El ridículo mata: La Feria

SR. LÓPEZ

Confirmo a usted su sospecha sobre la sección femenina de la familia paterno-autleca de este menda: eran guapas y para el pantalón, bravas. Caso especial fue tía Catalina quien desde muy jovencilla y hasta que se casó por primera vez, honró cumplidamente la memoria de aquella Catalina, zarina de Rusia, de grato recuerdo para los no pocos caballeros que disfrutaron de sus favores (los mayores de edad, entienden: ancas). La tía Catalina (mujerón todo terreno), se casó y divorció dos veces; incurrió en nueva boda y tercer divorcio y aceptó que la pretendiera (usted entiende), el peor enemigo de su más reciente exesposo (entre ellos había habido pleitos a mano libre que espantaron hasta a los más barbajanes del pueblo). Tanto va el cántaro al pozo (los mayores entienden), que en cuartas nupcias se casó la tía con el hostil rival de su anterior marido, para antes de dos años dejarlo y regresar con el tercero, celebrando en discreta ceremonia, su quinta boda (la sexta y última fue ya viuda, esa no cuenta). Ya muy mayor tía Catalina (en su segunda viudez… encima, suertuda), este imprudente López le preguntó la razón para haber realizado ese enroque de maridos, comidilla de Autlán entero, y explicó, pícara: -Fue su culpa, hijito -o sea, del cuarto marido-, pues odiaba tanto al otro -al tercero, no se haga bolas-, que todo el tiempo echaba pestes contra él, insistía en sus defectos, repetía y repetía las ofensas que le había hecho… y pues, por eso, lo tenía yo diario muy presente y pensando, pensando, empecé a comparar y pues… el otro ‘era más marido’ -usted entiende-, y una tiene sus sentimientos, hijito -bueno, ella dijo así, pero usted entiende.

En este planeta, en el rudo deporte de la política a nadie extrañan traiciones, golpes bajos, delaciones y venganzas. Es tanto lo que hay en juego que las pasiones se desatan; son tantas las infamias, angustias y tragos amargos que apechugan los políticos de cierta importancia, que no sorprende a historiadores (ni lectores de prensa), que haya ajustes de cuentas. Y, por último, también hay asuntos de estado muy graves que obligan a alianzas impensables (el pacto Stalin-Hitler, como caso de estudio), o el estallido de conflictos y guerras en apariencia sin justificación.

Aquí en lo doméstico,  confundiendo chabacanería con sencillez, jugando siempre para la galería, ofreciendo imposibles y particularmente, abandonando las buenas maneras en la política (al menos durante la presente temporada… las temporadas mexicanas son de seis años), el actual gobierno federal casi diario se refiere a los gobernantes anteriores (sus payasos de las cachetadas favoritos son Calderón, Fox, Peña Nieto y llama la atención que Salinas ya no, casi nunca), no solo para denostarlos sino para justificar humanos patinazos, comprensibles ineficacias de inicio de un gobierno, y también metidas de pata de Primaria, de la exclusiva responsabilidad de quienes tienen en sus manos todas las riendas del gobierno, las legales y las ‘metaconstitucionales’, como llamó López Portillo al avasallamiento de los otros poderes de parte del Ejecutivo federal (casos de estudio: el Insabi que no cobra por los servicios de salud, pero sí cobra; la trompicada implementación de la Guardia Nacional… y varias cosas más, para ni mencionar por caridad cristiana, el cerro que no vieron a la hora de hacer los dibujitos y maqueta de la ampliación del aeropuerto de Santa Lucía).

Mala estrategia ya a trece meses y pico de tener el poder. La gente acaba por aburrirse de oír excusas. La gente piensa en elefantes…

¿Sí se acuerda de esa vieja gracejada, verdad?: alguien dice en una reunión que tiene poder para manejar la mente de los demás y acto seguido, para probarlo a los presentes, ordena: -Nadie piense en elefantes –para rematar triunfal: -Todos están pensando en elefantes, ya ven que sí controlo la mente de quien yo quiera –qué simpatía, ¡cuánto ingenio!

Aparte de consideraciones de orden jurídico sobre presunción de inocencia y debido proceso que aburren a un hipopótamo, matar muertos es desperdiciar balas… y en esa rara arte de la política, los puede resucitar.

En política el silencio aniquila; no tener micrófono, reflector ni ser nota de prensa para bien ni mal, fulmina a los políticos. La estrategia de este gobierno mantiene en el escenario a quienes deberían ser sombras tras bambalinas, nada. Y… otra cosa: en política los golpes son secos, las puñaladas, traperas y las venganzas, fulminantes (caso de estudio: el ‘quinazo’ de Salinas de Gortari). Anunciar los golpes acorta muchísimo la vida útil de un boxeador.

La apuesta no baja, sube. La pertinacia, el perseverar en el error es la esencia de la extraña doctrina que sigue este gobierno:

:Lo de don Nieto el Lord UIF, apuntado con su dedito flamígero a Los Legionarios (matar muertos), y a la señora Martita (otra vez: matar muertos), es una torpeza inútil ¿de veras quieren desprestigiar a Los Legionarios y a doña Fox?… ¡újule!, se les está acabando el parque.

Y mucho más serio: lo de Genaro García Luna como vía directa para desfondar políticamente a un expresidente (Calderón), un exgabinete (de quiénes ni quien se acuerde), y su esposa, es de risa loca porque (ojalá alguien les avise), don García está preso en otro país, con otras leyes y muy de resaltar: con prácticas penales que acá ni imaginamos (buenas o malas, muy su modo allá en su país).

Antier apuntó Carlos Puig en su columna de Milenio (‘Duda razonable’), que 9 de cada 10 casos penales en los EUA se negocian y no siempre ni muy frecuentemente, sacándole la sopa al inculpado.

Es cierto y peor: allá no es raro (nada les da asco), hacer el trato de imponer una pena ridícula a un acusado a cambio de que informe en secreto… en secreto. Este menda conoce el caso de un gran defraudador que pasó siete meses en una casita muy mona dentro de un campo militar, a cambio de dar mucha información que crucificó a otros.

Mejor dejen en paz eso, señores, en política también el ridículo mata.

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