De vida o muerte: La Feria

SR. LÓPEZ

Tío Macro, de los de Autlán a mediados del siglo pasado, era un macho, macho, como de película ranchera en blanco y negro. En su casa nada se hacía sin su permiso. Su esposa, tía Goyita (Gregoria, la pobre), era una santa aunque la abuela Elena le decía de otra manera. Tuvieron siete hijos varones. Por cosas de la vida a tío Macro le fue muy mal en su rancho y a todos los de la familia que le ofrecieron ayuda les contestó que él no sabía deber. Bueno. Como las malas no andan solas, se les enfermaron los siete hijos que fue cuando tía Goyita le dijo que no le importaba si robaba, mataba, vendía las tierras, las hipotecaba o pedía limosna, pero que consiguiera dinero; y contaba la abuela sonriendo, que como él contestó que ni muerto, en todo el pueblo se oyeron los gritos de la dulce tía: -¡Te capo, Macro, te capo! –y de ahí pa’l real, en esa casa mandó tía Tijeras, que ya siempre le dijeron así.

Este 2021 parece que será el año en que se defina el futuro del personalísimo proyecto de país que el Presidente decidió nos conviene.

Olvídese de quiénes ganen los gobiernos de los estados y las alcaldías, si el actual Ejecutivo consigue mantener su mayoría en la Cámara de Diputados federal (y las locales), más nos vale prepararnos a vivir de aquí al 2024 bajo el aguacero de babas oficiales justificando su ineficacia, y a contemplar los estropicios que causará su pertinacia en el ejercicio del cargo.

Ese proyecto diseñado en la intimidad del cerebro presidencial, sin participación de nadie, se presenta ante el respetable con la marca 4T, Cuarta Transformación, que no se sabe qué es porque no se define: ¿es de izquierda?… no lo parece a la vista del entusiasmo con que el Presidente celebró la firma del TMEC, tratado que concreta los mejores sueños húmedos del capitalista más neoliberal; ¿es de derecha?… bueno, no, pero duda uno al repasar el trato obsequioso de nuestro Presidente al tal Trump; ¿es de centro?… no, eso sí que no, de todo se puede tachar a este régimen, menos de centrado. ¿Qué es la 4T?…

Con rudimentaria pedagogía de brocha gorda, el Presidente explica la 4T, repitiendo machaconamente que las primeras tres transformaciones fueron, la Independencia en 1821, la Reforma de 1857 y la Revolución de 1910. Cosa rara, tres hitos de guerra, tres circunstancias definidas por la fuerza de las armas; mala comparación pues la 4T se pretende ‘revolución pacífica’; mala selección habiendo otras transformaciones de gran calado: la conversión completa del sistema político mexicano que fue la Constitución de 1824; la segunda mutación política del país con la Constitución de 1857; y la tercera, la implantada por la Constitución de 1917, aún vigente y que reformó del todo la anterior.

¿Por qué escogió las transformaciones que escogió el Presidente?… porque pretende treparse al podio en que están Hidalgo, Juárez y Madero (incluyendo a Cárdenas al menos en la iconografía de ‘art nacó’ que tanto le gusta al señor de Palacio); por su mal disimulado anhelo de grandeza: él ya se vio, ahí, en el altar patrio, recibiendo la veneración de las generaciones futuras: Hidalgo, Juárez, Madero, López Obrador… bueno, dejando de lado que Hidalgo no nos independizó; que Juárez se reeligió Presidente por sus calzones, partiendo en dos al liberalismo y que aprobó el tratado que nos hacía casi colonia yanqui; y que la necia ingenuidad de Madero nos regaló una guerra civil espantosa. El Presidente escogió a los que tienen estampita en la papelería. Cada quien.

El actual Ejecutivo exhibe sin pudor su aspiración a ejercer el poder al estilo del presidencialismo paternalista implantado por Cárdenas, gracias al cual el Presidente resulta ser el protector de todos nosotros que por buenos y dóciles que somos, debemos aceptar su benévola autoridad suprema y única, personificando el presidencialismo imperial de los tiempos de oro del PRI. Origen es destino.

De esta manera, la Cuarta Transformación es la Primera Involución, el intento de regresar la vida del país a tiempos ya largamente idos. Eso es posible solo puertas adentro del aparato de gobierno, donde su autoridad es absoluta, pero respecto del país no es viable, no porque el tenochca estándar ahora tenga fuertes convicciones políticas, no, sino porque México tiene compromisos internacionales, acuerdos y tratados que tienen fuerza de ley suprema en México; romper con esto sería romper con el mundo y nos condenaría a Estado paria. El Presidente López Obrador es un maestro de la acción político-electoral a nivel tierra, pero un amateur del poder, del poder grandote al que corresponden contrapesos también grandotes. Ya se enterará.

Con su visión de la política como tarea electoral, y nada más para aquilatar las prioridades del Presidente, recapacite en que para este año 2021, asignó 505 mil 262 millones de pesos a sus programas sociales; mientras el sector salud sufrió una reducción efectiva de 28 mil 300 millones de pesos, un 4% menos en servicios directos de salud a la población… sí, en plena pandemia, al tiempo que a sus obras insignia les aumentó el 93.1% (108 mil millones para el tren Maya, refinería de Dos Bocas, aeropuerto en Santa Lucía, Corredor Transístmico  y Tren México-Toluca). Los que reciben dinero en efectivo, votan, los enfermos no y los muertos menos, lógica a marro de la 4T.

No insistamos en cosas como la inseguridad pública o la corrupción que lejos de ceder va reblandeciendo los muros de la 4T. Todo es secundario ante la pandemia y la crisis económica.

Sí reparemos en que en esta situación de real emergencia nacional, el Presidente emite un video practicando béisbol o declara que le preocupa el tal señor Assange al que ofrece asilo político.

El Presidente y su gabinete ya han probado largamente que son refractarios a la realidad y al sufrimiento de la gente.  Las elecciones de junio de este año esta vez son un tema de sobrevivencia, sin dramatismo, para millones es de comer o no comer, para cientos de miles, de vida o muerte.

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