Está mal: La Feria

Sr. López

Ya se lo conté pero por si lo olvidó, le recuerdo de aquella prima de Autlán recién casada, a la que su mamá notaba tristona hasta que le sacó la sopa: su maridito no había hecho obra de varón, le pedía paciencia, le daba explicaciones, y ella seguía tan doncella como siempre. La tía, madre se nueve y con 43 de casada, algo sabía del tema, así que le dio a su hija consejos muy prácticos para ponerlos en práctica esa misma noche, con instrucción de informarle los resultados a la mañana siguiente. La prima con pena y todo reportó al día siguiente que el marcador seguía en ceros y que el caballerito insistía en la paciencia y en dar explicaciones. La tía sentenció: -Hija, caballo que se echa en el arrancadero no corre, déjalo hoy mismo y ya después tendrás otro como Dios manda –y así fue, el cura párroco pidió que el doctor certificara el estado virginal de la prima que efectivamente luego hizo muy bonito matrimonio.
Vaya bromita que le hicieron a nuestro Presidente. Todos lo hemos visto en los ‘spots’ de la televisión con que anuncia algunos de los logros que contiene su tercer informe de gobierno, rematando con la frase: “Hechos, no palabras”.
La mala pasada que alguien le hizo al titular del Poder Ejecutivo federal, es que esa frase es una vieja locución latina, “facta, non verba”, que sí se traduce literalmente como “hechos, no palabras”, pero cuyo sentido es precisamente el inverso al que le da el Presidente: es una excitativa a hablar menos y presentar hechos, dar resultados o como decimos en México (a lo mejor en todo el mundo hispánico): obras son amores y no buenas razones. “Facta, non verba”, hechos, no palabras, es una manera de recriminar a los que hablan mucho y no dan fruto. Ese es el problema de que el latín clásico no tenga signos de admiración (ni interrogación), pues hasta la Edad Media se empezaron a usar, porque se entiende mejor si se lee: ¡Facta!, non verba.
Quien sea el que le haya redactado el guión de los infomerciales de su tercer año en el poder, le jugó chueco pues la principal característica de su gobierno es esa, precisamente esa: la astringencia de resultados, el estreñimiento de logros, acompañada de una continua hemorragia verbal, un permanente discurso, una pasión irrefrenable por hablar.
Si considera usted que peca de severo este menda, recapacite en que desde que asumió el poder hasta el 27 de agosto pasado, el Presidente ha sostenido 682 conferencias de prensa, las afamadas mañaneras, con una duración total de 73 mil 656 minutos (duran en promedio 108 minutos cada una), lo que son 1,227 horas de hablar sin compasión por los presentes.
Lo anterior sin contar las 59 mañaneras que ha sostenido en los estados de la república, que recorre sin piedad: Veracruz lo ha visitado cuatro veces; Baja California Sur, Jalisco, Quintana Roo, Sonora y Tabasco, tres giras en cada uno; Campeche, Chihuahua, Ciudad de México, Chiapas, Coahuila, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Yucatán, dos visitas de trabajo en cada uno y Aguascalientes, Baja California, Colima, Durango, Guanajuato, Michoacán, Morelos, Querétaro, San Luis de la Paz, Tamaulipas, Tlaxcala, Zacatecas, solo una gira les tocó.
Quizá lo más llamativo del aluvión de conferencias de prensa -que sus seguidores califican con gran orgullo como fenómeno único en el mundo-, es que no son conferencias informativas sino conferencias para promover sus ideas personales, para defender su proyecto de gobierno y para linchar verbalmente a quienes cataloga como enemigos, muy lejos de verlos como diferentes con el mismo objetivo, el bien común, como los demócratas ven a quienes no piensan como ellos, pero no, lo suyo es dividir y confrontar a los mexicanos, cosa esta sí única en el mundo (en el mundo libre).
Las preguntas que estremecen son ¿a qué horas trabaja el Presidente?… ¿cuándo sostiene acuerdos con sus secretarios de Estado?… ¿de dónde saca tiempo para estudiar y meditar los asuntos nacionales?, misterio. Pero sí tuvo tiempo para escribir otro libro (A mitad del camino), misterio mayor.
Tal vez ese activismo improductivo sea lo que explica la notoria improvisación de algunas de sus decisiones; deje lo del ‘Gas Bienestar’, piense en la rifa del avión sin avión, las fuerzas armadas repartiendo libros de texto, medicinas y juguetes; la cancelación de compras de medicamentos a laboratorios nacionales y corruptos, según él, sin aportar una prueba de su dicho, aunque su decisión cuesta vidas; y no ofrece pruebas de este y ninguno de sus dichos porque él habla “ex cathedra”, desde la cátedra, la silla del maestro, dando lecciones doctrinales
Todo lo anterior para no insistir en la cancelación de muy importantes obras de infraestructura, pública una (el aeropuerto de Texcoco), y privada la otra (la cervecera en Mexicali), o la construcción del trenecito maya o la refinería en Dos Bocas, de las que habremos de esperar pacientemente a los años posteriores a 2024 para enterarnos del fiasco que son y serán.
Como el “hechos, no palabras” apunta que alguien de sus cercanos (el que le escribe guiones), tiene cierta inclinación por las citas latinas, acomoda recordarle otra, “fugit irreparabile tempus”, porque así es: el tiempo se va irremediablemente (Virgilio, Georgicas III, 284; no anda uno inventando), porque entre chiste y risa, ya se le está yendo la mitad del tiempo para el que tiene pactado hospedarse en Palacio Nacional. En serio, lo que sea que quiera hacer, que le apure, mucho.
Como sea, hoy presenta su tercer informe oficial de gobierno y con sus frases machaconas pensará que mantiene camufladas las pifias de su gobierno en salud, seguridad pública, educación y economía. Para él no pasa nada porque nadie lo interrumpe para contradecirlo y su público cautivo parece aprobar sus dichos con su silencio.
Ojalá quien le escribe le dijera una frase atribuida a varios, que reza: “en política como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto está mal”.

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