Crónicas conejas

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Guadalupanos

 

GMx

Todos somos algo guadalupanos cuando llega el 12 de diciembre. La mayoría porque en los trabajos dan el día libre, lo mismo que en las escuelas. Otros porque el tráfico de las peregrinaciones es inevitable, el ruido, los claxonazos de los que peregrinan en carro o en moto, los cuetes en los alrededores de la Parroquia de Guadalupe.

En Tuxtla Gutiérrez el fervor guadalupano se deja ver y sentir principalmente en la iglesia ubicada en la Avenida Central, entre sexta y séptima poniente, donde se vuelve una fiesta: huele a tacos fritos, a tacos suaves, a sopes, a tlayudas, a papas fritas, a café, a flores, a cuetes.

Una semana antes de la celebración comienzan a llegar los más adelantados, los que prefieren la tranquilidad que la algarabía del 11 y 12 de diciembre cuando arriban las peregrinaciones de Villaflores y Revolución Mexicana, municipio de Villacorzo, las más grandes en Chiapas.

HORAS ANTES

Es 11 de diciembre. Cuatro de la tarde. El padre va de un lado a otro lanzando agua bendita a los que van llegando, en peregrinaciones medianas y pequeñas.

Cuenta, mientras sostiene una lista con una mano y un micrófono en la otra, que han arribado unas 700 y esperan alcanzar la cifra de mil en tan solo 24 horas.

Dice que es el ombligo el que mueve la fe católica hacia la guadalupana cada año, y pese a los momentos de crisis, siempre hay guadalupanos para venerarla.

–¿El ombligo?

–Sí, el ombligo. Todos tenemos una madre y por eso la veneración, dice, mientras entrega el micrófono a un ayudante que recibe a un grupo de peregrinos muy chico.

Mientras el padre de aspecto ladino habla de que la guadalupana tiene un mensaje de fe y paz para los millones de mexicanos sumidos en problemas de violencia e inseguridad, además de carencias económicas, un grupo de transexuales, homosexuales y transgénero arriba a la Iglesia de Guadalupe, en medio del asombro de la gente que no deja de mirarlos aunque sea de reojo.

Van con tacones, con maquillaje, bien perfumados y con lujosos ramos de flores en mano.

Mientras una mujer lagrimea y unos peregrinos que han llegado a su objetivo lanzan vivas a la Guadalupana, el singular grupo coloca sus ofrendas y toma una parte de las bancas de la parroquia que lucen brillosas, como recién barnizadas.

Afuera siguen llegando las peregrinaciones. Arriban tres que parecen de empresas particulares.

Algunos hombres que van en una Suburban ni siquiera se bajan para recibir la bendición. El agua bendita que lanza el padre salpica sus cristales polarizados.

Un señor de avanzada edad muestra su fanatismo con una cartulina en la que invita a buscar la fe en Internet. Dice que la religión católica no es la mejor, sino la única.

Entrega algunos folletos; sin embargo, hasta los mismos peregrinos lo observan con cierto recelo y prefieren no recibirlos.

Niños en hombros van llegando en las peregrinaciones. Hay algunas tienen más dinero y se nota porque van acompañadas de un mariachi que no deja de tocar La Guadalupana.

La campana de la parroquia anuncia las 17 horas y el reloj musical no confirma.

El padre dice que está programada una peregrinación a las 11 de la noche, justo en la víspera de la mayor muestra de fe católica en México: el 12 de diciembre.

En las calles la gente camina despacio, con la comodidad que brindan las calles cerradas en los alrededores.

PRESIÓN ALTA

Un paramédico de Protección Civil de apellido Albores cuenta que han brindado unas 60 atenciones a peregrinos en un turno de 12 horas que está por concluir a las 6 de la tarde.

Las atenciones han sido principalmente para peregrinos que llegan con la presión alta. Casi nadie se deshidrata y casi nadie arriba sangrando de los pies, ni las rodillas.

El padre sigue lanzando agua bendita a los que llegan a la parroquia. La luz del día está por irse, pero la fiesta guadalupana apenas está por comenzar.

Ya casi es 12 de diciembre, fecha en la que sí, de alguna manera todos somos algo guadalupanos.

DÍA GRANDE

Huele a churros, a café, a cera de veladora, a flores, a tacos…

Suenan los cuetes en toda la ciudad. En muchos mercados hay fiesta, en muchas casas también. Si alcanza para grupo, se paga, si no, aunque sea para un tecladista.

A las 8 de la mañana las dos más grandes peregrinaciones de Chiapas van llegando a Tuxtla, como cada año.

Por el ejido Copoya se divisa a la de Villaflores, la más grande de todas. Unas 5 mil gentes vienen cansados, pero dispuestos a cumplir su meta.

Por el Oriente, sobre la Avenida Central de Tuxtla Gutiérrez se desplaza la de Revolución Mexicana, municipio de Villacorzo, que es menos grande, pero igual de imponente.

Van niños, mujeres y hombres lanzando porras a la Guadalupana. En sus rostros se puede ver que hay cansancio, pero también la satisfacción de que han llegado.

En unos minutos más estarán frente a la Morenita que está acompañada de cientos de ofrendas florales. Es un instante frente a ella, suficiente para mantener viva la fe que no morirá hasta el año siguiente…

 

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