Autobuses laicos

En 2008 vio la luz la campaña a favor de la laicidad emprendida por Ariane Sherine, periodista británica, quien invitó y consiguió el apoyo del biólogo, ensayista, y darwinista, Richard Dawkins. Tras recaudar más dinero del originalmente calculado, gracias a la colaboración de varios donadores, promocionaron una campaña en apoyo al ateísmo y al librepensamiento. La Campaña del autobús ateo (Atheist Bus Campaign) difundió el siguiente eslogan: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”.
La idea fue contagiosa. Al menos en doce países —Canadá, Holanda, Suecia y España entre ellos—, los transeúntes se enteraron de la propuesta inscrita en el Autobús ateo. Ni a Dawkins, ni a otros libres pensadores —como el finado Christopher Hitchens, Sam Harris o Michel Onfray— les preocupa ganar adeptos; lo que les motiva es defender sus ideas. Los ateos, aunque no conste en ningún Tratado del ateísmo —las itálicas son mías, no existe tal Tratado—, ni hacen proselitismo ni buscan fieles. La mayoría vive su ateísmo en silencio. Cuando es necesario hablan. “La situación de los ateos hoy en día en América”, según Dawkins, “es comparable a la de los homosexuales 50 años atrás”. Defender el ateísmo es prudente cuando grupos reaccionarios, eclesiástico-políticos y político-devotos, en contubernio, difunden su ideario y excluyen a quienes no comulguen con sus latrocinios.
Hace una semana un nuevo autobús laico inició su camino. Esta vez, en tierras muy inhóspitas: Jerusalén. Entre el viernes y el sábado por la noche se celebra shabat. En la religión judía el sábado, shabat, es día santo. Los fieles no viajan, no encienden la luz, no trabajan; dedican el día al rezo y a la convivencia familiar. En Jerusalén, ciudad santa y ciudad tragedia —el término no es mío, es de la realidad—, conviven tres religiones. A partir de la fundación de Israel, siguiendo normas religiosas, está prohibido, independientemente del credo, viajar en automóvil u otro transporte en las zonas vecinas a los ultra ortodoxos judíos.
El autobús del shabat circulará en Jerusalén entre las ocho de la noche del viernes y las dos de la mañana del sábado. La iniciativa proviene de la sociedad civil y busca solucionar “el creciente problema de movilidad que discrimina a las personas que no tienen coche”. Al igual que la historia del autobús ateo en Inglaterra, el dinero proviene de la sociedad. Por ahora han contratado tres pequeños autobuses de una empresa palestina de Jerusalén (paréntesis obligado: ¿podrán los camiones contratados por judíos y operados por palestinos sembrar “un poco” de paz?).
El Shabus, así llamado por shabat y bus, no tendrá conflictos entre operadores y clientes, pero sí con los ultra ortodoxos. Hace años, cuando el Ayuntamiento de Jerusalén construyó un estacionamiento en un centro comercial vecino a la Ciudad Antigua, los ultras apedrearon a los vehículos que lo utilizaban.
Israel fue fundado hace 67 años. El Shabus infringe un prolongado tabú religioso y pone a prueba la tolerancia de la comunidad religiosa. Los autobuses ateos ingleses encontraron baches y clavos en sus rutas. En 2009, la Conferencia Episcopal Española, consideró que el mensaje inscrito en el camión era una blasfemia. Sucesos similares ocurrieron en otros países.
La semilla común del fanatismo es prohibir: pensar, disentir y cuestionar queda prohibido. Los light, como lo hacen los religiosos judíos en Jerusalén, avientan piedras, los ultras entre los ultras, los miembros del Estado Islámico y grupos afines, violan mujeres y decapitan, otros, violan niños y guardan silencio como sucedía antes del papa Francisco con algunos prelados de la Iglesia Católica.
El ateísmo no conlleva problemas. No mata, no apedrea, no hace proselitismo, no prohíbe lo que no debe prohibirse, permite la libre expresión, se abre al mundo, interioriza problemas fundamentales como aborto, eutanasia, fertilización in vitro. Los fanáticos religiosos no conllevan problemas, son el problema. Matan, excluyen, apedrean, prohíben, violan a niños, a sus esposas, callan, roban, y no viajan ni en camiones “normales” —¿alguien ha visto a Norberto Rivera en un camión?—, ni en camiones súper normales, como el autobús ateo o el shabus.
Notas insomnes. Al hablar sobre religiones, Richard Dawkins, asegura, “Es perverso instruir a los niños en falsedades”.

Por Arnoldo Kraus
(Médico)
EL UNIVERSAL

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