Claves de la Nueva Escuela Mexicana en una comparativa internacional

(Segunda parte)

EDUARDO GRAJALES

Una vez que hemos identificado algunos rasgos distintivos de los sistemas educativos más competitivos en desempeño escolar internacional, resulta interesante conocer las claves del nuevo modelo educativo mexicano, a fin de identificar sus fortalezas y debilidades para contar con mayores elementos que nos permitan dilucidar sus perspectivas a futuro.

Antes de emitir conclusiones de este análisis comparativo entre las dimensiones vistas en el capítulo anterior (financiamiento, autonomía, etc.) con las del modelo educativo de la 4T, es necesario conocer el contexto del que éste emerge, pues de ahí surge su filosofía y valores, a manera de hojas de ruta, que cobran vigencia y funcionalidad en la recién modificada legislación educativa.

Empezaremos por señalar que la Nueva Escuela Mexica (NEM) germina paradójicamente con el de su antecesor, el otrora Nuevo Modelo Educativo de la administración peñanietista, consolidado en las reformas de 2013 a los artículos 3 y 73 constitucional, que versaron básicamente sobre un eje fundamental: la evaluación, tanto a nivel sistema educativo como magisterial.

Con tal planteamiento la derogada reforma produjo dos instituciones relevantes que permitían mayor orden en la carrera magisterial (al determinar un perfil docente y etapas de ingreso, permanencia y desempeño) y contribuían al monitoreo riguroso y científico del sistema educativo: el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) y la Coordinación del  Servicio Profesional Docente (CSPD).

Tanto el INEE como el CSPD que institucionalizaban la idea de que el maestro era el gran responsable de la debacle educativa, causaron furor en ese sector, sobre todo en sus gremios sindicales acostumbrados por décadas a la opacidad y la nula rendición de cuentas. En este escenario de convulsión educativa y social se daría los primeros acercamientos entre el magisterio organizado y el hoy presidente de la República.

Ahora bien, lejos de entrar en detalles de sobra conocidos del conflicto magisterial, traigo esta narración a colación puesto que, derivado de esos acercamientos surge el ideario de la NEM, cuya principal tarea es y será reivindicar la imagen del maestro mexicano.

Con esta visión-misión y la de encontrar una ruta democrática para mejorar las condiciones educativas es como se realizaron los Foros Educativos Ciudadanos en todo el país, previo a la elección presidencial de 2018. Sus resultados, que pueden resumirse en 20 puntos (https://www.reporteindigo.com/reporte/el-nuevo-plan-educativo-de-amlo-en-20-puntos/), sentarían las bases programáticas de la actual reforma educativa, eje vertebral de la NEM.

Como veremos, las acciones que desgranaron de los foros buscaron como eje estratégico fortalecer al maestro mexicano en la hipótesis de que haciéndolo mejorará el sistema educativo mexicano, cuyo posicionamiento en los últimos lugares de las mediciones internacionales son anacrónicas a las expectativas de una economía mexicana inserta entre las 20 más competitivas del mundo.

Así, la Nueva Escuela Mexicana vio la luz como política educativa oficial en mayo de 2019 derivado de las reformas aprobadas por el Congreso de la Unión al Artículo 3 Constitucional, con un elemento clave como el concepto de “excelencia educativa”, entendido éste como una educación integral para las y los mexicanos.

Para lograr lo anterior, se expone en el texto constitucional acciones muy necesarias pero a la vez muy ambiciosas que representan y representarán un reto mayúsculo para el Estado mexicano y particularmente para la autoridad educativa, como son los siguientes:

  1. Obligatoriedad de brindar educación, desde la inicial hasta la superior.
  2. Reconocimiento al derecho de los maestros al “sistema integral de formación, de capacitación y de actualización”
  3. Retroalimentación al magisterio mediante evaluaciones diagnósticas. Y a la rectoría, administración y coordinación de este sistema de medición en todo el país.
  4. Responsabilidad de fortalecer “a las instituciones públicas de formación docente, de manera especial a las escuelas normales”.
  5. Coordinar que los planes y programas de estudios sean inclusivos y con perspectiva de género y brindar “una orientación integral” y “humanística”.
  6. Flexibilización y ajuste del currículo escolar mediante la inclusión y fortalecimiento de materias como matemáticas, lecto-escritura, literacidad, historia, geografía, civismo, filosofía, tecnología, innovación y lenguas indígenas.
  7. Ergo la elaboración y entrega de nuevos libros de texto gratuitos para unos 25 millones de alumnos.
  8. Contrarrestar los altos índices de sedentarismo, “garantizar el derecho a la cultura física y a la práctica del deporte desde la primera infancia, con énfasis en la integración de las comunidades escolares, la inclusión social y la promoción de estilos de vida saludables”.
  9. Sustitución del INEE por un Sistema Nacional de Mejora Continua de la Educación.
  10. Implementación de un ambicioso programa de infraestructura (https://www.youtube.com/watch?v=6OXiUB6Xfr4) con el que se logre “alcanzar el 80% de acceso al agua potable en educación de nivel básico y media superior, y entre un 90% y 95% en suministros de luz”.

Sin duda el plan de acción es por demás robusto si se toma en cuenta los mínimos, quizá nulos avances que se han tenido en la materia en los tres sexenios anteriores. Ahora falta ver si el contexto económico, político y social permite a la actual administración llevar a buen puerto todas y cada una de las metas previstas, pero ese tema lo analizaremos en el siguiente capítulo a manera de conclusiones.

Ahora bien, con base a lo anterior y una vez teniendo las referencias internacionales en materia de desempeño escolar y conocidas las acciones a impulsarse por parte de la administración federal en materia educativa, estamos en condiciones de hacer algunas inferencias que nos permitan conocer también las condiciones reales en las que se encuentra el nuevo modelo educativo, tanto de ser operado como de ser eficiente en el contexto internacional en que nos encontramos como país en desarrollo.

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