Estado canalla: La Feria

SR. LÓPEZ

Hace poquito más de cien años, allá en Autlán de la Grana, Jalisco, el clan de la abuela paterna, Elena, los Michel, era muy numeroso y sus mujeres y varones, temidos por igual (“más nosotras”, decía la abuela sonriendo). Cualquier cuenta pendiente con un Michel, se cobraba siempre, aunque hubiera sepelios sorpresa. “Pero no éramos salvajes -explicaba doña Elena-, mandaba mi abuelo y nadie movía un dedo sin su permiso” –y para probarlo, contaba que un tío suyo fue con él a quejarse de otro ranchero que estaba abusando de un trato que tenían: él le vendía toda la leche que le sobraba después de su reparto en Autlán, y el otro estaba obligado a comprarla en el precio pactado, para venderla donde quisiera y pudiera; negocio de peligro en tiempos sin refrigeración. Pero el otro la vendía también en Autlán, más barata que el quejoso. El tío se lamentaba: -Ahora resulta que me compite con mi leche -y el viejo patriarca, lo atajó: -No, no es tu leche, es de él, ya pagada es de él y tú te aguantas con ese trato, por tarugo… o mata tus vacas  –lo derecho es derecho aunque duela.

Sabido es que la 4T desea revertir la reforma energética promulgada el 20 de diciembre de 2013 y publicada al día siguiente en el DOF (Diario Oficial de la Federación), que modificó varios artículos de la Constitución, el más importante, el 27, donde se establece el dominio de la nación sobre todo lo que está bajo el suelo (minerales, petróleo, carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos), como es y siempre ha sido en todos los países que tienen en el Derecho Romano una fuente de eso, de Derecho.

La reforma esa la considera este gobierno como una herejía, un sacrilegio, un incalificable atentado contra la pureza virginal de La Patria (ya sabe quién, la señora de toga blanca de la portada de los libros de texto gratuitos), sin embargo y con todo respeto, como dice ya sabe quién, esa reforma no tijereteó la soberanía sino que desempolvó lo que el Presidente Lázaro Cárdenas planteó en 1940, en la iniciativa de Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional:

“(…) la exclusión de los particulares del régimen de concesiones que el artículo 27 fija para la explotación de los recursos naturales del dominio público, no implica que la Nación abandone la posibilidad de admitir la colaboración de la iniciativa privada, sino simplemente que esa colaboración deberá realizarse en el futuro dentro de las formas jurídicas diversas de la concesión (…)”.

Bueno, pues eso hizo el Congreso de la Unión al reformar la Constitución y las leyes reglamentarias en 2013, agregando en el artículo 25 constitucional que los organismos descentralizados Pemex y CFE pasaban a ser Empresas Productivas del Estado.

Así las cosas, con ese marco legal, México ha establecido compromisos en tratados internacionales de comercio que tienen la misma fuerza de ley que si formaran parte de la Constitución, y contratos con empresas e inversionistas nacionales y extranjeros.

El Presidente sabe que en esta materia no puede reformar la Constitución porque no le alcanzan los votos en el Senado, de manera que se conforma con empujar una reforma de ley que se aprueba por mayoría simple de votos. Lo más probable es que lo consiga. Dependiendo del resultado de esto, ya decidirá si también se anima a repetir la dosis con Pemex.

Hasta cierto punto es lógico que el Presidente ya crea que al caminar no pisa el suelo, todo le sale y su palabra es la ley: dobla al Tribunal Electoral, dobla a la ASF, dobla al Congreso y lo que no dobla, lo ningunea sin consecuencias, sean mujeres que se quejan (delicadas ellas), porque las violan, las maltratan y asesinan; madres de niños con cáncer y sin medicamentos; y tantas, tantas cosas más.

Lo interesante es que en esto de la reforma de la ley eléctrica (por llamarla así), solo que estuviera fuera de sus cabales no sabría que le está picando en muy imprudente lugar al tío Sam. Y solo que padeciera el Síndrome de Superman, creería que le puede ganar unas venciditas a los EUA.

Sabe perfectamente bien en qué se está metiendo y también sabe que el país ya se le fue de las manos. Él puede mangonear todo el aparato federal a su antojo y hacer malabares políticos a su gusto, pero los asuntos nacionales no, esos van por cuerda aparte: inseguridad, crisis sanitaria, crisis económica y todo lo demás que está de cabeza, no se sujeta a su santa palabra, la realidad es autónoma.

La pandemia le vino como anillo al dedo para poder decir: “¡Tan bien que íbamos!” (enero 3 de este año, en su mensaje a la nación); pero la pandemia ya rebasó largamente los límites de lo que se puede aceptar como ajeno a la responsabilidad del gobierno, su gobierno, que está muy al tanto que el número de difuntos por el Covid-19, es similar al de los EUA, y aunque no fuera así, nuestro índice de letalidad es cuatro veces superior al promedio mundial. Tarde o temprano eso se ventilará, igual que su extraño modo de combatir a la delincuencia organizada. Lo sabe.

Entonces, en su lógica de aspirante a prócer, le urge emprender una gesta que explique su fracaso por haberse enfrentado en ‘defensa de la patria’, contra algo que todo tenochca acepte es indiscutiblemente más poderoso que él y su gobierno… ¡los gringos!

Y, sí, los EUA no van a dejar que un señor de Macuspana se limpie el extremo inferior de su sistema digestivo con el T-MEC ni los contratos firmados con inversionistas de allá; a ningún precio, ni siquiera si revientan las industrias de origen yanqui asentadas en México, pueden con eso y con más, pero no van a permitir que el Presidente de México trepe los pies al escritorio del Salón Oval.

El 7 de agosto de 2019, el entonces asesor de Seguridad Nacional de los EUA, John Bolton, anunció ante representantes de 59 países, la Unión Europea y dos organismos internacionales, que nadie debería hacer negocios con Venezuela. Punto. Y al presidente de ese país le dio la bienvenida al “muy exclusivo club de los Estados canallas”… se oye feo, Estado canalla.

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