Apuesta perdedora: La Feria

SR. LÓPEZ

Allá por los años setenta del siglo pasado, hubo en Autlán un escandalete familiar por un asunto de faldas. La cosa prometía acabar en velorios anticipados y entonces intervino la abuela Elena: mandó telegrama y pidió que le mandaran de regreso a la dueña de las faldas, una sobrina nieta de ella, Elvira, quien llegó en dos semanas a vivir con la abuela un buen rato, en lo que se aquietaban las aguas. Pasado un año, ya de regreso la Elvira a Autlán, la abuela le dijo: -Y no se te olvide, todas hacemos lo mismo, nada más respetando hombre con dueña y discretita, si luego quieres tener uno tuyo –y sí, pues, todas.

Este lunes, nuestro Presidente en su gustado programa de variedades (‘La Mañanera’), puso al General Secretario de la Defensa Nacional, a explicar al respetable si los muy vistos videos del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), eran reales. Bueno: sí son y también un reto indirecto al Estado mexicano.

Terminado de pasar el trago gordo por don Crescencio Sandoval, nuestro Presidente aclaró paradas (abróchese en cinturón): “Y que quede muy claro, no a la guerra (…) no se va a caer en ninguna provocación (…) la gente que tenga confianza, no hay ningún riesgo”. ¡Uf, qué alivio!… y uno preocupándose a lo mariachi.

Lo malo es que el CJNG ya tiene tentáculos en 24 estados de la república. El Mencho no es ningún menso. El Washington Post editó este pasado 14, un reportaje con datos de la DEA… hacen talco a nuestras autoridades.

Pero… a ver… a ver… en serio: la delincuencia organizada no tiene remedio. Usted empréndala contra doña Yolanda, progenitora de este menda, dese el gusto, pero se lo repito: no tiene remedio. No se puede erradicar ni exterminar. No se puede, nunca se ha logrado en ninguna parte del mundo en ningún tiempo.

Poco se habla de la ‘yakuza’, algo así como la mafia pero en Japón. La ‘yakuza’ existe desde principios el siglo XVII (1603), cuando fueron ‘despedidos’ muchos samuráis (en plena unificación del imperio japonés), al finalizar el periodo de guerras internas, durante el cual los samuráis prestaban servicios de seguridad militar a las comunidades. Ya sin chamba y sin saber hacer otra cosa, algunos empezaron a contratarse de mercenarios (asesinos bajo pedido, los ‘rònin’); luego vieron que más les convenía juntarse en bandas paramilitares que se alquilaban para dar seguridad a pueblos y comunidades… no tardaron en descubrir lo jugosos que son los negocios ilícitos: en Japón, desde el siglo XIX, los ‘yakuza’ controlan contrabando, juego, lavado de dinero, encarecimiento del mercado inmobiliario, espectáculos y un etcétera terrible; luego vino la inmensa locura de prohibir el consumo de drogas: ¡aleuya!, la ‘yakuza’ las controla y su colateral indispensable: el tráfico de armas.

La ‘yakuza’ coexiste con el Estado japonés, nadie lo ‘papalotea’ pero así es. No hay guerra (ni lucha), contra eso: coexisten procurando molestarse lo menos posible. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Japón estuvo siete años  invadido por los EUA que les impusieron su actual régimen democrático y el marco legal ‘occidentalizado’ que tienen (con Emperador, eso sí, ya ve cómo es la gente… ¿les gusta?, pues ahí está). Bueno, los yanquis ni se las olieron que la ‘yakuza’ existía y se reforzó durante ese septenio, controlando grupos políticos (hasta la fecha).

Hoy en día, las principales bandas ‘yakuza’ son cuatro, la de hasta arriba con 40 mil miembros. A estas cuatro les calculan unos 30 mil millones de dólares anuales de ‘negocio’.

La diferencia de los ‘yakuza’ y nuestros desorganizados delincuentes organizados, es que en Japón la ‘yakuza’ no se mete con la población sino para ayudarla; después del espantoso terremoto de 2011, los ‘yakuza’, sin declaraciones ni babosadas de delincuentes bota punta’pa’rriba (repartiendo despensas de 40 pesos), organizaron una movilización nacional de apoyo a la gente en desgracia. Bueno, tienen más experiencia: como 417 años.

¿Es un problema para el Estado en Japón?… no. ¿Está bien y hay que copiarles?… tampoco. Son pueblos y circunstancias diferentes, muy diferentes.

La auténtica mafia es la siciliana; existe desde mediados del siglo XIX, aunque desde antes en Sicilia, tenían una cultura de auto-gobierno oculto, hartos desde el siglo IX a.C. de estar invadidos por el primero que pasaba. Esa soberanía clandestina imprimió en la naturaleza de los sicilianos su cultura del secreto y la justicia (ajuste de cuentas), decidida por los viejos, sin ningún respeto a la autoridad visible.

Isla agrícola, en el siglo XIX los británicos impusieron a su flota armada la dotación de limones (para prevenir el escorbuto, que diezmaba sus tripulaciones), y los terratenientes sicilianos se forraron de oro, sus tierras permitían el cultivo intensivo de limoneros: antes exportaban 700 barriles por año, después de eso, dos millones (solo a Nueva York), y necesitaron seguridad… se les ocurrió lo obvio: organizar cuerpos privados de protección sin ni pensar en acudir al Estado legal. Bueno, esos, rapidito se dieron cuenta que tenían el control de la riqueza en la isla y echaron a los propietarios: nació la mafia. El único que estuvo a punto de arrasarlos fue Mussolini mediante matanzas indiscriminadas… pero, no pudo, nadie ha podido a la fecha. Ahora la mafia siciliana ya opera en todo el territorio de Italia. Lo único que pareció debilitarlos realmente, fue fomentar la falta de respeto de la población a los ‘capos’… bueno, tampoco funcionó. Ahora goza de cabal salud la mafia, hoy.

Por cierto: ¿en los EUA ha oído usted de alguna banda de delincuentes?… ¡suertudos!

Nuestra situación tiene un origen muy claro: la imbécil prohibición generalizada del consumo de drogas. Eso tiene que arreglarse. Se está arreglando. Y mientras, aprender cómo capotean esos toros en otros países con larga experiencia coexistiendo con delincuentes: cero lata a la gente común y al gobierno, respeto. Y quien reta al Estado debe saber que donde tope, esa es apuesta perdedora.

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