con un dedo.

Tampoco puede dejarse de lado el inmenso número de muertos resultantes de la rampante inseguridad pública, aunque este gobierno pregone otro éxito con cifras que prueban que ya vamos mejor, a contrapelo de lo que informa el Inegi: de acuerdo con las cifras registradas, en 2019 hubo 37,315 defunciones, una persona perdió la vida, víctima de un asesinato, cada 14 minutos; y para 2020, según consigna el Anexo Estadístico del Segundo Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se estima tendremos 40 mil 863 asesinatos, cifra del gobierno, que no digan que tienen otros datos. Más asesinatos en estos dos años que en toda la historia de la lucha contra el narco. No les tocó pésame a sus 78 mil 178 deudos. Es cosa tan menuda que no merece mención.

Y a toda la población nos queda a deber el Presidente sus condolencias por el congelamiento en 2019 de más de 794 millones de pesos del presupuesto de 26 institutos, hospitales y centros de alta especialidad… mientras autorizó recursos extraordinarios por 350 millones para el béisbol. Eso, aparte del recorte de 1,884 millones al sector salud de enero a mayo de este año, ya en plena pandemia.

No hay nada que celebrar por la ofrenda del Día de Muertos en Palacio Nacional. Tres días de luto nacional, en estas circunstancias, saben a burla. Lo que hace falta es un Presidente que reconozca errores y proponga soluciones. Así, su ofrenda es afrenta de muertos.

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