Falacias sobre voto nulo e independientes

Parece que llegó el momento de que varios de los que aseguraron que el voto nulo ampliaba las ganancias electorales del PRI y el Verde, den un paso atrás, se permitan revisar el fenómeno del voto nulo de forma aislada y sean más cuidadosos cuando aseguren que su resultado lleva inevitablemente a reforzar el peor de los escenarios. Va también esto para quienes descalifican la libre decisión de quienes anulan o se abstienen voluntariamente, asegurando que nos autoanulamos.
Al país no le viene mal dejar esas lecturas estereotipadas a un lado, hace falta que quienes hacemos análisis y propuestas de política pública nos permitamos leer la protesta en la boleta electoral con ojos menos inquisitivos y más incluyentes.
Los cambios de color en el pastel de delegaciones del Distrito Federal son un buen ejemplo. Por lo visto, el cielo no fue rojo en las delegaciones en donde el voto nulo fue sumamente alto. Para quienes apostaban a que el voto nulo beneficiara al PRI, miren los miles de votos nulos que invadieron las urnas en Coyoacán, Tláhuac, Iztapalapa, Cuauhtémoc y Tlalpan, en donde el PRI no tuvo posibilidad alguna de triunfo y en cambio se abrió la puerta para que en la mayoría de ellas, Morena como partido nuevo, resultara beneficiado. O si se quiere hacer una lectura desde los triunfos del PRI en las delegaciones del DF, los invito a revisar las delegaciones en las que el voto nulo fue más bajo, pues resulta que ahí coincidentemente el PRI gana en los resultados preliminares de: Cuajimalpa; Magdalena Contreras y Milpa Alta.
Un ejemplo que obliga a una lectura más cuidadosa del anulismo es la decisión de quienes fueron anulistas y se encontraron ahora con opciones atractivas en la boleta. La posibilidad de que un candidato independiente pudiera contender por una gubernatura hizo la diferencia. Las reglas que se establecieron fueron cerradas además de que las posibilidades para contar con suficientes candidatos independientes en las boletas para diputaciones federales fueron muy escasas. Sin embargo, no está de más ver cómo en Nuevo León el porcentaje de voto nulo fue raquítico. Sirve también para que reflexionen aquellos que aseguran que el voto nulo por error siempre alcanza el 2% y que no aceptan que si lo rebasa responde necesariamente a una protesta. Pues fíjense que con la opción del Bronco en Nuevo León el voto nulo se redujo considerablemente en comparación con la elección del 2009, así que podríamos concluir que algunos de quienes conformaron el 3.2% de los que no se sentían congruentes al votar por las opciones electorales en aquel momento, encontraron ahora una opción aparentemente distinta y consecuentemente el voto nulo en la elección a gobernador no rebasó el 2.5%. Lo mismo sucedió con la oferta electoral de Movimiento Ciudadano, que optó por el candidato apartidista Enrique Alfaro, quien logró el triunfo como presidente municipal de Guadalajara y convenció al anulismo más radical.
Para quienes culpaban al voto nulo del fortalecimiento del PRI en la Cámara de Diputados, su conclusión queda cimbrada con el 4.90% del voto nulo que claramente no trajo consigo ningún incremento de curules para el Revolucionario Institucional y que sin embargo, presumiendo sin conceder que el voto nulo repercuta en repartición de votación, permitió que se introdujeran Morena y el Partido Encuentro Social en el juego legislativo.
Tanto en 2009 como ahora Colima se caracteriza por su bajo voto nulo y ahí están los buenos resultados del priísmo. ¿Alguna duda? Guerrero y Sonora tampoco presentan un alto voto nulo, así que el PRI no tiene nada que agradecerle a los anulistas.
Es muy frustrante ver que Enrique Peña Nieto, cuyo partido retrasó y limitó las candidaturas independientes, salga a decir que son producto del Pacto por México. En fin, el autoengaño del Ejecutivo refleja su menosprecio bien comprendido por el anulismo. Hemos avanzado y sería mezquino negar que buena parte de este avance se debe a quienes vieron en el voto nulo una protesta contra la partidocracia oligarquizada y que han dado la lucha para hacerle contrapeso.

Por Maite Azuela
Analista política y activista ciudadana
EL UNIVERSAL

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