Feliz, feliz, feliz: La Feria

SR. LÓPEZ

A tío Marcelo no lo calentaba ni el Sol desde que lo dejó su esposa, tía Eugenia (espectacular señora capaz de hacer perder el paso al pelotón de Dragones de la Reina), tía que conservó el cariño de la familia y no era raro verla en reuniones de la tribu materna. En una de esas, una señora de las que nunca faltan (tía Pepa), le dijo que le diera una oportunidad al tío, que seguía arrastrando la cobija por ella; que recordara sus virtudes: atento, simpático, amable, servicial, padre cariñoso y buenísimo bailando (para las señoras es virtud). Tía Eugenia respondió: -Marcelo es todo eso y algo más que no puedo comentar, pero era muy cumplidor, ustedes me entienden -intercambio de miradas de coquetería pícara entre las matronas presentes-, y la verdad, lo dejé solo por dos cosas en las que siempre me falló: es infiel, no puede evitarlo -llamados a la comprensión y tolerancia, de parte de las damas y alguna que sermoneó: ‘asíson… ya con la edad’; pero la tía agregó-, y no daba el gasto: inmediato coro vivaz de repudio de todas las ahí presentes. Hay límites. Pues sí.

Este domingo se llevó a cabo en el Zócalo de la capital del país, sincero y sentido acto autoalabatorio de nuestro Presidente. Le salió bien: los autobuses se estacionaron con orden; se repartió el ‘lonche’ a todos sin contratiempos; contrataron a los suficientes tenochcas como para casi llenar la plancha de la Plaza Central; los que tenían que apapacharlo, lo hicieron con entusiasmo y sin abusar (luego sobreactúan y magullan al prócer del caso); se retiraron pausadamente. ¡Padre!

En el apretado resumen que hizo de este su primer año de gobierno (hora y media), nuestro Presidente aceptó que todavía no hay resultados en crecimiento económico y seguridad pública. ¡Ah, bueno!

Esas son las principales asignaturas. No hay seguridad pública y se ha agravado la situación. El mismo 1 de diciembre, mientras él recibía su baño de muchedumbre bajo pedido, en el país se experimentó el día más violento del 2019, detallito que a cualquier otro lo hubiera dejado frío, pero no a él: él no es de esos. Y en economía, ayer lunes el Banco de México ajustó su expectativa de crecimiento para este año al cero por ciento y para el 2020, al 1.07% (‘porque crece la incertidumbre política’, sic).

O sea, todo bien: el Presidente vive en Palacio; no usa el avión presidencial (lo seguimos pagando); se hizo la contrarreforma educativa; se creó el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (el antes Instituto de Administración de Bienes y Activos, luego Instituto de Administración de Bienes y Activos y ahora IDPR… digo, ya en ese plan, podrían ponerle a Gobernación, Secretaría Florero; a Hacienda, Secretaría de Crédito y Cobranza; y al SAT, Instituto para Robar al Pueblo lo Ganado, digo).  Repito, todo está bien menos dos detalles: seguridad pública y economía… ¡ay señorcito!, eso es lo que puede echar su gobierno al cuarto de los trebejos (¿4T?).

Por su lado y el mismo día, hubo marchas reclamando al Presidente, pidiéndole su renuncia (¡ni lo mande Dios!), y exigiéndole que abandone su política de intercambio de abrazos por balazos. Pero ni por lo numerosa que fue la marcha en la capital del país, ni porque se replicó en 36 ciudades de 18 estados de la república (informa la prensa nacional, uno qué va a saber), mereció alguna consideración de parte del Presidente quien en su conferencia mañanera de ayer, los calificó de conservadores y con eso tuvo bastante: a otra cosa, no cuentan, no pintan, son parte del lastre nacional (junto con fifís, neoliberales, prensa vendida, integrantes de la mafia del poder… sí, esos, algunos de cuyos más destacados -y señalados-, representantes, estuvieron en Palacio hace pocos días para comprometerse a invertir la friolera de 859 mil millones de pesos en el resto del sexenio… si les asegura el cumplimiento de contratos -Texcoco no se olvida, ni los gasoductos, ni la cancelación de las rondas petroleras-, y SI se recupera la seguridad pública… o sea: no). Pero, a lo de ahora: las marchas multitudinarias reclamando al Presidente no cuentan, son conservadores (eso les quita lo mexicanos, ‘pa que se lo sepa).

Igual, ayer nuestro Presidente dijo estar feliz, feliz, feliz. Y le funciona: todo lo sostiene su palabra (la corrupción ya no existe, a ver aléguele). Los hechos tan contradictorios al discurso, se evaporan ante sus dichos. Parece que la baba presidencial es lo único en la naturaleza, más resistente que la tela de araña (cinco veces más resistente que el acero, treinta veces más elástica que el nailon). Pero alguien debía advertirle que eso es muy peligroso y de hecho, es el peor escenario para un político: los dichos tienen que coincidir con la realidad o tarde o temprano, cada vez que abra la boca le tocará rechifla (no, no de huestes convocadas al Zócalo), que es la razón por la que los presidentes procuran dosificar sus discurseo… pero para conferencia de prensa diaria, no hay defensa.

Tienen que creernos, nadie con la cabeza en su lugar puede alegrarse de que se pierda el sexenio, de que el país sufra el agravamiento de la actual situación. No está el palo para cucharas. Y eso de que terminado este gobierno será irreversible la marcha atrás, porque los ‘conservadores’ van a sentir que se les cae la cara de vergüenza si intentan anular el rosario de cambios constitucionales (¿quién prometió no cambiar la Constitución?, ahí se acuerda), eso sí es increíble que lo crea el de la voz, él, precisamente él, nuestro Presidente, timonel mayor del Congreso.

Tienen que creernos, va a ser amargo nuestro regusto si en 2024 tuviéramos que cantar: que seas feliz, feliz, feliz/ es todo lo que pido en tu despedida./ No pudo ser después de habernos prometido tanto/ por todas esas cosas tan absurdas de tu mente./ Nunca podrás contar con nadie/ no importa donde estés/ al fin que ya lo ves/ quedamos muy decepcionados./ Y entre reproches y con llanto/ nomás por no escucharte/ vete y que seas feliz, feliz, feliz.

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