El tiempo huye: La Feria

SR. LÓPEZ

Entre las muchas andanzas del impresentable primo Pepe, tuvo variados lances con damas y no tan damas. Ya grandes, le pregunté si de verdad nunca habían fracasado sus requiebros con ninguna y sin dudar dijo que sí, que una vez, con una viuda, mamá de un amigo suyo (es impresentable, le digo), a la que estuvo muele y muele solicitando acceso y disfrute de sus encantos más íntimos, hasta que una tarde, harta, de sopetón aceptó, se desnudó y le dijo que disponía de ella a su antojo exactamente quince minutos: -Y así, no se puede, manito –deshonrosa retirada y sanseacabó. Merecido.

Del 1 de diciembre de 2018 al 30 de septiembre de 2024, cinco años, diez meses, es el plazo del mandato de nuestro Presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, conforme al decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, el 10 de febrero de 2017, en el que se indica el nuevo texto del artículo 83 de la Constitución:

“El Presidente entrará a ejercer su encargo el 1 de octubre y durará en él seis años. El ciudadano que haya desempeñado el cargo de Presidente de la República, electo popularmente, o con el carácter de interino o sustituto, o asuma provisionalmente la titularidad del Ejecutivo, en ningún caso y por ningún motivo podrá volver a desempeñar ese puesto”. (En ningún caso y por ningún motivo… digo, no sobra subrayarlo, ya ve que las consultas a mano alzada parecen tener fuerza de ley en este gobierno).

La razón del cambio de fecha del inicio del nuevo gobierno, es reducir de cinco a tres los meses durante los que el país tenía un presidente en funciones y otro electo, además de que así, el Ejecutivo entrante sea quien elabore y mande al Congreso las iniciativas de Ley de Ingresos y  proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, evitando que el primer año de gobierno del nuevo Presidente quede sujeto a disposiciones del que le entregó el poder. La política económica del Presidente que suceda al actual, no la fijará López Obrador.

Ese plazo del 1 de diciembre de 2018 al último de septiembre de 2024, son 70 meses. Estamos iniciando junio de 2020, ya transcurrieron 18 meses de 4T, o sea, la cuarta parte (25.71%) del tiempo de que dispone el Presidente para transformar a México. ‘Tempus fugit’, el tiempo huye, como sintetizan los muchos lectores de Virgilio (Publio Virgilio Marón, 70 a.C – 19 a.C.), quien en su gustada obra ‘Georgicas’ (en el verso III, 284, para que no batalle al revisar), escribió: ‘Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo’ (‘Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus’).

Y el punto fino, el que duele, es ese, que el pasado es irreparable. Lo hecho, hecho está, como le achacan a Pilatos haber dicho cuando le reclamaron algunos rabinos del Sanedrín, la leyenda ‘INRI’ en la cruz de Jesús… pero eso es otro asunto, aquí importa resaltar que lo único que quedará son los hechos; terminado su gobierno, enmudecido el caudillo, solo hablarán los hechos, sus hechos y por como van las cosas no es aventurado esperar que hablen muy mal de él… eso es lo que llaman (a veces con sorna), ‘el juicio de la historia’. Ni quien recuerde un discurso de Mussolini, Hitler, o de alguno de los varios autócratas tropicales que hemos conocido en Latinoamérica, pero por sus actos están todos en los Infernos de la historia.

El Presidente de México, siempre ha estado consciente del poco tiempo de que disponía para cambiar todo en el país y dejar sellado su destino, por eso su afán de trabajar 16 horas diarias, convencido del espejismo de que podía duplicar su tiempo (‘espejismo’, nunca mejor dicho). No, no duplica el tiempo, duplica sus posibilidades de meter la pata; hemos padecido otros parecidos, Luis Echeverría, por ejemplo.

Que no es aventurado suponer que la larga vida que se le desea como expresidente, será una continua rechifla, lo anuncian sus sonoros fracasos ante la Suprema Corte, la Cámara de Senadores y el Banco de México. Creyó en su improvisación de poderoso en turno que este país se puede mangonear como se decía hacían los presidente del PRI imperial… no, no es tan fácil, todo se cabildeaba, se negociaba, se consultaba; y el Presidente de turno, abría la boca una vez obtenida la aprobación de los otros. Por eso parecía todopoderoso.

Cuando en el año 2000, Fox arrebató la presidencia al PRI, se encontró con que los gobernadores (organizados por un político sureño muy experto y ‘pantalonudo’), se aglutinaron para presentarle un frente común, la Conago (Conferencia Nacional de Gobernadores), sin confrontaciones inútiles pero diciendo con el idioma de los actos: no somos sus empleados. Y a sentarse a conversar como la gente, sí señor.

Este Presidente, en cambio, ha logrado que se forme un frente de siete gobernadores CONTRA sus políticas.

Clara y abiertamente opuestos a sus decisiones, están Michoacán, Durango, Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Colima y Jalisco… suman 27’158,538 habitantes (con datos al 2017 del CONAPO, Consejo Nacional de Población); esto es el 23% del país, pero  puede usted sumar a este Frente, al levantisco y echado para adelante gobernador de Chihuahua, Javier Corral, con sus 3’782,018 habitantes y también al Estado de México, con sus 17’363,387 habitantes, que Alfredo del Mazo será muy decentito, pero es priista por los cuatro costados. Con solo estos dos estados más, llegamos a más de 48 millones 300 mil mexicanos, el 40% de la población fuera del control de la 4T.

Y si se revisa lo que significan esos estados respecto de la economía nacional y su ubicación geográfica, la cosa se pone arriba del semáforo rojo (ahora que están de moda esos indicadores).

Al Presidente se le va el tiempo como agua entre los dedos, por eso su terquedad en regresar a sus giras por la república, haciendo precisamente lo que no debe hacer: perder el tiempo en ser popular. Esas sus prisas explican tanta metida de pata de su gabinete y él mismo. Ahora viene como anillo al dedo aquello de ‘mal empieza la semana el que ahorcan en lunes’… y el tiempo huye.

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