Eraclio Zepeda, a un año de su muerte

Nació el 24 de marzo del año 37 del siglo pasado, en Tuxtla Gutiérrez, en la Primera Avenida Sur de la capital chiapaneca, entre la Segunda y Tercera Oriente. Lo recibió doña Flora Maza, la partera tuxtleca más experimentada. Nació en la madrugada, el parto de doña Esperanza, primeriza de veintidós años, fue complicado, venía con el cordón umbilical enredado al cuello.

Hablo de Eraclio Zepeda Ramos, quien ha ganado destacados premios y reconocimientos en el mundo de las letras y la política: el Premio Chiapas, el Premio Nacional de Cuento; el Premio Javier Villaurrutia; el Premio Nacional de las Artes en la rama de Letras y la Medalla Belisario Domínguez, que otorga el Senado de la República a los mejores hombres de México. Su nombre está grabado con Letras de Oro en la tribuna más alta de la Nación, al lado de otros mexicanos ilustres.

Octavio Paz, el único escritor mexicano que he obtenido el Premio Nobel de Literatura, se refiere a Eraclio Zepeda, en la antología Poesía en Movimiento: “La primera y única vez que vi a Eraclio Zepeda me pareció una montaña. Si se reía, la casa temblaba. Si se quedaba quieto, veía nubes sobre su cabeza. Es la quietud, no la inmovilidad. Un signo fuerte: la tierra áspera que esconde tesoros y dragones. El lugar donde viven los muertos y los vivos guerrean”.

Juan Rulfo, el más grande novelista de México, dijo en la Sala Ponce del Palacio de Bellas Artes: “Quien lee a Eraclio Zepeda, siente la ternura que el lleva en su corazón”.

Este escritor chiapaneco es hijo de Eraclio Zepeda Lara y Esperanza Ramos Calcáneo, hizo sus primeros estudios en su Tuxtla Gutiérrez, en la Escuela Federal  Tipo  “Camilo Pintado”; la popular y todavía aguerrida Tipo, escuela que nació del proyecto escolar cardenista que se proponía otorgar a los niños mexicanos el dominio de las artes y los oficios como armas para enfrentar al mundo.

Eraclio, en la biblioteca de su casa

Eraclio, en la biblioteca de su casa

El primer contacto con las letras fue a través del periodismo

Hasta su casa de Tuxtla Gutiérrez llegamos a una casa, si bien moderna, tiene toda la herencia de las casas de nuestro pueblo: corredores, árboles y flores. Ciertamente acogedora, con una perra vigilante que se siente querida, al lado del gato de la casa también amado.

Le lanzamos la primera pregunta:

-Don Eraclio ¿Cómo fue su inicio en la escritura?

Mi familia, por generaciones, ha estado ligada a la escritura. Puedo decirte que nací entre las letras porque mi padre, Eraclio Zepeda Lara, la practicaba cotidianamente enseñada por mi abuelo, que era un poeta romántico del siglo XIX. Mi padre, al regreso del exilio en la república de Guatemala -fue anti obregonista, anti reeleccionista-, fundó en los años 30 el periódico Renovación, que se convirtió en el espejo de la vida cotidiana del estado. Era un periódico totalmente escrito por él. Pero desde la Finca, Santa Fe La Zacualpa, origen de la familia, el contacto con las letras era natural. En medio de la selva había una espléndida biblioteca de cerca de cinco mil títulos. Don José N. Rovirosa, botánico tabasqueño que hizo el levantamiento de flora y fauna de Tabasco y el norte de Chiapas, describe la biblioteca y a los hermanos Zepeda en uno sus libros publicados por vez primera en los finales del siglo XIX.

Mis primeras experiencias en la escritura fueron periodísticas en el periódico Alma infantil, que yo dirigí justamente en la  escuela Tipo, con la orientación de mi padre y la de mis maestros Carlos Cruz y Manuel de J. Martínez. Para Alma Infantil entrevisté a la actriz de cine Amanda del Llano, también chiapaneca. Me gané un beso de ella, de la que jamás me he olvidado.

Estudió en el ICACH y jugó en el Junior

-¿Donde estudió la enseñanza media, don Eraclio?

Dos años en el ICACH, en el inolvidable ICACH, actualmente Universidad de Ciencias y Artes, cuyo Rector es el ingeniero

Jornada de poesía. Encuentro Internacional Centro Cultural Universitario UNAM. 1983. De abajo para arriba Francisco Cervantes, Juan Buñuelos, Elva Macías, Homero Aridjis, Ocatvio Paz, Luis Roberto Vera, Bety de Aridjis, Ernesto Mejía Sánchez, Eraclio Zepeda,  Fierro, Margarita Villaseñor y Ted Hudges. Fotografía de Rogelio Cuellar.

Jornada de poesía. Encuentro Internacional Centro Cultural Universitario UNAM. 1983. De abajo para arriba Francisco Cervantes, Juan Buñuelos, Elva Macías, Homero Aridjis, Ocatvio Paz, Luis Roberto Vera, Bety de Aridjis, Ernesto Mejía Sánchez, Eraclio Zepeda, Fierro, Margarita Villaseñor y Ted Hudges. Fotografía de Rogelio Cuellar.

