¡Así se forjó el acero : La Feria

Sr. López

Tía Ana Luisa nació con “cuchara de plata”; hija de sus papás, como es normal, nomás que muy ricos los dos, lo que no es tan normal. Se casó con tío Emilio, un españolito sin prenda que si tenía alguna sólo ella la conoció (y debe haberla tenido, digo… once hijos). La tía tuvo tres hermanos varones; uno se fue de voluntario a la Primera Guerra Mundial, cosa rara, dirá usted, pero acá había revolución y él con esa excusa (la defensa de “la Francia”), se fue con una tiple del Teatro Colón a darse la gran vida en París, mandaba acá cartas “del frente” y algo le ha de haber pasado que luego no se supo más de él; otro sufrió un imprudente ataque de catolicismo agudo y lo fusilaron en la Cristiada; el tercero murió de una incontenible diarrea, poco romántico pero cuando menos hubo fiambre que velar. Luego sus papás fueron presentando sus cartas credenciales ante el Creador y tía Anita quedó heredera única de una fortuna sobrada para hacer vida de sultana aunque nunca vio un peso porque su esposo se encargaba de “esas cosas”. Su menda la conoció muy viejita, viuda, solemnemente pobre, viviendo por temporadas con cada hijo. Cuando alguien le preguntaba qué había pasado con tanto rancho, tanto edificio, tanta casa, tanto terreno y tanto dinero, decía: -De esas cosas se encargaba mi marido… yo que sé -¡ay!
Lea con calma, no se apasione, piense quien dijo que si el gobierno de Andrés Manuel López Obrador por más que haga, si no pacifica a México, no se podrá acreditar ante la historia; y otra: quién dijo que pacificar a México es un desafío político.
Sí, hay alguien que le pone muy alta la vara al Presidente y piensa que si no logra la hazaña de pacificar al país, su sexenio quedará en el depósito de residuos reciclables.
Y también hay quien desatina diciendo que la seguridad es un desafío político, cuando es un desafío social, aunque tenga repercusiones políticas, como casi todo.
¿Ya?… ¿no?… bueno, le digo: ambas cosas las dijo Andrés Manuel López Obrador, el 15 de julio de 2021, en su conferencia de prensa de esa mañana. Literalmente, para que no piense usted que le pone uno palabras en su boca, declaró:
“Si no terminamos de pacificar a México por más que se haya hecho, no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno, es un desafío político”.
Nótese: “si no terminamos”, como si ya tuviera parte del camino andado. Se comprende, ni modo de salir a decir la verdad monda y lironda: -Vamos fatal, ya nos llevó la… -no, ni prudente sería, además de que en futbol y en política nadie regala goles (ni es cierto, algunos equipos de futbol lo han hecho cuando alguna equivocación del árbitro los ha beneficiado injustamente, pero, en política sí es cierto: nadie se pone en plan de dar lecciones de decencia, contra los intereses de su país, de su gobierno ni de él mismo).
La otra parte digna de estudio, es eso de que la seguridad es un desafío político. La inseguridad y las bandas de delincuentes, se combaten sin ideología diferente al respeto a la ley, esa es la única política, la única idea, el único dogma válido al tratar semejante cosa: la aplicación de la ley, prevenir el delito en lo posible, investigar los delitos, detener a los responsables (sin detener para investigar, aclara un respetado amigo de este menda, que sí sabe de esto… todo), repito, se investiga, se detiene, se presenta ante el juez. Y pero-por-supuesto, sin hacer uso desmedido de la fuerza, a los balazos se responde con balazos, pues los cuerpos policiacos deben ser respetados por la ciudadanía y temidos por los delincuentes, siempre.
Casi seguro no identifica usted a un tal Richard Julius Hermann Krebs, pero a lo mejor sí por su seudónimo: Jan Valtin, el que escribió aquel trancazo editorial de 1941, titulado ‘La noche quedó atrás’ (si puede, no deje de leerlo, es la vida real de un agente encubierto, trepidante, editorial Diana).
Ese señor fue uno de los más activos agentes secretos comunistas de tiempos de Stalin; viajó por decenas de países organizando células políticas y revueltas populares. Cayó preso muchas veces y en su obra relata los padecimientos que sufrió, algunos espeluznantes (por cierto, estuvo detenido en México y lo que cuenta es de pena ajena, ni modo, eran los tiempos). De las que pasó a manos de la Gestapo en la Alemania nazi, ni le cuento: terrible.
Pues bien, este experto agente en actuar en secreto, en cuidarse y en lidiar con cuerpos policiacos de medio mundo, cuenta que la única policía temible para él, era la británica, porque según él, cuando lo detuvieron sabían todo de sus andanzas y de todo tenían pruebas; nunca lo torturaron, nunca lo maltrataron, lo alimentaron bien y su celda tenía calefacción… ¿por qué los temía?: por eso, porque sabían investigar. ¡Vaya!
De regreso a nuestro tema. Ayer, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, informó que en los 42 meses que van del presente sexenio -de diciembre de 2018 hasta mayo pasado-, van 121,655 homicidios dolosos (incluidos en la cifra 3 mil 463 feminicidios). ¡Vaya!
Esa cantidad de asesinatos supera el total de todo el sexenio de Felipe Calderón, que llegó a 121,613. Al paso que vamos, a razón de un promedio de 2,896 homicidios por mes (cosa que no se desea, de ninguna manera), dentro de 28 meses, final de este gobierno, tendríamos otros 81 mil lo que daría un total de superior a 202 mil muertos, superando por mucho la cuenta de Peña Nieto que sumó 156,437.
Esto debiera ser el argumento definitivo para replantear la estrategia de seguridad nacional: lo que sea que esté haciendo el gobierno, no funciona, la situación ya se les fue de las manos.
Una buena noticia de ayer: el Presidente va a abogar personalmente por un detenido que él considera preso de conciencia. Se llama Julian Assange, está en la Gran Bretaña y lo van a extraditar a los EU, pero nuestro Presidente va a interceder por él ante Joe Biden aunque don Biden no sea del Poder Judicial. Bueno la lucha se hará. ¡Así se forjó el acero!

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