El Salvador tuitero: Galimatías

ERNESTO GÓMEZ PANANÁ

Hoy domingo se celebran elecciones intermedias en El Salvador, un pequeño país centroamericano, vecino nuestro, conocido básicamente por sus migrantes que atraviesan el Suchiate caminando hacia el sueño americano, o por la histórica rivalidad futbolística en la que un día sí y otro también nos han hecho pasar malos momentos.

El Galimatías de hoy no hablará ni de caravanas ni tampoco de futbol, pero sí del fenómeno político que gobierna aquel país, el joven Nayib Bukele.

A lo largo de dos décadas, El Salvador vivió los gobiernos de la derecha, con el partido conservador Arena, Alianza Republicana Nacionalista, y las embestidas de la izquierda radical, operadas por el Frente Farabundo Martí. La violencia económica derivada de gobiernos corruptos más la violencia armada de la guerrilla provocaron decenas de miles de muertos y otros tantos miles de desplazados. Al menos una generación borrada del mapa y la estadística en esa nación de Centroamérica. En este ambiente vivió su infancia Bukele.

Hijo de un migrante palestino que se encargaba de la publicidad del Frente Farabundo Martí ya convertido en partido político, Bukele se postuló para alcalde de San Salvador en el 2015 por esa organización política y ganó la elección. Gobernó tres años con cierta eficiencia, con arrojo. Acaso por su escasa edad -34 años tenia cuando ganó-, un poco por ignorancia y un mucho por soberbia, Bukele ya dejaba ver sus modos de ejercer el poder: un gobierno unipersonal concentrado en su persona y sujeto a su voluntad, un nulo respeto a los otros dos poderes y una confrontación con un amplio sector de la prensa.

En 2018, al término de su gestión como alcalde, en su mente estaba la candidatura natural a presidente de su país. El partido que lo postuló para alcalde no lo contempló y sin pensarlo dos veces, Bukele aceptó la propuesta del partido GANA, Gran Alianza por la unidad Nacional, y pues si, de la mano de GANA ganó y llegó a presidente.

Nayib Bukele, un político joven, ganó en un país mayoritariamente joven y con el voto y la admiración de miles de jóvenes que si bien ya no conocieron la violencia guerrillera, si conocen de la violencia económica, la pobreza y sobre todo la corrupción que tiene a dos expresidentes presos y a otro prófugo por las mismas razones. A ese electorado le habla Bukele. Les habla en su idioma y con sus códigos. El twitter es herramienta para informar de acciones contra el COVID, para anunciar reformas legales e incluso para despedir funcionarios. Un mandatario milenial.

En las elecciones de hoy, el presidente ya no va con el Frente ni con GANA. Hoy participa con su propia organización, llamada Nuevas Ideas (NI) y nuevamente su estilo personal va por delante: discurso polarizante, propaganda centrada en redes, escaso oficio de gobierno, y una retórica voluntarista que no alcanza para gobernar, aunque sí para lograr la victoria en las urnas. Si gana, seguirán la reelección, el control total del legislativo, la administración del judicial y muchos años más de gobierno a tuitazos. Mala señal y complicado provenir.

Toda esta larga descripción de Bukele viene a cuenta por el coctel que se nos viene para la elección de junio: todos los partidos, los viejos y los nuevos, en la búsqueda de candidatos mediáticos que jalen votos: cantantes, actores, ex deportistas o desde luego chapulines.

Nuevamente la premisa es, ganar la elección a como dé lugar y para eso, se presentan candidatos de pantalla. Mejores gobernantes son producto de mejor elección de por quién votar y luego de a quién vigilar. El arma es y seguirá siendo ciudadana.

Oximoronas. Un año del inicio de la pandemia. López Gatell internado, un gobernador por desaforar y un prospecto de gobernador a punto de perder la candidatura. Tiempos intensos e inéditos estos que vivimos. Vaya época.

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