Baltimore, brutalidad policiaca y desigualdad

Los seis policías responsables de la muerte del afroamericano Freddie Gray en Baltimore han sido acusados en tiempo récord. Lo habitual es la tardanza, la obstrucción de las investigaciones por parte de los sindicatos policíacos y la opacidad con que se litigan los casos de elementos acusados por golpizas o asesinatos de negros y latinos ampliamente documentados, sin importar que la evidencia esté a la vista.
Hay un tufo racista en la actuación de la policía que se ha repetido en diversas ciudades de EU y frente a los cuales las reacciones son cada vez más airadas. En Baltimore —ciudad con mayoría afroamericana— hubo violencia, disturbios, toque de queda…
Seguramente contribuyó a acelerar las investigaciones el estado de insurrección violenta en que se hundió Baltimore en los últimos días y la ampliación de las protestas a otras ciudades. La Fiscal del estado para Baltimore, Marilyn J. Mosby, levantó y dio a conocer los cargos en cuanto recibió el reporte de los exámenes médicos y un día después de que la policía concluyera su investigación inicial y presentara los resultados. Este viernes la Fiscal declaró que la muerte de Freddie Gray a manos de la policía fue un homicidio. Seis agentes quedaron suspendidos y deberán comparecer ante la justicia.
El caso es verdaderamente escalofriante. Primero el joven fue detenido sin motivo con el argumento de que tenía una navaja. Fue maltratado, trasladado en condiciones inhumanas, esposado, amarrado de los pies, hasta que quedó inconsciente y llegó a una estación policiaca, después de lo cual fue llevado a un hospital, donde perdió la vida. Tenía lesionados columna y cuello, había pedido auxilio y no fue escuchado y no fue atendido. Los cargos: asesinato involuntario, asalto y negligencia, la pena podría ser de 30 años. Hay seis policías detenidos. Y sin embargo, como sucede siempre, el representante del sindicato de policías declaró que actuaron bajo la ley.
Lo que aconteció en Baltimore tiene sin duda tintes racistas cada vez más frecuentes en EU. Pero más allá del racismo, en el fondo está la desigualdad social que enfrenta la sociedad de EU, que hunde en la pobreza y la falta de oportunidades a millones de estadounidenses, que los empuja a los márgenes y que está vinculada también con la falta de oportunidades, de educación, de servicios de salud, de condiciones de vivienda digna, de adecuada alimentación. En 2012, el l% de la población acumuló el 23% del ingreso.
Hace unas semanas Jill Lepore publicó en “The New Yorker” un artículo titulado “Más ricos y más pobres, reconociendo la inequidad”. La brecha de la desigualdad se ha ampliado de manera dramática. Pew Research Center aplicó una encuesta en 44 países sobre lo que se consideraba la mayor amenaza para el mundo. En muchos países se consideró que eran los problemas religiosos y el odio étnico. Pero entre los estadounidenses y los europeos, es decir entre los países más ricos y las democracias más desarrolladas, la desigualdad fue considerada el mayor problema.
Regresando a Baltimore, a la población afroamericana y otras minorías, cada vez es más difícil el ascenso social, la desigualdad se reproduce y las oportunidades son escasas. Hillary Clinton señaló que la prosperidad debiera medirse en torno a cuantos niños pueden salir de la pobreza y mantenerse fuera de prisión. Habría que pensar cuántos pueden escalar por la educación y los méritos propios sin encontrar cerradas las oportunidades. ¿O debe continuar midiéndose sólo por la riqueza acumulada por unos pocos y los grandes negocios, sin importar la falta de oportunidades y la pobreza de muchos?
Este primero de mayo, Día del Trabajo, violentas protestas tuvieron lugar en ciudades de todos los continentes. La desigualdad y sus efectos está en la base del sistema económico. Y la pregunta hoy es: ¿Qué tanta desigualdad puede aguantar una sociedad en términos de democracia, de cohesión social, de mercados y de gobernabilidad?

Por Enriqueta Cabrera
(Periodista y analista internacional)
EL UNIVERSAL

 

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