El padrote de la patria: La Feria

Sr. López

En México hablamos español (antes castellano), pero hablamos nuestro español, retacado de mexicanismos, modismos, localismos y barbarismos, que dificultan nos entienda el hispanohablante de otro país, cosa que este menda descubrió de jovencillo, la vez que vio a un gallego recién llegado, quedarse en Babia al oír decir: -¡Escuincle!, vuélele a la banqueta por las petacas, que se las van a volar -y aquél hijo de la madre patria no entendió nada: lo de escuincle por no haberlo oído jamás y de lo demás porque para él, banqueta era un asiento; petaca, una bolsa para tabaco; y lo de vuélele y volar requería más explicaciones porque igual iban a volar el escuincle y las petacas.
Por su lado, gran problema tienen los extranjeros que aprenden nuestro idioma en México y luego van a otro país en que se habla español, seguros de que serán entendidos cuando digan “babosear” por distraerse; “pegue” cuando alguien es atractivo; “pelar” por poner atención, pero “pelarse” por huir; “de hoy en ocho”, cuando es en siete; “vaciado” por simpático; “cruda” por resaca; “apachurrar” por aplastar… y así, entre miles: chaparro, popote, moronga y pantaletas, algunos ya incorporados al diccionario nomás por la bola que somos (usando “bola” en mexicano, o sea, que somos muchos).
También es cierto que entre nosotros, entenderse a veces tiene sus dificultades, que en el norte se dice troca por camión, mueble por coche y soda por refresco; mientras que en el estado más hermoso del país (Chiapas, por si lee esto un noruego), es divertido ver a los recién llegados rompiéndose la cabeza para entender que “prestar” sea lo mismo que pedir y el que vino a “prestar” vino a pedir; y “traer” lo mismo que llevar, y el que fue a “traer”, fue a llevar; para no mencionar a los de Yucatán a quienes les es lo mismo buscar que encontrar (“lo busco y no lo busco”).
Ahora bien: debe decirse, por justicia, que los mexicanos también aportamos al idioma español términos precisos de los que originalmente carecía siendo necesarios y hasta indispensables. Pongo a usted solamente un ejemplo de un vocablo que usamos con escrupuloso rigor, sin margen de error en su interpretación: el verbo padrotear.
Sin meternos en honduras semánticas, porque la verdad, ningún auténtico tenochca necesita explicación ni aviso sobre el origen y correcto uso e interpretación de esa expresión, asentemos que en el diccionario de la Real Academia, se afirma su origen sin regateos como mexicanismo (acepciones 3 y 4): “padrotear 3. intr. Méx. Dicho de un hombre: Beneficiarse abusivamente del trabajo de una prostituta; padrotear 4. intr. Méx. Dicho de un hombre: Concertar una relación amorosa, generalmente ilícita”.
Lo anterior se transcribe para dejar muy claro que por sabios que sean en cuestiones de lengua los académicos, no es raro que yerren cuando se enfrentan a palabras forjadas en otras tierras; en este caso, en primer lugar, al reducir el padroteo exclusivamente a asuntos de lascivia con ventaja; y en segundo, al sostener que es verbo intransitivo (“intr.”), siendo claro que “padrotear” sí acepta complemento directo, por ejemplo: padrotear a algún familiar o a quien sea; y porque intransitivo en español mexicano es lo opuesto a transa y pero-por-supuesto que sí, padrotear es básicamente transar.
Ya que los académicos fallaron, definamos “padrotear” como la ‘acción de imponerse a los demás mediante la fuerza o el engaño, obteniendo un provecho indebido o ilícito’. Esto, le ruego tome nota, es una clara aportación a la gramática nacó de parte de este tecleador, sin falsa modestia. Se aceptan reconocimientos.
Vea si no es exacta la definición, al repasar como padrotea el gobierno a la población en general, con las contadas excepciones de la diminuta minoría integrada por sus familiares, socios y cómplices.
Nos padrotean cuando nos cobran impuestos por lo que se gana de intereses en el banco, siendo que esos intereses son menores que el incremento del costo de la vida (la inflación, pues), de modo que nos cobran por perder dinero: padroteo.
Nos padrotea el gobierno cuando asigna dinero a obras tontas o prestaciones delirantes a sindicatos del propio gobierno (caso de estudio: Pemex, CFE y la CNTE), porque el dinero que gastan en eso no es del gobierno, es de nosotros, los que pagamos impuestos o sea, todos, pues hasta el evasor más avezado le entra al pagar IVA o al comprar gasolina: nadie se escapa; y los créditos que consigue el gobierno, los garantiza con el dinero de todos nosotros que somos los que los pagamos, siempre y sin saber: padroteo de alta escuela.
Nos padrotea el gobierno cuando cancela una obra como el aeropuerto de Texcoco, que no nos iba a costar un peso a nadie porque se pagaba completito con lo que pagaran los que lo usaran, y por suspenderla ahora nos explican como un gran logro que “nada más” nos costó (ahora sí a nosotros), cien mil millones de pesos aunque la verdad el caprichito salió en 300 mil millones de nuestros pesos, que el gobierno no produce dinero, lo toma de nuestras carteras. Padroteo aeronáutico.
Nos padrotea el gobierno cuando nos dice que su proyecto es dejar de exportar petróleo crudo y solo van a extraer y refinar para el consumo nacional; nos padrotea porque abre un boquete financiero cercano a 400 mil millones de pesos anuales que hoy recibe de exportar y mañana conseguirá de nuestros bolsillos. Y aparte está el problema de que la deuda de Pemex nos va a reventar en la cara pues casi toda está en dólares que ya no recibiremos de exportar.
Nos padrotea también cuando propone cancelar contratos a los que generan electricidad limpia y más barata que la de CFE, porque la vamos a pagar a como salga para que ellos se den el gusto de sentirse machos alfa, que el cuento de la soberanía ni ellos se lo tragan.
El Presidente, este, el que manda iniciativas al Congreso con recado de que no les muevan ni una coma, es el responsable de semejantes acciones, por lo que resulta ser el padrote de la patria.

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