El camino de los Aguayo

La pasión que unió a padre e hijo ahora los separa. La lucha libre, el eterno amor de Pedro “Perro” Aguayo y del “Hijo del Perro Aguayo” ayer asestó uno de los mayores dolores que ha tenido la familia. Curiosamente una lesión similar en las cervicales que propició el retiro del “Can de Nochistlán”, fue la que causó la muerte de su vástago.
El camino de los Aguayo en el pancracio nacional comenzó cuando don Pedro Aguayo —después de que emigró de Zacatecas a Guadalajara y probó suerte como panadero y zapatero— encontrara en la lucha libre su pasión y a la postre la forma de ganarse la vida. El boxeo también formó parte de sus años juveniles en la capital tapatía, pero lo abandonó al sentirse desilusionado, por la petición que le hicieron de dejarse vencer.
Luego de haber entrenado lucha olímpica, su debut en el pancracio profesional ocurrió en 1970; en aquella noche el anunciador se equivocó al pronunciar la palabra perro en lugar de Pedro, algo que al inicio no le gustó al hoy leyenda de la lucha libre mexicana.
Además, lo que un día fue una necesidad, se convirtió en una característica de su personaje. Y es que sin posibilidades económicas para comprar zapatillas de lucha libre, su padre le forró unas viejas botas con piel de vaca, algo que al principio le costó multas, pero que formó parte de su esencia, con su chaleco también de res.
Como gladiador, el “Perro” Aguayo siempre demostró su carácter sanguinario, algo que se puede ver en las ondulaciones de su frente, producto de las constantes cortadas que sufrió.
En el ring logró consolidar grandes rivalidades, como la que tuvo con el Santo, a quien estuvo a punto de quitarle la máscara, además de conseguir más de 100 cabelleras que apostó en los encordados.
Su adiós se produjo en 2001, cuando Universo 2000 le propinó un martinete que le lastimó tres vértebras cervicales que le impidieron concluir su gira de despedida que ya tenía firmada.
Don Pedro Aguayo tuvo la oportunidad de mostrar su talento a nivel internacional con participaciones en Estados Unidos en la empresa WWF y en Japón, donde consolidó un nombre que aún es reconocido entre el público del lejano oriente
Con un padre famoso y un entorno rodeado de luchadores, Pedro Aguayo Ramírez aprendió a amar la lucha libre desde la infancia. Así el 18 de junio de 1995, a la edad de 15 años, el Hijo del Perro Aguayo debutó en el Auditorio Río Nilo de Tonalá, Jalisco enfrentando a Juventud Guerrera, en una cartelera que el propio Hijo del Santo recuerda, pues él formó parte del elenco principal de aquella función de la Triple A.
En 2006, el Hijo del Perro Aguayo fundó los “Perros del Mal”, junto con Héctor Garza (QEPD), Halloween y Damian 666, quienes conquistaron el gusto del público por su sello desenfadado, rudo y espectacular.
En aquel lapso de su carrera conquistó las cabelleras de Negro Casas, Héctor Garza, Cien Caras, Máscara Año 2000 y Universo 2000, además del Campeonato Mundial de Tríos del Consejo Mundial de Lucha Libre.
El Hijo del Perro Aguayo regresó a la Triple A en Triplemanía XVII, conquistando por primera vez la espada de Rey de Reyes en 2012.
El pedigrí de los Aguayo quedará marcado por su estilo rudo y sin miedo, así como por la mítica “Lanza”, con la que “mordían” a sus rivales, al propinarles patadas a la altura de su pecho.

EL PERRO
Nombre: Pedro Aguayo Damián
Fecha de nac.: 18-1-1946
Lugar: Zacatezas, México
Estatura: 1.78 metros
Peso: 98 kilogramos
Logros: Más de 100 cabelleras ganadas, campeón nacional de peso completo, Salón de la Fama de AAA

EL PERRITO
Nombre: Pedro Aguayo Ramírez
Fecha de nac.: 23-07-1979
Lugar: Ciudad de México
Estatura: 1.68 metros
Peso: 75 kilogramos
Logros: Fundó los “Perros del Mal”; Rey de Reyes de 2012, ganador de la Copa riplemanía XXII y campeón nacional de peso crucero.

Vía EL UNIVERSAL

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