Del vicio, virtud: La Feria

SR. LÓPEZ

A las monjitas que dirigían rumboso colegio de niñas del entonces DF, hoy CdMx, les tomó años decidirse a tener un equipo femenil de futbol; su tradicional formación hacía que vieran con dudas que ‘sus’ niñas practicaran deporte tan viril, pero la realidad se impuso y presentaron un equipo de alumnas de Preparatoria -al que nombraron ‘Inmaculada Concepción’, que la porra volvió ‘las Conchas’, ni modo-, al campeonato de la Ciudad; en el equipo destacaba por su cuerpo de Granadero la defensa central, Aurorita, prima del lado materno-toluqueño de este menda. Para sorpresa de las monjitas, ‘las Conchas’ llegó a la final y sin que nadie supiera cómo, el primo Pepe, ese impresentable gandalla ‘cum laude’, se las ingenió para ser el árbitro y hacerlas ganar, que ganaron, aunque el partido terminó en una bronca parecida a la Toma de la Bastilla, porque Pepe hizo charamuscas con el reglamento, anuló varios legítimos goles a las contrincantes y marcó a favor de ‘las Conchas’ un penalti que hubiera escandalizado a Maradona (el de ‘la mano de Dios’). Visto el suceso las monjitas devolvieron el trofeo, dieron de baja a su equipo y siguieron con su concurso anual de bailables y su coro de canto gregoriano. Santo remedio.

De algunos sexenios acá, en nuestro risueño país, el gobierno federal a querer o no, se ha tenido que comportar con cierta pulcritud en su relación con los gobiernos estatales. Lejos están los años en que los gobernadores eran empleados del Presidente y temblaban si el Secretario de Gobernación los llamaba por ‘la red’.

Con esta administración federal algunos ingenuos y bien intencionados, supusieron que la cosa mejoraría, mucho, dadas sus declaraciones de que ahora sí se respetaría a cabalidad la Constitución, la voluntad del pueblo y las leyes que de ambas cosas salen. Sí cómo no.

Desde el principio de su periodo, el Presidente de la república, enseñó el plumero al nombrar a súper delegados federales que parecían sustitutos de los gobernadores. No le salió porque no pocos ejecutivos estatales se fajaron los pantalones y se pusieron trompudos. Hubo algún súper Delegado que tuvo que defenestrar el Presidente por trapacerías inocultables y otro que fue obsequiado con una denuncia y su respectiva averiguación por andar de travieso electoral, usando para ello los recursos federales que administra.

Aparte de esto, el Presidente se ha llevado varias sorpresas. Su política energética, publicada el 15 de mayo de este año, fue bloqueada desde la Suprema Corte y qué bueno porque esfumaba inversiones por 30 mil millones de dólares, afectando 18 estados. El Presidente lejos de la actitud de dócil obediencia que esperaba de los titulares de los ejecutivos locales, enfrenta una maraña de juicios de amparo, controversias constitucionales y amenazas de implantar ‘impuestos verdes’ estatales, así como la coordinada defensa desde la Asociación de Funcionarios Estatales de Energía (AFEE), a la que pertenecen 30 estados. No, México ya no es el de antes. Bendito sea el Dios en que cada uno crea.

Otra conmoción se llevó el Presidente con el accidentado arranque del Insabi que sustituyó a troche moche al Seguro Popular. Ya se arregló pero a punto estuvo de significar el punto de quiebre de la 4T, que no está concebida para ser implantada respetando los tres niveles de gobierno y presuponía la sumisión de los gobiernos estatales propia de aquellos tiempos del PRI imperial, deseado tal vez inconscientemente por este Presidente modelo 70 (sexenio de Luis Echeverría: 1970-1976)… sí, el echeverriato pareciera ser la aspiración o modelo de conducta del Transformador Patrio. ¡Qué despropósito!

Sin meternos en mayores detalles, es sabida la decisión de once gobernadores de no dejarse mangonear. No se trata de una insurrección ni de descarrilar la 4T, no, de ninguna manera, pero sí es manifiesta su decisión de no actuar de espaldas a la gente de sus entidades ni como peones del ajedrez fatal que desde Palacio Nacional se juega con una soltura impropia de la realidad política nacional.

México no es el de antes, no puede serlo y desde el año 2000 los gobernadores aprendieron a confrontarse con el Ejecutivo Federal sin fisurar el pacto federal. Se trata de hacer realidad la existencia de tres niveles de gobierno, en los hechos, no solo en el discurso; no hay antagonismo posible en hacer respetar la Constitución y leyes; el país no se balcanizará por eso; y por el contrario, la violación del marco legal y sus compromisos firmados a que es tan afecto este gobierno federal, es lo que pone en riesgo la viabilidad  nacional y cuando eso sucede, se abre paso al autoritarismo como única vía para mantener la cohesión nacional. A ver si le explican al Presidente.

Así las cosas, ayer, desde Palacio el Presidente anunció en conferencia de prensa que ha dado instrucciones a la Secretaría de Gobernación para que el gobierno federal intervenga en Chiapas para buscar una solución ante el caso de un médico en arresto domiciliario y sujeto a proceso, acusado de abuso de autoridad. Literalmente, dijo:

“Se tomó el acuerdo de que la secretaria de Gobernación va a establecer comunicación con el gobernador de Chiapas y se va a buscar una solución ante este asunto que ya lleva en efectos en unos días (sic), aunque es de competencia estatal”.

Error sobre error. No debe intervenir el gobierno federal en un asunto estatal. Menos debe intervenir el Ejecutivo en un asunto del Poder Judicial. El caso del médico, inocente o culpable, deriva de una denuncia de una ciudadana, que la Fiscalía de ese estado debía recibir, atender y presentar al Poder Judicial, mismo que otorgó orden de aprehensión y lo está juzgando. No hay ‘solución’ que buscar en el Ejecutivo federal ni el estatal, digo, si de veras hay estado de derecho.

En el pasado personal de quien ahora es nuestro Presidente, cuando menos en una ocasión no se aplicó la ley por intervención presidencial: su propio desafuero. Mal asunto y peor hacer del vicio, virtud.

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