“El Cepillo”: ¿guerra sucia?

 Jorge Camil
(Analista político)

Tras meses de indagatorias y especulaciones apareció “El Cepillo”, un sicario de alto nivel en el cártel de “Guerreros Unidos”, para asumir la responsabilidad de los normalistas desaparecidos. Con frialdad escalofriante reconoce haber matado “solamente a 15”, porque los demás ya se habían muerto por asfixia. El sicario había estado aquí todo el tiempo, desde la matanza de los normalistas. No hubo necesidad de ir por él fuera de México.
Y cuando finalmente aparece en foto o en pantalla resulta un chaparro endurecido, de corte militar, con una playera arrugada en la que seguramente durmió durante los interrogatorios. Surge la pregunta inevitable: ¿Este es el monstruo de maldad que asesinó a sangre fría a 43 estudiantes inocentes? ¿El hombre que puso en peligro las relaciones entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y el general Cienfuegos? Porque es un hecho que el general y el Presidente han dado muestras de mirar este problema con óptica un tanto diferente.
Por el lado que se le vea, el “arresto” de “El Cepillo” parece una entrega “negociada”. Era urgente acabar con el clamor de los padres y la indignación de una sociedad civil que ya había rebasado su límite de tolerancia.
Aunque no ha quedado totalmente claro el motivo del ataque a los normalistas, flotan en el ambiente recuerdos de la guerra sucia de los 70. ¿Por qué estos muchachos? ¿Estaban involucrados con el cártel de “Guerreros Unidos”? ¿Eran jóvenes “politizados”?
El problema es que los padres de los normalistas desaparecidos no creen la historia del supuesto homicida. Están convencidos que se trata de declaraciones amañadas; “montadas” fue la frase que utilizó el vocero de los normalistas desaparecidos.
Este lunes se publicó en EL UNIVERSAL una nota que reproduce un telegrama del general Hermenegildo Cuenca Díaz en 1971 en el que se ordena a todos los mandos castrenses el exterminio de la guerrilla. El militar, con marcadas aspiraciones políticas, les ordena en tiempos de Luis Echeverría “localizar, hostigar, capturar o exterminar” estudiantes, profesores, activistas, campesinos, indígenas, mujeres, infantes y ancianos considerados “enemigos” y que se ubiquen en la región “Centro, Costa Grande y Costa Chica”… ¡Guerra sin cuartel! ¿Podemos decir que con el general Cienfuegos hemos regresado al patrón de la guerra sucia?
Esta semana, en conferencia de prensa el procurador Murillo Karam declaró en forma contundente, como queriendo cerrar el tema, que los normalistas fueron ejecutados e incinerados. “Esa es la verdad histórica”, concluyó… Y el móvil, así de simple, fue la confusión con un grupo antagónico al de “El Cepillo”. Eso cumple con la orden presidencial de “no quedar atrapados en el caso de Ayotzinapa…”.

http://jorgecamil.com

vía EL UNIVERSAL

 

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