El 3 de mayo y los albañiles

“A los que ponen piedra sobre piedra”
Entre bultos de cemento, arena, varillas, vigas, escombro y materiales de construcción, los albañiles festejan hoy el Día de la Santa Cruz o el Día del albañil, fiesta ancestral de la cual existen diversas versiones de su celebración en México a partir de la época colonial.
Una de ellas relata que un 3 de mayo durante el siglo XVI, el capitán Juan de Grijalva nombró Isla de la Santa Cruz a la actual Isla de Cozumel y que los albañiles tomaron la celebración como propia debido a una leyenda que cuenta que en un poblado cercano realizaban una procesión con una cruz, pero al final la cruz siempre regresaba a su origen. Otras versiones apuntan a que la tradición tiene su origen a partir de la formación de los gremios impulsada por Fray Pedro de Gante y se tomó como símbolo a la cruz cristiana, la cual también representa el triunfo de Jesucristo sobre la muerte a través de su resurrección. Antes de la conquista, los indígenas relacionaban a la cruz con los puntos cardinales de su cosmografía; norte, sur, este , oeste y centro, los cuales gráficamente formaban una cruz, hecho que posibilitó una familiarización con el símbolo impuesto por el catolicismo presentándose así un sincretismo cultural.
Los albañiles acostumbran colocar en lo alto de la fachada de la obra en construcción, una cruz de madera adornada con flores y papel de china, previamente bendecida por un sacerdote, esto se realiza por la mañana, para que a partir de la una de la tarde apadrinados generalmente por el propietario de la edificación se habiliten mesas con tablones y cimbras de madera para dar asiento a platillos de la gastronomía mexicana: barbacoa, carnitas, chicharrón, carnes asadas , frijoles, arroz, tortillas, salsas y desde luego los infaltables cartones de cerveza fría. Sobra decir de sus habilidades culinarias y de platillos ya integrados a nuestra dieta: puntas de filete al albañil, huevos al albañil, entre otras delicias.
El albañil es un personaje que pasa desapercibido para nuestra sociedad, pero su obra está presente por doquier, construyen a partir de la nada y materializan los sueños de individuos y comunidades, es de los trabajos que mayor esfuerzo físico requiere y que con menor reconocimiento y garantías cuenta. La construcción es una industria móvil y sus trabajadores de la cuchara aparecen y desaparecen fugazmente; representan el 4.8% de la población económicamente activa en México, su edad promedio es de 37 años, el 95.2 % tan sólo terminó sus estudios de primaria, trabajan 45 horas a la semana y cobran semanalmente un promedio de tres salarios mínimos.
Hace cincuenta y dos años, Vicente Leñero escribió su novela Los albañiles. La obra es una trama policiaca para describir el entorno social de la ciudad de México, la situación de la clase trabajadora, la descomposición del sistema judicial, así como los valores personales y humanos de algunos de sus protagonistas. A cincuenta y dos años, retomando aquella noción de nuestros antepasados relativa a los ciclos cumplidos y de obligadas renovaciones expresadas con la aparición de un Fuego Nuevo, ese fuego que dé mayor aceptación a dichos trabajadores, no se ha presentado. Lo mejor para celebrar este 3 de mayo es abrir los ojos para que la sociedad revalorice dicho trabajo como uno de los oficios más arduos y dignos, ¡Fuego Nuevo para los albañiles!

Por Felipe Leal
(Arquitecto)
EL UNIVERSAL

 

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