El mercado de drogas y la violencia

Los cambios en los patrones y la geografía de la violencia en México se explican en gran parte por las estrategias de los líderes de los cárteles y las respuestas del gobierno, pero también se deben a cambios y tendencias en el mercado de drogas y los patrones de consumo al norte de la frontera. Y en el caso de Jalisco, donde de pronto ha surgido un patrón nuevo de conflictividad distinta a lo que se veía antes, ajustes en el mercado quizá explican una parte de este nuevo fenómeno.
El crimen organizado en México se explica, en sus términos más sencillos, por la combinación del hambre por narcóticos en EU, el mayor consumidor de estupefacientes en el mundo, y con las debilidades del Estado de derecho en México. Un factor genera la causa y el otro pone el contexto para el florecimiento de grupos de crimen de gran escala en las últimas tres décadas. Sabemos mucho de la precaria situación del Estado de derecho en México y de los intentos para fortalecer las instituciones policiacas y judiciales en el país. Sin embargo, tenemos mucha menos información sobre el mercado de drogas en EU, que está en la raíz del problema.
El mejor estudio que se ha hecho de la demanda de drogas en EU y su impacto en México lo hicieron los expertos Jonathan Caulkins, Peter Reuters, Beau Kilmer y Brittany Bond con el apoyo de la institución Rand en 2010. En su estudio determinaron que había, en ese periodo, de seis a nueve mil millones de dólares en compras de narcóticos ilícitos en EU que se regresan a México cada año para alimentar a los grupos de crimen organizado. (Hay de cinco a diez veces esa cantidad de ganancias que se quedan en EU, pero en un escenario de grupos mucho más descentralizados y fragmentados).
Según el estudio de Rand, la mitad o más de las ganancias que obtienen los grupos de crimen organizado mexicano de la venta de drogas en EU (que excluye sus ingresos nacionales en otras actividades criminales) provienen de la cocaína, una cuarta parte o menos de la mariguana y otra cuarta parte (más o menos) en partes iguales de la heroína y las metanfetaminas. Es decir, tradicionalmente, los grupos dependían primero de la cocaína y en segundo lugar de la mariguana. La explosión del uso de la cocaína a finales de los años 80 y toda la década de los noventa explica en gran parte el auge de los grandes cárteles en México.
Pero, desde hace más de una década, el uso de la cocaína en Estados Unidos empezó a disminuir notablemente, una tendencia que quizá es posible, fuera uno de los detonadores de los conflictos entre organizaciones criminales a partir de 2003. Al final de cuentas, es más fácil compartir una plaza —sea cruce fronterizo, puerto o carretera— cuando hay abundancia en la demanda, y es mucho más difícil de compartir cuando los márgenes de ganancia se reducen, aunque sea sólo gradualmente. En los últimos tres o cuatro años el mercado de la mariguana también ha sufrido cambios, debido a la legalización en dos estados de EU y la aprobación de medidas para el uso médico en muchos otros. La demanda de mariguana ha incrementado en los EU, pero, también la oferta, con la consecuencia de que parece haber menos tráfico de este producto desde México.
En cambio, la heroína, que una vez fuera una droga de uso limitado entre unos cuantos adictos de bajos recursos, ha cobrado una nueva vida como la nueva droga de moda en la clase media estadounidense, todavía mucho menos común que la cocaína, pero con un uso mucho más generalizado que antes. El uso y consumo de las metanfetaminas también va en aumento.
Los grupos del crimen organizado más grandes de México —los cárteles de Tijuana, Juárez, del Golfo y, en menor grado, de Sinaloa, además de Los Zetas— han sido parcialmente desarticulados y atomizados, generando muchos grupos chicos en pugna. Esto se debe en gran parte a la acción gubernamental para enfrentarlos, pero quizás es importante revisar también la disminución de sus mercados tradicionales de cocaína y mariguana que los alimentaban. Los grupos nuevos que han brotado con fuerza en los últimos tres años —Los Caballeros Templarios en Michoacán (ahora bastante fragmentados) y el Cártel Jalisco Nueva Generación (en su auge actualmente)— trafican sobre todo metanfetaminas (Templarios) y heroína (Nueva Generación). No es que desplazarán a los grupos tradicionales —siguen siendo más chicos y especializados— pero sí representan una adaptación a los nuevos nichos en el mercado al norte de la frontera. Desafortunadamente, esto es una muestra de las reglas del mercado, la demanda determina la oferta y esa oferta se refleja en la violencia en México.

Por Andrew Selee
(Vicepresidente ejecutivo del Centro Woodrow Wilson)
EL UNIVERSAL

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