De sanciones y oposiciones

Un buen sistema normativo no tiene reglas inflexibles que se aplican flexiblemente, sino reglas flexibles que se aplican inflexiblemente.
Es decir, su regulación no es tan rígida y lejana de la realidad que tenga que violarse cotidianamente en aras del realismo, sino que contiene un margen de maniobra razonable para que, sin ser violada, pueda aplicarse sistemáticamente en función de las circunstancias. En México, por desgracia, buena parte de la legislación cae en la rigidez teórica que provoca laxitud práctica, y este vicio incluye a la normatividad interna de los partidos políticos.
Al Estatuto del PRD, por ejemplo, le hace falta una dosis de simplificación y de maniobrabilidad. Lo traigo a colación por la polémica que ha surgido en torno a un nuevo grupo de perredistas, los Galileos, que para Chihuahua prefieren al candidato del PAN, y para quienes otros perredistas exigen sanciones. Yo no tengo duda al respecto, y lo he dicho varias veces: mientras pidan una alianza opositora de facto con quien esté mejor posicionado, no violan nuestras reglas. Eso sí, si el PRD decidiera no aliarse y mantener a su actual abanderado, pedir el voto por otro candidato sería una falta. Si por razones legítimas un afiliado no está de acuerdo con una candidatura, puede hacerse a un lado, pero no debe apoyar a un candidato de otro partido. Ni siquiera cuando se trate de un opositor honesto y cercano a la izquierda como mi amigo, Javier Corral.
Ahora bien, las cosas se tornan difíciles en cuanto se introducen los matices de la realidad. Ayer se realizó un acto de campaña del panista chihuahuense y asistieron varios conspicuos perredistas. Hasta donde sé, mantuvieron su discurso de la alianza anti-PRI y no pidieron votar por Corral, pero ciertamente su presencia manda un mensaje. ¿Qué procede? No faltarán quienes pidan su expulsión, ni sobrarán quienes defiendan su derecho a actuar en consciencia. Y aquí entran las consideraciones políticas: ¿qué es mejor para el partido, una sanción ejemplar para que no cunda su ejemplo o una sanción menor para evitar la pérdida de una expresión cualitativa y cuantitativamente importante? En la etapa crítica que atraviesa el PRD, ¿hay que echar fuera a quienes caen en la indisciplina o, como he señalado, ya entrados en ánimos castigadores conviene empezar por expulsar a los que se han corrompido?
Me atrevo a plantear aquí estos cuestionamientos porque no seré yo el juez. En la estructura perredista hay órganos facultados para esos menesteres; la presidencia nacional, como dije en otro artículo en este espacio, es un pararrayos que atrae los reclamos de todo lo que sale mal o lo que no gusta, tenga o no atribuciones estatutarias para decidir. Así que anticipo mi postura en los debates que tarde o temprano se darán en el CEN: le hacen más daño al perredismo sus dirigentes o gobernantes corruptos que sus militantes indisciplinados, aunque sin duda hay que crear los incentivos para imponer una disciplina que mucha falta nos hace. Que conste, la jerarquización que hago no es fortuita. La indisciplina tiene muchos rostros —el peor de todos, las actitudes irrespetuosas y carentes de institucionalidad, por cierto— y uno de ellos es la rebelión contra decisiones que los rebeldes perciben como instrumentales al régimen priísta. Y yo tengo para mí que este rostro es el menos malo. No me pronuncio sobre la interpretación que los Galileos hacen del caso Chihuahua; hablo en términos generales. Sí, reitero que más allá de sus motivaciones hay límites que ni ellos ni nadie deben rebasar, pero me parece que eso es menos grave que lucrar política o económicamente al amparo de sus cargos o merced de una subordinación al gobierno.
Desde mi toma de protesta como presidente señalé que uno de los tres desafíos del PRD es asumir su identidad como partido de oposición. Mi presidencia, por razones éticas y pragmáticas, ha mantenido una postura de oposición inequívoca frente al PRI-gobierno, y dicho sea de paso, quien diga lo contrario se muerde la lengua. Por eso insisto en que los perredistas debemos priorizar el combate a la corrupción interna por sobre esas muestras de indisciplina. Cierto, se puede sancionar a todos. Sólo que la sensatez política nos aconseja hoy ser muy selectivos si de reducir el tamaño de nuestra militancia se trata.

Por Agustín Basave
Presidente Nacional del PRD
@abasave

EL UNIVERSAL

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