El rey de todo el mundo: La Feria

SR. LÓPEZ

A tío Danielito no hubo quien no lo quisiera, era gordito, amable, simpático y muy destacadamente, para las señoras de la familia, un estupendo bailarín. Por todo eso, nadie paraba mientes en su cociente de inteligencia, cercano al del ‘helix aspera’ (caracol de jardín). En cierta ocasión el tío anunció que iba a tomar clases de tiro, sin saber nadie por qué. El genitor de este menda, López papá, comentó ya en la casa, que eso anunciaba tragedia; la subcomandante Yolanda, jefa de Administración y Disciplina, le echó una de esas sus temibles miradas reprobatorias. Silencio en la plaza. Bueno, antes del mes, el tío fue hospitalizado con un pie balaceado y don Víctor dijo lacónico, para que lo oyera su prusiana cónyuge: -A los tontos ni poder ni armas –silencio en la plaza.

El Presidente declaró el viernes pasado, respecto de los ya más de cien mil muertos por la pandemia de Covid-19, que estamos en “temporada de zopilotes”, pues a “sus adversarios”, se les olvida “ver hacia otros países y comparar cifras de fallecimientos”.

¡Tiene razón nuestro Presidente!, hay que comparar cifras de fallecimientos, eso que se llama ‘tasa de mortalidad’: al día 18 de este mes, según la Universidad John Hopkins, México es el país del mundo con el más alto número de fallecimientos respecto del número de contagiados.

Este su texto servidor duda que sea del todo cierto ese espantoso primer lugar, pues cuando menos Yemen y el Sahara Occidental, tienen cifras de horror, pero igual, México tiene el 376.92% arriba del promedio mundial de decesos respecto del número de enfermos de Covid-19 (México: 9.8%; mundo: 2.6%).

Que alguien libre de sospecha de ser zopilote, le explique al Presidente que no es válido comparar sin matices el número de enfermos ni el de fiambres, la comparación que importa es cuántos de cada cien enfermos se mueren. Y en eso estamos peor que reprobados.

La cotidiana conferencia de prensa del doctor Muerte y colaboradores, cumple la función de hacernos sentir informados y adormecer la capacidad de indignación del respetable:

Muy serenos nos ‘informaron’ este domingo que hemos llegado a 1’041,875 contagios; agregando con voz como de ‘capitán’ de avión al entrar a una turbulencia (no hay voz más serena), que aparte, hay 58,903 casos con ‘posibilidad de resultado de una prueba’; 191,893 personas que no tienen prueba de laboratorio y 141,101 casos sospechosos ‘sin posibilidad de resultado’. Dicho de otro modo: como no se hacen suficientes pruebas nos pueden mentir diciendo la verdad en abonos. No hay 1’041,875 de contagios, sino tal vez un millón 433 mil 772 enfermos, aunque el gobierno ‘estima’ un millón 208 mil 237 contagios.

Y también informaron que hay 101,676 muertos por el Covid 19, pero agregan tan frescos que hay otras 461 muertes sospechosas ‘con posibilidad de resultado’; más otros 10,641 decesos ‘sospechosos sin muestra’; y 4,432 defunciones ‘sospechosas sin posibilidad de resultado’ Otra vez: como no se hace el suficiente número de pruebas, no se cuentan al menos otras 15,073 muertes, que elevarían el total.

Ignora el del teclado cuánto tiempo dedica al asunto el Presidente, si le prestan calculadora para que revise cifras, si le sueltan la sopa, porque algo debe explicar su seguridad de que estamos mejor que el resto del mundo. Bueno, tanto, que en su participación el sábado y domingo pasados, en la conferencia a distancia del Grupo de los 20 (los países más ricos), se puso a dar consejitos, recordando al tenochca simplex, cierto personaje de la televisión que cantaba aquello de “Yo digo versitos y canto canciones y doy consejitos. Jugaré, reiré, y quizá hasta lloraré, pero siempre contento en este programa de tú, no, de me, bueno, ya me se olvidó…”; y sin proponer ‘catafixia’, espetó a los líderes de las potencias mundiales cómo atender la pandemia:

“Hay que garantizar, ante toda circunstancia, la libertad y abandonar la tentación de imponer medidas autoritarias (…) Es mejor prevenir que curar (…) Considerar a la familia como la principal institución de seguridad social (…) no centrar las acciones solo en destinar fondos públicos a empresas o a instituciones financieras en quiebra (…)”.

Ya con todos los líderes emocionados por tan humanas y compasivas arengas, lo escucharon decir: “La salud es un derecho humano fundamental (…)”. Y se soltó el lloradero, la señora Merkel sacó su pañuelo, para enjugarse los ojos; el Xi Jinping, se talló las narices con la manga del saco; Putin, impertérrito, dejó rodar sus lágrimas; los de los países árabes, no tuvieron problema, son amplios sus faldones y con ellos se sonaron: ¡derecho humano fundamental!

Otra vez: tiene razón el Presidente, así lo dice la Constitución en el párrafo cuarto del artículo 4º: “Toda Persona tiene derecho a la protección de la salud”; y en su artículo 73, fracción XVI, párrafo segundo: “En caso de epidemias de carácter grave o peligro de invasión de enfermedades exóticas en el país, la Secretaría de Salud tendrá obligación de dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables, a reserva de ser después sancionadas por el Presidente de la República”.

Ni para dónde hacerse, es responsabilidad del gobierno federal, del Presidente.

En buen plan, que vayan preparando su defensa, el Senado de la República aclaró el 16 de febrero de 2019 (revíselo por su cuenta en http://bibliodigitalibd.senado.gob.mx/handle/123456789/4347): “En el problema de las violaciones a los derechos humanos (…) las instituciones más señaladas por violar derechos son también las que tienen a su cargo la satisfacción de necesidades esenciales, entre ellas la salud (…)”.

Sume a eso que la violación a los derechos humanos es imprescriptible. Ante esto y cuando ya se sepa el verdadero número de difuntos, ya sin tribuna mañanera ni poder ninguno, aquí y en los países con que México tiene tratados firmados, va a ser la corretiza perpetua. Y desde el cielo se oye a don Cuco cantar: “Y tú que te creías el rey de todo el mundo”.

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