Roberto Domínguez Castellanos que ha hecho una destacada gestión académica. Siendo estudiante del ICACH fui miembro del equipo más importante del deporte tuxtleco, el Junior, fundado y dirigido por el maestro Víctor Manuel Reina. El 20 de noviembre desfilábamos con nuestro uniforme rayado, con los colores blanco y rojo.

-¿El resto de su formación estudiantil, donde fue?

La preparatoria la hice en una escuela de la Capital de la República: la Universidad Militar Latino Americana, una excelente escuela, con muy buenos maestros que también eran maestros de la UNAM. Allí consolidé mi gusto por la escritura, junto a los poetas Jaime Augusto Shelley y Jaime Labastida, así como con el fotógrafo y escritor Rodrigo Moya. También fueron mis compañeros Francisco Labastida, candidato a la presidencia de la República, Rubén Pabello Rojas, periodista y catedrático, el Ingeniero Javier Jiménez Spriú, entre otros personajes. Tiempo después, con los poetas mencionados y los chiapanecos Oscar Oliva y Juan Bañuelos, formamos el grupo La Espiga Amotinada que publicó dos libros colectivos en el Fondo de Cultura Económica: La Espiga Amotinada y Ocupación de la Palabra.

Eraclio Zepeda es veterano de Playa Girón

Antes de esos libros de poesía publiqué mi primer libro de cuentos, Benzulul, en la Universidad Veracruzana, de la que obtuve una beca para estudiar antropología.  Posteriormente fui invitado a la joven Revolución Cubana para dar clases de literatura latino americana en la Universidad de Oriente, en Santiago. El aprendizaje militar adquirido en la UMLA, me iba a ser útil. Los enemigos de la revolución, apoyados por Estados Unidos, desembarcaron en Bahía de Cochinos. Me alisté miliciano de inmediato. Combatí en Playa Girón, al lado de jóvenes estudiantes de la isla y otros escritores internacionalistas. Defendimos la Revolución Cubana en la que creímos y que se volvió símbolo de los jóvenes latinoamericanos de la época. En los ratos de descanso, desde las trincheras, escribí Compañía de Combate, libro de poemas sobre mi experiencia por esa epopeya que marcó a toda mi generación.

El rapto más largo del mundo

A mi regreso de Cuba, dos años después, período en el que participé con los fundadores de la Escuela de Instructores de Arte de La Habana, llegué a Tuxtla con la noticia de que me iba a China invitado a dar clases de literatura latino americana en Pekín, en el Instituto de Lenguas Extranjeras.  En esos días encontré a Elva, ya una muchacha. Desde pequeña fue amiga de mi hermana y de repente, la encuentro a mi regreso con una adolecente bellísima y de enorme talento, ya escribía poesía. Nos enamoramos. Y como el viaje no esperaba y sus padres no iban entender que este encuentro iba a ser duradero, como se ha demostrado: tenemos 51 años de casados, una hija, Masha y una nieta, Milena, que vive con sus padres en San Diego, California. Pues hice el rapto más largo de la historia. Nos fuimos a China. Elva fue maestra de español para niños chinos en una escuela anexa al Instituto de Lenguas Extranjeras. De China nos fuimos a Moscú. Un 30 de noviembre, nació Masha. Afuera del hospital marcaba el termómetro 10 grados bajo cero. En esos años en el que hice periodismo, fui corresponsal de La voz de México,  órgano del Partido Comunista Mexicano y enviaba colaboraciones a la revista Siempre!. Viajé mucho por la inmensa Unión Soviética, sobre todo por el Asia Central. En estos periplos, pude hacer la ruta de Marco Polo.

-Don Eraclio, después de estos años en el extranjero ¿qué pasó con Eraclio Zepeda?

Regresé a México, con una familia construida. Trabajé en Conasupo, en Bodegas Rurales. Allí fundé el Grupo de Divulgación. Organicé brigadas de teatro con actores profesionales, como Isabel Quintanar, Alfredo Sevilla, José Luis Cruz, Julieta Egurrola, Rosa María Bianchi, entre otros y también con brigadas en siete lenguas indias, con los propios campesinos de las comunidades. Recorrimos el país, combatiendo a coyotes y acaparadores que extorsionaban a los ejidatarios. Fue muy exitosa, por su enorme penetración. Los campesinos viejos todavía se acuerdan.

En esos años obtuve el Nacional de Cuento, con Asalto Nocturno y publiqué después, Andando el Tiempo.

 

El mejor Pancho Villa del cine Mexicano

Estaba trabajando en Conasupo cuando me invitó Paul Leduc a trabajar con él en una película basada en el libro testimonial de John Reed, México Insurgente, la visión del periodista americano, socialista, de la Revolución Mexicana. Era una película de bajo costo, en donde sus amigos trabajamos de manera voluntaria. Protagonicé el ascenso militar más rápido imaginable. Llegué de dorado en la mañana, por la Tarde ya era teniente y fui ascendiendo de grado. Dos días después era el general Francisco Villa. Actué con Claudio Obregón, que hizo de John Reed. La película fue un éxito. Fui nominado para el Ariel a la mejor coactuación masculina. Lo ganó Arturo Beristaín, con El Castillo de la Pureza. México Insurgente Ganó el Ariel de oro y el premio George Sadoul de la crítica francesa.

