En plan de cuates: La Feria

SR. LÓPEZ

Llegó carta de la prima Santi a sus papás, tía Meche y tío Lalo (lo de ‘Santi’ es porque la bautizaron Santísima Trinidad… sí, muy irresponsables). ¡Cómo lloró la tía al leerla!: su niña, que estudiaba Letras -es un decir-, en una universidad madrileña, le decía que la ofendía que creyera a los ‘chismes’ de las monjas -vivía en un ‘Colegio Mayor’, especie de casa de huéspedes grandota para señoritas, otro ‘decir’, de una orden de religiosas, custodias de la castidad de estudiantes extranjeras, tercer ‘decir’-, que no era cierto que no llegara a dormir y que aprovechaba para recordarle que era mayor de edad y muy dueña de sus actos. Tío Lalo tranquilizó a su esposa y no dijo nada. Al poco, les llegó un telegrama urgente de su hija: su papá había olvidado depositar la mensualidad a las monjas y mandarle su mesada a ella; tío Lalo, no dijo una palabra. Días después del telegrama, les entró una heroica larga distancia desde Madrid (tiempos analógicos, ni se imagina), era Santi, preocupadísima por la falta de dinero y respuesta. Tío Lalo escuchó la conversación de su esposa con su hija y pidió el aparato: -¿Hijita?… no, nada… ¡ah!, sí… bueno, es que eres mayor de edad… ya no te voy a mandar dinero… en serio… muy en serio… no sé… pues tú decides, eres grande… no, tú dime… bueno, muy bien, mañana a primera hora te deposito… igual, besos –como sedita quedó Santi. ¡Como sedita!

Ayer, 15 de junio, nuestro madrugador Presidente declaró algo que llamó la atención de las agencias de noticias internacionales y las nacionales: “México, dispuesto a vender combustibles a Venezuela pese a sanciones de EU”.

Echó su cuarto de espadas nuestro Presidente. El pleito es entre el tío Sam y Venezuela. No nos ha pedido gasolina ese país. Nuestro Presidente se mete en pleito ajeno, gratis, a lo puro maje, quien campanudamente declaró:

“No nos ha hecho ninguna solicitud (Venezuela). En el caso que nos hiciera la solicitud y fuese una necesidad humanitaria, lo haríamos (…) México es un país independiente, soberano, tomamos nuestras propias decisiones (…) Nadie tiene derecho a oprimir a otros, ninguna hegemonía puede aplastar a ningún país”.

Hasta el punto en que dijo que vendería gasolina a ese país, si Venezuela se lo pidiera y a él le pega la gana (en nombre de todos los mexicanos, claro), hasta ese punto, repito, la cosa pudo pasar como una declaración políticamente correcta, pero añadió para dejar claro que quiere entrarle a la rifa de ‘knock outs’: “Nadie tiene derecho a oprimir a otros; ninguna hegemonía puede aplastar a ningún país”… nada más para aclarar: la hegemonía son los EUA, que oprimen y quieren aplastar a Venezuela… ¿claros?

México compra en los EUA, cerca del 70% de los combustibles que consume (66.7%, en promedio durante 2019). Si le vendiéramos gasolina a Venezuela, el 66.7% sería de refinerías yanquis que se la vendieron a México, porque no hay manera de separar en las tuberías, el combustible refinado en México del importado de EUA. Esto significa que la Casa Blanca tendría que aceptar no solo que México hiciera lo que le pega la gana (al grito de ¡somos soberanos!), sino que se tragara el sapo de que México se saltara las restricciones de EUA revendiendo gasolina de ellos mismos. ‘Tá bueno, ojalá y ande de buenas el pérfido Trump. Y ojalá México pudiera aguantarle los malos modos a los EUA.

Ese es el asunto, si hemos de ver las cosas con realismo. Al navegar en la procelosa mar de las relaciones internacionales, cuenta mucho percibir la realidad, pues sin dejar de lado el digno discurso patriótico, se actúa tomando en cuenta la relación de fuerzas y de qué son capaces las potencias internacionales. México no puede trabarse en un pleito con ningún país desarrollado pero con los EUA, menos, por varias razones: es la principal potencia militar del planeta; es absolutamente neutro respecto del Derecho y la ética, a la hora de tomar decisiones que cuiden de sus inmensos intereses; y la economía y hasta el clima político de México, dependen en mucho, del tío Sam.

Será maldición o no, pero México es vecino colindante de los EUA y no puede alejarse ni un milímetro. Cuando más conseguimos actuar con algo de soberanía -tiempos del viejo PRI imperial-, nuestros gobernantes se cuidaron mucho de jamás actuar contra los intereses de la Casa Blanca, por algo entramos del lado aliado a la Segunda Guerra Mundial (para despejar dudas, comunicarse con Japón o a Santiago de Chile).

Las sanciones y restricciones de los EUA a Venezuela vienen desde el 25 de agosto de 2017; luego se sumó a ello la Unión Europea. En mayo del año pasado se recrudecieron las sanciones al pasar Venezuela a formar parte del ‘Grupo D’ en la clasificación de su Oficina de Industria y Seguridad (BIS), considerando a Venezuela como un país de los que son “preocupación para la seguridad nacional” (de ellos, claro).

Si México se va a echar una competencia de cachetadas con los EUA, le tenemos noticias al Presidente: también saca boleto con Europa. Y está de pensarse porque esas restricciones incluyen, aparte de no tener acceso al crédito internacional: la congelación de activos del país (lo que incluye a los funcionarios que sancione los EUA); prohibición de entrada a los EUA y la Unión Europea a esos funcionarios; prohibición de venta de armas, municiones, vehículos o equipamiento militar; prohibición de apoyo técnico o financiero. Automáticamente, por cierto, se congelaría el T-MEC. ¿De veras vamos a apostar el país entero por apoyar a Maduro?

A Venezuela le congelaron así su reserva en oro en el extranjero, nada más la Gran Bretaña le bloqueó 14 toneladas de oro. México tiene depositadas en la Gran Bretaña, 120.34 toneladas de oro en barras (98.3% de nuestras reservas en oro, lo demás está en la Federal Reserve de los EUA, sede Nueva York, y en México), y cuando nuestro país ha intentado verificar físicamente que ahí está su oro, no se lo han permitido, ¿por qué?, porque así son: bandidos y eso, en plan de cuates.

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