“El candidato perpetuo”: La Feria

SR. LÓPEZ

Ya fue Navidad. Se le desea haya usted sobrevivido a la cena de Nochebuena y se encuentre en un estado razonablemente aceptable (sin cruda), y si encima recibió los regalos que pidió: mejor. Felicítese de no ser de los que reciclan los globos, ni celebran la ocasión con un pollo rostizado para los 14 de familia y no se regalan trusas, discos pirata o hartos abrazos, esperando que el nuevo salario mínimo del año que entra, alcance para la lata de sardinas (a falta de bacalao). ¡Felicidades!, y guarde aliento, faltan Año Nuevo y Reyes.

Sin confirmar corre la versión de que en Palacio Nacional, se instaló una representación del Nacimiento, para reforzar nuestras tradiciones y mantener en alto la popularidad del que se ha propuesto eso, la popularidad, como culminación de toda una vida:

Sostienen (los que dicen que es cierto), que se trató de un bonito Nacimiento tamaño natural, con personas de carne y hueso personificando con todo realismo a cada uno de los que hace 2019 años se encontraban arrobados contemplando al bebé Dios.

Por un lado, Porfirio Muñoz Ledo (¡quién mejor para San José!). Frente a él, del otro lado del pesebre, de hinojos, las manitas juntas y mirada de éxtasis, Luisa María Alcalde, con su manto celeste, insuperable como la Virgen María, joven, de aspecto irreprochable, bella (que espera este menda no esté tipificado como delito, ni ofensa de género, decir tal de una doncella, que es muy bella aparte de -seguramente, ya lo sabremos-, muy inteligente).

Atrasito y en actitud pía, los tres Reyes Magos; Marcelo Ebrard, como Gaspar, por güerito y por ser el que lleva el incienso; Melchor, Arturo Herrera, el de Hacienda, nervioso, pero es el que lleva el oro; y Baltasar, René Bejarano, por ser el de color más serio (dicho sea con cariño, no vayan a empezar con que de ‘color’ o ‘afroamericano’, prieto, como siempre les hemos dicho en México y no es insulto).

El burrito, personificado por Durazo (por méritos propios y porque nadie quiso ese papel); el buey, Jiménez Espriú (por aclamación); la vaquita, simpática y echada junto al pesebre y calentando con su vaho al santo Niño, Olguita Sánchez Cordero; un camello distraído, con cara de no muy listo y que no acaba de entender qué hace ahí, Miguel Torruco Marqués, el que está en Turismo deshaciendo el sector y defendiendo a capa y espada la construcción del Tren Maya, fracaso anticipado y que ya celebraran los malquerientes de la 4T (que llevan nota precisa de cada ocurrencia del sexenio). Borreguitos, esos, muchos, ni siquiera necesitaron disfraz: diputados y senadores, todos de Morena, con un par de excepciones, uno de Zacatecas y otro de Chiapas, que no se adocenan, se respetan y hace su tarea (se entiende, ¿verdad?). Hubo colados, siempre hay colados.

La Estrella que guió a los Santos Reyes, iluminando al Jesús bebito, la personifica Alfonso Romo; solo se le ve la cara y no está muy a gusto porque a pesar de estar tan alto y precisamente por eso, está muy lejos.

Los pastorcitos, personajes secundarios pero que deben estar, son muchos, algunos del gabinete que nadie se acuerda en qué trabajan, otros, los más lejanos, del gabinete legal, dando codazos, tratando de acercarse al pesebre… bueno, cada quien. Hay hasta uno que está necio en regalarle al Niño Dios un trenecito, ya le explicaron que todavía no se inventaba… pero, hay gente así.

Ni modo, este Nacimiento, ángeles no tiene. Un güerito chiapaneco llegó vestido y con alitas, insistió y hasta berrinche hizo, pero huele tan mal, que tampoco lo aceptaron (además quería hacer de San Gabriel, el Arcángel que anunció  a la Virgen que iba a tener al Niñito de parte del Espíritu Santo; pero se le notan mucho los cuernos, el rabo y las pezuñas de diablo: descalificado).  Así que, ángeles en este Nacimiento, no hubo. Los coros los pusieron de un disco de los Niños Cantores de Viena, salió bien.

Se olvidaba este menda del personaje principal: ¡el Niño Dios!: Andrés Manuel López Obrador, ¿quién más? Nació para redimirnos, salvarnos, llevarnos a la gloria de la 4T. Indiscutiblemente él es, aunque haya habido de construirse un pesebre un poquito más grande.

Afuera de Palacio la cola era enorme para pasar a ver el Nacimiento, pero (¡la gente!), casi no hubo uno que no dejara junto al pesebre su cartita pidiendo un regalo, casi tapan al pesebre con todo y Niño. César Yáñez, un poco de malas, tuvo que recogerlas y el Niño le dijo que las fuera abriendo porque iba a contestar a cada una y en los casos en que fuera posible, iba a conceder lo pedido.

Otra cosa que resultó muy fuera del realismo de la escena fue la presencia de la prensa. Casi dejaron ciegos a los personajes a golpes de flash. Varios reporteros tuvieron que ser amablemente invitados a separarse del pesebre y dejar de pedir declaraciones al Niñito. Hubo uno al que sacaron casi a empujones por intentar desplegar un cartel de famosa cervecera tras el pesebre, de veras.

Ahora se entiende por qué Dios escogió aquellos tiempos para venir a redimirnos: si hubiera llegado en esta época, la Anunciación del Ángel a María hubiera tenido cortes comerciales de la Boston Medical Group; el Nacimiento hubiera sido un circo patrocinado por la Gerber, la Nestlé y pañales desechables Kleen Bebé; para ni pensar en la caravana de periodistas y televisoras, siguiendo a Jesús en sus años de prédica, necios en obtener declaraciones en exclusiva; para ni pensar en bloqueos de peticionarios en las sendas del Señor.

Sí, Dios sabe lo que hace, nomás imagine la Crucifixión con anuncios de martillos neumáticos Bosch, escaleras de aluminio y visitadores de Derechos Humanos; o la Resurrección con comerciales de ascensores Otis y la El Al Israel Airlines.

También por eso es que nuestro Presidente llegó hasta ahora: en otros tiempos hubiera sido como aquél personaje casi cómico, Nicolás Zúñiga y Miranda quien decía que era el verdadero presidente en lugar de Porfirio Díaz y quedó para la historia como “el candidato perpetuo”.

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