Es de sabios rectificar: La Feria

SR. LÓPEZ

Macro se llamaba un tío abuelo de la abuela Elena (la paterno-autleca, la de allá de Jalisco), del que contaba no supo nunca cuántos hijos tuvo, ni cuántas tierras ni cuántas cabezas de ganado, porque era mucho de todo, de hijos, de tierra y ganado, que andaba suelto en los montes (para vender, mandaba caporales y  vaqueros, y regresaban con cuantas reses les hubieran dicho… a veces centenares). Fallecido el fino caballero a fines del siglo XIX, su esposa legítima (la tercera legítima, enviudó dos veces), resultó ser su heredera universal y -contaba la abuela- era una señora de no más de 40 de edad, muy desconfiada, que lo primero que hizo fue contratar topógrafos y mandarlos con 20 peones a marcar con mojoneras los linderos de sus propiedades: los proveyó con buenas monturas, una recua de mulas con bastimento, dinero suficiente… y jamás volvieron a ser vistos. Desconfiaba también la viuda de caporales y vaqueros, segura que bajaban cabezas y las vendían por su cuenta: los despidió a todos y contrató en su lugar a gente de por ahí mismo de Autlán y desde la primera vez que los mandó a bajar reses, nunca volvió ninguno. Los hijos legítimos del difunto Macro, de mala manera le dieron a escoger a su mamá o madrastra, entre quedarse encerrada en la Casa Grande de la hacienda, o irse a Guadalajara (eso hizo y decían que hacía otras cosas, pero no le interesa y además, muy su asunto de ella); los hijos llamaron a los anteriores caporales y vaqueros y volvieron las cosas al estado que guardaban antes: sí les robaban reses, claro, pero volvieron a ganar carretadas de dinero. Cosas de antes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conocida como FAO, dice (en www.fao.org/3/j7507s/j7507s10.htm), que el Banco Mundial (BM) afirma que ponen en riesgo la estabilidad política de un país ‘el riesgo de golpe militar, rebeliones, terrorismo político, guerra civil, conflictos armados, entre otros’; y que la estabilidad política es un pilar de la democracia plena. Señala también (ya en plan de molestar), la importancia de dos cosas: la primera, ser políticamente estables y que así sean percibidos por los otros países; y, segunda, que los inversionistas confíen en la estabilidad de un país y su seguridad, pues les interesa (algo) que ‘factores extra sectoriales no afecten la rentabilidad del negocio’. En conclusión: sin estabilidad política y/o sin seguridad pública, se pone en riesgo ‘la capacidad de una región o país para atraer inversiones’, y eso disminuye el crecimiento económico y en su lugar, lo que crece son los problemas sociales. Señores de la FAO: no necesitábamos que nos lo dijeran ustedes ni el BM. No somos tan tarugos… ¿o sí?

Sin embargo, este menda lo menciona porque pareciera recomendable que alguien le notifique eso al gobierno federal actual. En buen plan.

Ya sabemos que la inseguridad pública viene de antes; ahora sabemos que está creciendo.

No supimos antes que hubiera descontento entre los integrantes de nuestras fuerzas armadas y policiacas, ahora ya sabemos que cuando menos algunos, están que trinan.

La inseguridad pública es la única asignatura pendiente que acepta nuestro Presidente y ha dicho que sin eso no habrá 4T… y no solo se ha agravado la inseguridad sino que ahora atestiguamos actos de abierta rebeldía e insubordinación de parte de la Policía Federal a causa de errores, metidas de pata y majaderías innegables en su contra. En este país desde hace 149 años cuando menos, no pasaba algo así.

No están contentos todos en las fuerzas armadas, pero podemos confiar en su disciplina. Tampoco están contentos todos los policías federales, pero su disciplina no es militar… ni debe ser.

Este Presidente y este gobierno federal, han descalificado, desdeñado e insultado a nuestra Policía Federal que según el Inegi, tiene el 70% de confianza de la ciudadanía.

Nuestros policías federales arriesgan diario la vida y ponen los muertos.

No es correcto olvidar su activa colaboración para meter a la cárcel a la Tuta y al Chapo, y en cintura a los Caballeros Templarios, la Familia Michoacana y los Zetas, digo, por si le parece poco. En nuestra Policía Federal no son santos, nadie es santo y debe haber elementos podridos… bueno, pues contra ellos, pero no contra todo el Cuerpo que merece respeto (y lo tiene).

Al frente de la Secretaría de Seguridad Pública nuestro Presidente nombró a tal Alfonso Durazo, señor con dos licenciaturas, un doctorado… y cero experiencia en seguridad pública (y privada):

De 1973 a 1982: chambeó en la Dirección General de Información y de Radio, Televisión y Cinematografía, de la Secretaría de Gobernación (Segob); de 1983 a 1985: subdirector de Difusión en Programación y Presupuesto; de 1992 a 1993, secretario particular de Colosio; muerto él fue secretario general de Desarrollo Social de la hoy CdMx y después, titular general de Comunicación Social de la Segob. De 1995 a 1996, investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Luego, secretario particular, vocero y coordinador de Comunicación Social de Vicente Fox.

Le renunció a Fox el 5 de julio de 2004, y publicó en la prensa nacional el largo texto de su renuncia, en la que aparte de bailarse el zapateado en la esposa del Presidente,  dice:

“(…) es necesario restituir tranquilidad al ambiente político; cerrar el capítulo de la confrontación, para evitar que las instituciones se contaminen con el conflicto político a niveles que resulten irreversibles (…) este proceso de descomposición política que estamos viviendo se atribuye cada vez más a los tiempos de democracia que hoy conoce el país. Es imprescindible revertir la percepción social de que la democracia puede llevarnos a la degeneración del Estado (…) Por el bien del país, el presidente de la República no puede tener proyecto político después de gobernar”.

Ojalá nadie le lleve el chisme a nuestro Presidente: don Durazo piensa esas cosas… o las pensaba, ya ve que es de sabios rectificar.

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