Años después, mi nuevo libro Andando el Tiempo, me dio el Premio Javier Villaurrutia. Y volví a actuar como Pancho Villa con el cineasta ruso Sergei Bondarchuk. Película basada también en el mismo libro de John Reed, la película se llamó Campanas Rojas, actuó como John Reed, Franco Nero y Úrsula Andress, como la amante y mecenas de Reed.  Bondarchuk quiso hacer la misma historia porque el segundo libro testimonial de Reed fue Diez días que estremecieron al mundo,  sobre la Revolución Soviética, película que también filmó este cineasta en su tierra.

Pre candidato a la Presidencia, Diputado Federal y Secretario de Gobierno

-Cuéntenos de su vida política.

Fui diputado federal por el PSUM en la LIII legislatura. Hubo legisladores valiosos de mi partido como Demetrio Vallejo, Arnoldo Martínez Verdugo, Alejandro Encinas  y Pablo Pascual Moncayo. Fue una legislación muy importante, plural y participativa. También recuerdo muy bien a Juan de Dios Castro, del PAN y a Luis Donaldo Colosio y Santiago Oñate, del PRI; todos ellos muy buenos tribunos. Fue una legislatura que trascendió por su alto grado de debate.

Después fui precandidato a la Presidencia de la República por el PMT. Resultó ganador el ingeniero Heberto Castillo, quien cedió su triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas para que contendiera en aquella elección en donde Ernesto Zedillo fue el candidato del PRI, a la muerte de Luis Donaldo Colosio. Diego Fernández de Ceballos lo fue del PAN.

El gobiernador constitucional electo, Eduardo Robledo Rincón, me invitó a ser el Secretario de Gobierno de su administración. A su partida, Julio César Ruiz Ferro me invitó a seguir siendo el Secretario de Gobierno de Chiapas y lo fui hasta enero del 97. Poco tiempo después, el Presidente Ernesto Zedillo me nombró embajador de nuestro país en la UNESCO, con sede en París. Allí propuse, con participación de diez países africanos y diez países latinoamericanos, a la marimba como Patrimonio de la Humanidad. Mi sucesor no completó la propuesta.

A mi regreso a México, con una beca del Sistema Nacional de Creadores, empecé una saga de cuatro  novelas: Las grandes lluvias, Tocar el fuego, Sobre esta tierra y Viento de siglo, que cuenta cien años de la historia de mi familia -de 1830 a 1937-  y la historia de Chiapas. Es la vida de Juana Urbina y su familia en la Finca Santa Fe la Zacualpa. Como todas mis obras, fue el Fondo de Cultura Económica la editora de estas cuatro novelas.

Con Mario Payeras, escritor guatemalteco y dirigente revolucionario. Palenque, 1992.

Con Mario Payeras, escritor guatemalteco y dirigente revolucionario. Palenque, 1992.

-Don Eraclio, en los últimos días del año pasado, usted fue merecedor, en tan solo dos semanas, de dos premios fundamentales de la cultura y la política nacional: El Premio Nacional de las Artes en la rama de Letras y la Medalla Belisario Domínguez que entrega el Senado de la República a los mejores hombres de México ¿Se siente usted afortunado?

Me siento muy afortunado y orgulloso. Los miembros  del jurado que del Premio Nacional de las Artes son tomados al azar entre una gran cantidad de especialistas, lo hace un premio democrático. Los candidatos son propuestos por organizaciones culturales y universidades públicas y privadas. En cuando a la Medalla Belisario Domínguez, fue una decisión unánime  del Pleno del Senado de la República, dentro de la pluralidad ideológica que hoy integra uno de los poderes fundamentales de México.

Nos despedimos de don Eraclio Zepeda. Lo dejamos en su casa, acompañado de su esposa Elva, con quien ha compartido medio siglo de creatividad.

Eraclio Zepeda, mexicano excepcional, ha vivido intensamente sus 77 años. A los 19 años escribió su primer libro Benzulul, que lo sitúa entre los grandes cuentistas del mundo; su paso por la Revolución Cubana donde puso su vida en juego; sus viajes por el mundo, su regreso al país y su vinculación con la vida cultural y política de la nación; sus premios literarios que consolidan su oficio de escritor; su papel como actor; su presencia activa y digna en el Congreso de la Unión; su precandidatura a la Presidencia de la República; su actividad política en su estado de origen; su vida diplomática en Europa; su saga novelística que resume una parte de la historia de Chiapas. Todo, coronado con las dos máximas preseas que un mexicano pudiera aspirar como demostración de su paso por el mundo, hacen que Eraclio Zepeda sea un mexicano necesario para entender el desarrollo de nuestra historia.

 

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