Estafeta: La Feria

SR. LÓPEZ

Contaba la abuela Elena de su tío Ignacio, al que en Autlán le decían Nachón por lo inmenso. Decía que era un viejo sabio sin estudios que con un rancho ganadero vivía bien viviendo como siempre, gente de campo de costumbres frugales. Ya con los hijos adultos, se puso mala su esposa, tía Tina (Ernestina), y el viejo médico de siempre después de auscultarla, dijo que necesitaba una cirugía de caballo, que se la llevaran a Guadalajara de urgencia. Los hijos fueron por un médico joven casi recién llegado al pueblo, que había puesto en el letrero a la calle de su consultorio que había estudiado en París. Llegó, la revisó y prescribió una larga lista de medicamentos que habían de ir a comprar en Guadalajara. Tío Nachón, mordiéndose los bigotes le preguntó si estaba seguro y el médico respondió que confiara en él; repitió la pregunta tío Nachón y la respuesta fue que él esperaba que la paciente respondiera bien al tratamiento. Tío Nachón poniendo una mano en la cacha de su revólver, le dijo al doctorcito: -Si usted confía en usted, aquí se queda hasta que veamos si me la cura o de esta casa salen dos difuntos ¿confía en usted? –y a Guadalajara se fueron. El joven galeno también se fue, para siempre.

Morena, la esperanza de México, es el lema del movimiento que pudo ser el partido político mexicano más importante del siglo XXI y no es ni será, por designio de su fundador, a quien le hubiera incomodado más que un grano en mal lugar, que Morena fuera un instituto político con vida autónoma, con dirigentes con criterio propio, con cuadros formados en democracia partidista y libertad de pensamiento, que produjera líderes, no discípulos. No, en Morena es obligatoria la sumisión.

No se puede negar el acierto de Andrés Manuel López Obrador, al bautizar con ese nombre a su movimiento, por la semejanza subliminal con la Morenita del Tepeyac, querida hasta por los más conspicuos ateos nacionales. Lo que no es acertado es el lema: La esperanza de México; empecemos por lo que significa ‘esperanza’:

Diccionario de la lengua española; Real Academia Española.- esperanza:

  1. f. Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea (pues sí, para 30 millones pareció alcanzable un México mejor con López Obrador de presidente).
  2. f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad (aunque sea de matemáticas, aplica: ¿valor medio o medio valor?, ¿distribución de probabilidad?: a casi tres años de gobierno parece poca la probabilidad de que Morena pase a los hechos su discurso perpetuo).
  3. f. Rel. En el cristianismo, virtud teologal por la que se espera que Dios otorgue los bienes que ha prometido (solicita el Creador de la manera más atenta, que no lo metamos en estas cosas);

Esperanza de vida.- 1. f. Tiempo medio de vida de un individuo o de una población biológica determinada (pues de aquí al 2024, Morena seguro sobrevive; después quién sabe, aunque alguno de sus integrantes, ya saben quién, anida en el fondo de su cerebelo la esperanza de que se alargue su mandato unos dos años… la esperanza muere al último).

Alimentarse alguien de esperanzas.- 1. loc. verb. Esperar con poco fundamento, que se conseguirá lo deseado o pretendido (efectivamente, con poco, muy poco fundamento).

Dar esperanza, o esperanzas, a alguien.- 1. locs. verbs. Darle a entender que puede lograr lo que solicita o desea (especialidad de Morena, alimentar esperanzas).

Qué esperanzas.- 1. loc. interj. Cuba, Méx. y Ven. U. para indicar la improbabilidad de que se logre o suceda algo (sí, ¡qué esperanzas!, esto ya no cuajó, toda la estructura gubernamental, cruje, los fracasos se acumulan).

Ni el Presidente ni sus cercanos han pensado en cambiar el lema. Mantener la palabra ‘esperanza’, es mantener en el subconsciente de las personas un estado de expectativa, de espera de lo que no se tiene, es conservar vivo el deseo anticipado de algo… y eso, cansa.

Sí, el término ‘esperanza’ está reñido con hechos consumados y logros. Tal vez debieron cambiar el mismo 1 de diciembre de 2018, a ‘Morena, el partido de México’… o lo que fuera, pero no atarse a la esperanza con lo que significa de irreal y abstracto.

Dirá usted que eso no importa y seguro tiene razón, pero no estorba reflexionar en que el fundador de Morena, se encuentre tan cómodo en el terreno de la promesa permanente que entraña ‘esperanza’, con su carga de después, lejos del fastidio de los resultados exigibles. Por eso habla en futuro y pasado, casi nunca en presente. Todo lo delata: la realidad del ahora, lo irrita. Hablar de esperanza no lo compromete hoy, todo queda para un futuro que será mejor porque él lo dice y si los que lo escuchan son gente de fe en él y el mañana, no ha lugar a revisar el presente.

Casi a mitad del sexenio nadie se lo dice al Presidente pero el desaliento sustituye a la esperanza; Morena se disgrega, en entidades y regiones cunde el descontento; los partidos nuevos que aparentaron ser sus ‘socios’, se alejan: antier, RSP, ayer el PES, Fuerza por México cada vez declara con más vehemencia que no es su comparsa, el PT cada vez vota menos en el Congreso, como ordena el Presidente; los diputados de Morena están inquietos, confrontados; en el Senado son evidentes las fracciones de morenistas enfrentados; el Presidente nacional de Morena cada vez más desprestigiado. Y un triunfo electoral de Morena en junio a la vista del 2024, incrementará las ambiciones de grupo y facción. No era así. En la cosa pública la administración de la esperanza suele acabar en la administración del fracaso.

El liderazgo centralizado en una sola voluntad y la evasión de la realidad en política, pueden tener larga vida a condición de no hacerse con el poder. En el poder es ineludible dar resultados y el poder presidencial sexenal mexicano, tiene sus días contados por lo que el liderazgo no puede ser monopolio de una persona; debe haber tropa de refresco. Y en política no existe el vacío, siempre habrá quién tome la estafeta.

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