Cuarta Tragedia: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Meche (de las de Autlán, lado paterno), era alta, hermosa (ojazos verdes), con cuerpo de acelerar la frecuencia cardiaca al macho de la especie; simpática, alegre… y con confeti en el cerebro (decía la abuela Elena). Y sí, era cierto. Si promete no andarlo contando, lea lo que sigue, rigurosamente verídico (aunque sea de no creerse): la tía en primeras nupcias, se casó con un señor (tío Manuel), grandote y bien plantado, ranchero de casta que con la reata hacía suertes de asombro; muy trabajador y muy “cumplidor”, decía ella, crípticamente. Bueno, pues a los nueve años de feliz matrimonio, se divorciaron porque aparte de sus virtudes públicas y privadas, era macho, ¡macho!, insoportablemente macho y ella se hartó. Su segundo matrimonio, dos años después, fue… con el mismo señor, y la familia jalisquilla reaccionó negando con la cabeza, sonriendo y alzando las cejas; en la segunda vuelta duraron tres años y lo volvió a dejar diciendo que no sabía en qué estaba pensando cuando regresó con él… ¿y qué cree?, antes del año, ya estaban -¡otra vez!- viviendo juntos, así nomás, sin trámites civiles y la tía Meche dijo a sus hijos que igual estaban casados por la iglesia, pero estos, ya bravos, protestaron (tres varones y una doncella de infarto, salió a su mamá). Esa vez duraron juntos un año escaso, nueva separación y juramento formal de jamás volver a “caer”… pero, en unas vacaciones de la abuela Elena a Veracruz, se la encontró… con el tío Manuel, y por cariño y claridosa, le dijo (más o menos), que así, sí, que discretita echara cuantas canas al aire quisiera, pero que ni se le ocurriera un cuarto intento porque los hijos la iban a meter al manicomio. Pues sí.

El pasado miércoles, en 45 lugares del país, hubo protestas campesinas, cerraron carreteras, aeropuertos y vialidades. El despelote alcanzó a los estados de México, Veracruz, Tamaulipas, Coahuila, Sinaloa, Morelos, Jalisco, Nayarit, Chiapas, Oaxaca, Michoacán, San Luis Potosí, Chihuahua y Campeche… 14 entidades.

Los campesinos exigen la liberación de recursos de apoyo al campo que, dicen, no han sido depositados; denuncian la reducción del presupuesto destinado al desarrollo rural; y encima, la lenta entrega de fertilizantes.

Esta movilización nacional campesina se anunció con anterioridad, por eso, el mismo miércoles, en su conferencia de prensa mañanera, nuestro Presidente dijo: “Si hay problemas porque existen bloqueos o inconformidades o protestas, nosotros no vamos a ceder en nada, no es de que ‘a ver, te tomamos una carretera y llegamos a un acuerdo siempre y cuando nos entregues tantas toneladas de fertilizante’. Ahórrense el tiempo (…)”

No van a ceder en nada, que se ahorren el tiempo… don Presidente: esa gente si algo sabe es esperar… y no conviene que desesperen, créalo.

Suponía uno, por ingenuo y cándido que es, que lo de la 4T (la Cuarta Transformación), alcanzaba para todo, campesinos incluidos, pero no… o tal vez sí y lo que sucede es lo que dice nuestro Presidente: que esas protestas son de malvados líderes que quieren recibir ellos los apoyos, para luego entregarlos (o no), a los que sean sus cuates o cómplices políticos y de pasadita, robarse lo que puedan. Puede ser. Lo que no se entiende es que sabiéndolo, no se haya dispuesto la entrega-ráfaga de los apoyos, directito a las manos de cada campesino (como dicen que harán), y dejar en ridículo a esos malvados líderes.

Algo anda mal. Serio.

Dice nuestro Presidente que la 4T será una revolución pacífica, que no vamos ni a reconocer al país cuando nos lo entregue en el año 2024 (aquí nomasito), afinado, lavado, pulido y encerado.

La 4T aspira estar a la altura de la Independencia, la Reforma y la Revolución (las primeras tres “transformaciones”), nomás que sin matazones ni violencia…  bueno.

Hasta el momento, se mantiene el modelo económico de antes, el neoliberal y fuera de algunas decisiones personalísimas de nuestro Presidente, no se puede sostener que haya dado inicio ninguna transformación nacional. Prometer que la corrupción será erradicada (quiero ver dijo el ciego); proponer unos cuantos megaproyectos (tres de dudosa viabilidad: el aeropuerto en Santa Lucía, la refinería en Dos Bocas y el Tren Maya); concentrar las compras de todo el gobierno en la Oficialía Mayor de Hacienda; frenar el ejercicio del gasto (y pretender que eso es “ahorrar”); bajar arbitrariamente los salarios de mandos superiores de todo el gobierno (que suman muy poco frente a la enormidad del presupuesto nacional); entorpecer la compra de medicamentos al sector salud; parir con fórceps la Guardia Nacional; no hospedarse en Los Pinos; mandar un avión a un hangar en los EUA; levantarse al alba del Señor, no apuntan a una “revolución”, como la llama nuestro Presidente, y sí apuntan a algo que ya conocemos de mucho atrás los tenochcas simplex: autoritarismo, Presidencia Imperial (la verdad no peca).

Ayer, otro grupo campesino, del municipio de Ocuilán, Estado de México, tomó el Congreso. El coordinador del grupo parlamentario del PT, Reginaldo Sandoval, los recibió, platicaron, se retiraron. No, no eran unos malvados, perversos, que quieren manipular los apoyos sociales al campo: pedían que les mandaran a la Guardia Nacional, ninguna institución federal había atendido su petición. Les prometieron buscar una cita con el subsecretario de Seguridad Pública, y sanseacabó. Pero… ¿qué necesidad?

El editorial del domingo pasado, de The Wall Street Journal (WSJ), dice que nuestro Presidente está centralizando el poder, burlando el estado de derecho y tratando al país como su feudo (firma Maty Anastasia O’Grady), y afirma que por la renuncia de don Urzúa, “hay aún más razón para sentir pánico”… ¿pánico?… ¿pues qué sabrán?

Nuestro Presidente y su gobierno, están atrapados por el imparable avance del tiempo. Están obligados a dar resultados, reales, pronto, que no requieran explicaderas; que dejen de hablar en futuro y del pasado.

La 4T, no debe transformarse en la Cuarta Tragedia.

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