Cara de piedra: La Feria

Sr. López

La tía Nuria pasó días muy amargos en un sanatorio con tío Nacho su esposo, al borde de la tumba. Por fin los doctores dijeron que no pasaba la noche. Tía Beatriz llevó un cura para que pusiera en orden sus asuntos con el Creador; tía Nuria ya había llevado antes un Notario, digo, tenían siete hijos. Tío Nacho, con el pase al Cielo en la mano, desfalleciendo, lleno de tubos, le dijo a su atribulada esposa que no quería morir sin confesarle que tenía casa chica y otros hijos, que lo perdonara. Y no se murió. Amaneció de buen color y en pocos días ya estaba en cama en su casa, muy repuesto. Tía Beatriz alegó milagro, los médicos callaron y tía Nuria, desde que lo dieron de alta, le advirtió con voz de furia contenida: -Óyeme bien, nunca, nunca en tu vida me vuelves a decir la verdad, ¡no se te ocurra! –y le cumplió, claro.

A ver, lea las siguientes seis frases y diga de quién son. Las ha oído mucho, seguro le atina:

1. “El bienestar de cada familia tendrá que ser la medida de la prosperidad de la Nación (…) los que menos tiene deben beneficiarse más y los que más han alcanzado, menos”.

2. “México tiene una enorme deuda social que pagar con los mexicanos más pobres (…) reducir la pobreza extrema es prioridad de mi Gobierno (…)”.

3. “Proporcionar a nuestros jóvenes más y mejores oportunidades de empleo, de educación, de recreación, para evitar que sean presa de la criminalidad”.

4. “Hoy ratifico que Pemex será transformado en una empresa manejada con criterios de eficiencia y sujeta a criterios de vanguardia a nivel mundial; Pemex será administrada honestamente”.

5. “México ya no quiere ni puede sobrevivir entre islas de riqueza y prosperidad, rodeadas por mares de miseria”.

6. “Creceremos al siete por ciento anual”.

Las respuestas están abajo, no haga trampa. Piénsele. La 1, la del bienestar está fácil… la 2, la de la deuda social con los mexicanos más pobres, también. No se precipite, no son carreras.  La 3 está regalada, apoyar a los jóvenes para que no se metan al narco, ni modo que no sepa; la de Pemex es casi pregunta de regalo y la 6, la del crecimiento, no tiene pierde.

¿Qué?… no… lo siento mucho, se equivocó en todas. Cómo se le ocurre que sean frases del presidente López Obrador. Ya parece. La 1 es de Salinas de Gortari, de su discurso de toma de posesión, el primero de diciembre de 1988. La 2 es de Felipe Calderón, de su discurso al asumir el cargo, el 1 de diciembre de 2006. La 3 también es de Calderón, de su sexto informe de gobierno, 1 de septiembre de 2012. La 4, la del Pemex rescatado, recargado y más eficiente que un panal de abejas, es de Fox, la dijo en su toma de posesión, el uno de diciembre de 2000. La 5 igual, es de don Chente, el mismo día. La 6… la del súper crecimiento anual del PIB también es de Fox. No me crea, busque su discurso de toma de protesta… por algo se ganó la fama que goza.

Pero no se sienta mal, es lógico que haya atribuido a nuestro actual Presidente esas frases, pudieran haber sido dichas por él.

Y se queda uno pensando. ¿Qué será lo que él llama cuarta transformación? ¿Por qué se granjea tantas críticas?, no por sus propósitos ni su discurso que a fin de cuentas, no son tan novedosos. Para la minoría que recordamos el fatigoso sexenio de Luis Echeverría, sí resulta irritante la excesiva palabrería, la verborrea que aqueja al Presidente de ahora. Pero somos pocos los que sufrimos ese farragoso gobierno e identificamos en eso al actual. Y ahí termina el parecido.

Esto no es la apología de Echeverría, pero los hechos son como son y a la realidad no le da gana cambiar. El gobierno de Echeverría (1970-1976), provocó un tropezón económico muy serio y él mismo hartó a todos con su constante declarar sobre todo tema, pero no destruyó ni intentó destruir instituciones, las creó: la Procuraduría del Consumidor; el Fonacot -financiera del gobierno que da crédito al consumo de los trabajadores-; el Instituto Mexicano de Comercio Exterior; la Secretaría de Turismo y el Infonavit, por si le parece poco, todas fueron creadas por el bien odiado Echeverría (que sí, en serio quiso prohibir el rock).

Echeverría con sus innegables defectos, no nos puso en ridículo ante el mundo. Cuando le planteó a la ONU la Carta de los Derechos y Deberes de los Estados, la aprobó el Consejo General del organismo y está vigente. Siguió con pulcritud el reclamo de las 200 millas de mar patrimonial mexicano y se acabaron firmando acuerdos con Cuba, Guatemala, EUA, Honduras y Belice, que agregaron a los 1.9 millones de kilómetros cuadrados de territorio, otros 2.9 millones de zona exclusiva para explotar (detalle pendiente). ¡Ah!, olvidaba que Echeverría inició lo que hoy es Cancún, la perla turística nacional.

La relación de Echeverría con la prensa no fue tersa y sí estuvo detrás del despido de Julio Scherer, director de Excélsior, pero Scherer luego fundó Proceso y nadie se metió con él (ni en Uno más Uno, de Becerra Acosta).

Si el actual Presidente mira con nostalgia rara los modos de Echeverría, propios del pleno priismo imperial, es cosa que este menda ignora, pero sí está claro en su actuar y hablar, que sí creyó que el Presidente de México todavía hoy es omnipotente, como en esos tiempos ya idos para siempre, bendito sea el Dios en que cada uno crea.

Tal vez porque los presidentes de esos ayeres sabían que su palabra era ley, eran menos imprudentes. No declaraban al aventón y mucho se cuidaban de hacer el ridículo.

Pide el Presidente que España se disculpe con México y no se da por enterado de las penosísimas contestadas que llegaron de Madrid. Pide que renuncien todos los magistrados del Tribunal Electoral y exhibe un falso tuitazopara desacreditar al nuevo Magistrado Presidente, sin rubor. El Coneval informa el viernes que la pobreza ha crecido un 7.3% y él alega tener otros datos, tan fresco. Alega en su defensa que es claridoso, que dice lo que piensa y lo que cree porque su pecho no es bodega. Bueno, quedará en la historieta nacional como el cara de piedra.

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