Detallito: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Maruca y tío Néstor, eran un matrimonio estándar, cuatro cilindros, no se crea que de gran potencia; del lado materno-toluqueño, sector en el que un divorcio o separación, era tragedia. Bueno, pues de repente, a los 32 años de casados un día llegó tío Néstor a su casa y encontró varias maletas junto a la puerta. Sin voces ni aspavientos, solo preguntó a la tía: -¿Tuyas o mías? –ella respondió: -Tuyas, claro –el tío llevó las petacas a su coche y se marchó dando las buenas noches. Cuando la abuela Virgen (la de los siete embarazos), preguntó muy escandalizada a su prima Maruca, qué había pasado, ella contestó: -Nada en especial, primero le perdí el amor, luego el respeto y así, de a poquitos hasta que ya no tenía caso seguir juntos –bueno, ni modo.

Sucede tanta cosa en el mundo y el país, que da para un revoltijo con pasas:

Por un lado, sesudos analistas vaticinan que una vez pase la pandemia, ‘el mundo no será igual’ (augurio chafa si los hay: nunca nada ha sido igual y con tropezones largos o breves, nuestra especie avanza y mejora, es cosa de darle un vistazo panorámico a la historia). Otros anuncian el fin de la ‘globalización’ (así, de bulto, sin matices), a la que achacan que este virus se haya regado tanto y tan rápido, sin pensar en que gracias a ella se ha reaccionado mundialmente en contra de esto con una ciencia médica globalizada (que nuestra especie ha sufrido antes pandemias que duraron siglos). También hay de otros, los que sostienen que esto nos debe llevar a dar la importancia que merece la lucha contra el cambio climático, lo que se parece a relacionar las paperas del niño con la temporada de lluvias (el clima cambia con y sin humanos, recuerde usted las glaciaciones, si no le es molesto). Y también hay los que a como dé lugar, concluyen que el ‘neoliberalismo’ (término de brocha gorda), agoniza… bueno, puede ser, pero eso afecta a un sector del planeta en que no están incluidos Rusia, Alemania, el norte de Europa, China, buena parte de África, ni el mundo islámico.

Pero, bueno, está bien: cuando la pandemia pase esto no será igual… ¿serían tan amables de contarnos qué va a ser?, porque esto que llamamos ‘humanos’ tiene reacciones raras: a la caída del imperio romano de Occidente y el establecimiento del catolicismo en Europa, nadie hubiera imaginado el culto a la pobreza que hundió a ese continente, ni que la espantosa y muy prolongada pandemia de la Peste Negra, ayudaría a que apareciera el Renacimiento y el respetillo por el conocimiento científico. En fin: sí, nada será igual, nunca lo es, ya se verá qué resulta, como siempre… pero será algo mejor, más tarde o más pronto, que siete mil de millones de cerebros dan lugar al optimismo (con el 0.001% de sabios que haya entre todos, son 7 millones de lumbreras… con 7 mil bastaría y sobraría).

Lo que sí importa señalar es que México ya no puede seguir tonteando con el gasto público: junto con seguridad, justicia, salud y educación, la cultura, la ciencia y la tecnología tienen que recibir mucho más apoyo, muchísimo más. Sin eso seguiremos siendo colonia intelectual, científica y técnica de otros países.

Dejando tamañas cosas, veamos a volapié cómo va la saga de la cinta ‘Titanic: ‘La 4T’… pues así, hundiéndose, de a poquitos, claro, pero cada vez haciendo más agua.

Por partes: no cuajó en partido lo que no fue ‘movimiento’, Morena. No es partido sino por su registro, en los hechos es un cascarón, sin dirigencia, cuadros, ni liderazgos y con apenas el número de afiliados suficiente para no desaparecer. No fue ‘movimiento’, porque no se instaló en el país como una tendencia (movimiento fue el socialismo que con constates mutaciones, influyó y sigue influyendo en las políticas sociales, económicas y laborales de todos los estilos de gobierno del mundo). Morena sin maquillaje ni escenografía queda en lo que es: una farsa con actores callejeros (que trataron de capitalizar algunos muy preparados y expertos representantes de nostálgicos ideologizados de otros países del todo ajenos a los intereses nacionales).

Luego: el Poder Ejecutivo, unipersonal, encarnado en el Presidente Andrés Manuel López Obrador, es un ejemplo claro de lo que advertía Manuel Gómez Morín: ‘que no nos derrote la victoria’. A nuestro Presidente se le atragantó su arrolladora victoria y creyó posible transformar en un sexenio mocho (5 años y 10 meses), un país tan extenso y dispar, con 130 millones de habitantes con amplísimos sectores sin sentido real de lo que implica ser ciudadano, sin genuina responsabilidad ni sentido del deber para con los demás, con la nación.

Ese empacho provocado por los 30 millones 113 mil 483 votos que se zampó, le impidió reflexionar en otra cifra escalofriante: el casi doble NO votaron por él: 59 millones 218 mil 548 ciudadanos no lo escogieron.

Había que gobernar para todos. No había que distinguir ‘pueblo bueno’ de otro que se infiere ‘malo; no se debía dividir ni restar (fifís, conservadores, empresarios voraces, prensa vendida), sino sumar para multiplicar.

Y ahora, tan temprano como un año y cinco meses después de iniciado su gobierno ya enfrenta un promedio del 52% de desaprobación (ver en El Economista, Consulta Mitofsky, viernes 1 de mayo): reprueban a su gobierno el 65.3% de desempleados; 61.2% de empresarios; 58.4% de estudiantes; 57.7% de profesionistas y 54,5% de  jubilados; carretadas de dinero regalado después, el rechazo. Y lo peor: su gabinete es desaprobado por el 60.6% y a la pregunta de si el mandatario “ha logrado unir al país”, el contundente 72.4% dijo “no”.

No es una encuesta patito de esas al uso, con mil o 2 mil ‘encuestados’ por teléfono, no, es una consulta a 45,605 mayores de 18 años.

La apuesta del Presidente son los 22 millones de beneficiarios de sus programas sociales. Mala apuesta. Si eso asegurara votos, el PRI jamás hubiera caído y además, por cierto, para las elecciones de 2021 y, si la libra en 2022, en 2024 le va a faltar lo más importante: un candidato como él. Detallito.

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