Espejo: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Carlota era la tía más fea que ha habido en el planeta Tierra: encorvada por una gran joroba; sus manos, garras deformadas por la artritis; el pelo, un chongo blanco amarillento; la cara con verrugas, nariz de gancho y los labios gordos, muy arrugados, pintados de un rojo sangre que magnificaba el horror que era. Los viejos decían que de joven fue la más  hermosa de Toluca y la más vanidosa, sabedora de que a su paso se paraban relojes y se desmayaban sargentos. Nunca se casó, ninguno la mereció. Por los innumerables retratos y varias pinturas al óleo se sabía que sí fue una belleza como la descrita por Salomón en ‘El cantar de los cantares’ (6:10): “pulchra ut luna, electa ut sol”. Pero, cosa peculiar: en su casa no había espejos, ni uno. Para ella su fealdad no existía. ¡Pobre mujer!

Es cruel pero necesario repetirlo: los gobiernos son el espejo de las naciones. Mire si no:

En Rusia, país en que el pueblo ha sufrido lo indecible desde hace casi nueve siglos, Putin, fuerte, mandón, antidemocrático, que arrasa a sangre y fuego con la delincuencia, que implantó el orden y puso en marcha la economía con toda la fuerza del Estado, es bien visto por su población. El alma rusa aún presa de la inveterada y odiada servidumbre que tanto sufrieron.

En China, siempre invertebrada y feudal, llevan milenios sabiendo cómo coexistir con el poder central, tolerando cualquier atrocidad que de él provenga; matanzas, hambrunas, emperadores, dictadores, tortura pública legal, ejecuciones sumarias televisadas. Xi Ping gobierna plácidamente; el partido comunista Chino se sabe dueño indiscutido de la vida política nacional; el pueblo no cuenta, sabe que no cuenta, trabaja, calla y aguanta, aprendieron a vivir así.

En Alemania, sin acabar de digerir su no tan lejano pasado nazi (en escala histórica, hace menos de un minuto), avergonzados por los horrores de que se saben cómplices, perdieron la guerra, callaron, se rehicieron, se pusieron a trabajar, eligen gobernantes casi impecables o impecables, fomentan la cultura, la ciencia, la tecnología, la filosofía y la teoría del derecho, erigiendo instituciones de procuración e impartición de justicia, casi perfectas y manejan su país con un régimen en que la impunidad es inexistente, los derechos humanos son sagrados y sus gobiernos elegidos con primor electoral. No son lo que fueron cuando el nazismo, lo han de probar, lo prueban cada día desde 1945.

Italia… el despelote desde hace nueve siglos (Roma cayó cuando depusieron a Odoacro en el 476 d.C.), gobiernos de albañal, las leyes más enredadas e imposibles de aplicar, la impunidad es norma, el totalitarismo fascista solo un mal recuerdo; y el pueblo, tan campante, vive, produce maravillas artísticas y mecánicas, va por su lado, es levantisco, pero tolera la más fétida vida política; por eso no han podido erradicar su delincuencia organizada, vigente desde mediados del siglo XIX en Sicilia, luego en Nápoles y Calabria, hoy, en todo su territorio.

Y en México… ¿no nos gustaba el PRI?… pues lo aguantamos 71 años y de copete, lo reelegimos un sexenio más. ¿De veras nos daba asco?… pues bien que le aplaudíamos a cuantos pusieron de presidentes, gobernadores y ‘altomandones’ de turno. ¿Detestábamos el ‘acarreo’ tricolor y sus prácticas electorales?… pues vamos de regreso, más bien: nunca dejamos de practicar el deporte nacional: simular adoración por el candidato que apesta a triunfo, venerando a quien llegue a La Grande. ¿Añorábamos la democracia?… pues sigue habiendo admiradores del dictador Díaz, a puños.

¿Nos repugna la corrupción?… pues no hay chicas del talón sin clientela, ni corruptores sin corrompidos: no puede haber corrupción generalizada si la generalidad de las personas son decentes, con la pena, no se enoje, pero así somos: el ciudadano que no ‘aprovecha’ al compadre que recibió un buen cargo público, queda como el tonto de la familia; la señora que rechaza una plaza de aviadora, es una irremediable boba; el que paga sus impuestos completos, un baboso; el que exige su infracción y no soborna al agente de tránsito, un payaso; y lo peor: el que hizo carrera en el gobierno y no se enriqueció, si le creen, es señalado como un reverendo tarugo (aquí acomode usted el adjetivo que rima con azulejo o mondejo… no tarda).

¿A poco nos irrita la mentira?… no lo parece, durante dos siglos hemos consumido toneladas métricas de mentiras sin un gesto de asquito y en esta nuestra risueña patria, decir la verdad es mala educación, punto.

Ahora, después de haber quitado al PRI para montar a Fox; después de haber botado al PAN, para montar a Peña Nieto (el electorado nacional asombro de estudiosos de los trastornos de personalidad múltiple: tricolores, azules y ¡tricolores de regreso!); después de semejante machincuepa, resultó elegido, abrumadoramente elegido, nuestro actual Presidente quien es lo más cercano al PRI que había en el estante ‘presidenciables’, del súper (al más añejo PRI no a la novísima versión de Peña Nieto, cuyos antecedentes buscarán los historiadores en polvorientas ediciones del TV y Novelas). ¡Y ya nos les gustó!… bueno, votaron por él, siempre habló como habla; nunca propuso nada que permitiera suponer que tenía la menor idea de lo que representa gobernar al país… ¡y ya no nos gusta!… bueno… se  sentó en La Silla gracias a que 30’113,483 de tenochcas con credencial de elector lo prefirieron y gracias a que 32’677,657 no tuvieron tiempo, ganas ni interés en ir a votar.

¿Nos indignan los feminicidios y los infanticidios?… bueno, las alimañas que cometen semejantes atrocidades no vienen de un país enemigo, salen de ‘la bonita familia mexicana’, no se enchile, es la verdad. No respetamos a la mujer, ni a los niños, nunca lo hemos hecho. La diferencia es que ahora (¡bendito el Creador!), ellas ya no se dejan… ¿y sabe qué?… ellas sí pueden.

¿Queremos algo mejor?… bueno a portarnos mejor, diario. Y cuando no nos gusten nuestros gobernantes, recuerde, son nuestro espejo.

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