Flojitos y cooperando: La Feria

SR. LÓPEZ

Murió tío Anastasio (Tacho, en confianza, usted no le diga así), y heredó su inmensa casa estilo ‘Art Nacó’ a su viuda, tía Marita, pero el negocio, lo dejó a partes iguales a ella y sus nueve hijos (cuatro varones y cinco nenas, a esas alturas, todos casados). El negocio era una mina de oro disfrazada de ferretería; para que tenga una idea: el mostrador medía 30 metros de largo y los empleados se bañaban en sudor atendiendo 12 horas al día, los 365 días del año, a una siempre interminable clientela. Al principio, los hijos, de mil amores, aceptaron que su mamá manejara el negocio, pero antes de dos años algunos empezaron a estar en desacuerdo en cómo hacía las cosas y tía Marita los juntó para decidir qué hacían porque no quería disgustos con ninguno. Probaron toda variante posible: administrando los varones; administrando las mujeres; administrando un año cada hijo. Poco a poco las diferencias opinión llegaron a pleitos a navaja y la ferretería iba en picada. Tía Marita fue a ver a un compadre suyo, sólido hombre de negocios, para pedirle que le aconsejara a cuál hijo poner al frente de la ferretería, con toda la responsabilidad; el caballero le contestó: -Comadrita, comadrita… a ninguno, a ninguno… véndalo, véndalo, ahorita todavía vale algo, todavía vale algo –y por no hacer caso, aunque el señor todo le dijo dos veces, quebraron y los hijos quedaron odiándose entre acusaciones cruzadas de deshonestidad o imbecilidad. Fue horrible.

La prensa nacional reventó ayer el cuete de que los partidos políticos de esta nuestra risueña patria, ajenos a la austeridad franciscana que se supone campea por el territorio nacional, impermeables a la prédica de nuestro Presidente acerca de la virtud de la santa pobreza, no solo no bajaron el importe del presupuesto que se asignan a ellos mismos, sino que lo aumentaron para el próximo año, de 4,965 millones de pesos (mdp), a 5,239 (un 5,5% más).

Le tocan 1,760 mdp a Morena; al PAN, 970; al PRI, 914; al PRD, 451; al Verde, 431 (!); a Convergencia, 415; y al PT, 395 mdp. Si usted está pensando en arriesgar su dinero poniendo un sanatorio, una escuela, una fábrica o un servicio eléctrico las 24 horas (a pie de carretera), se le recomienda que recapacite: el gran negocio estelar, con cero riesgo, en este país, es registrar un partido político. No falla, se invierte poco y cuando el INE le revise las cuentas, si se embolsó el 90% del presupuesto, le asegura este menda que le alcanza para pagar la multa y salir ganando.

Poco sería ese dineral si los partidos cumplieran con la importantísima función que deberían desempeñar en beneficio de la sociedad. Si formaran a sus cuadros, si asumieran la responsabilidad por la mala actuación de los candidatos de ellos, que ellos designan, a los cargos de elección popular. Si a lo largo de los no pocos años que tienen de existir realmente, ya hubieran conseguido que México rebosara de ciudadanos formados en las más puras tradiciones (?) democráticas, todos (o muchos), con espíritu cívico, siguiendo el buen ejemplo de los partidos que los representan.

Para empezar es muy dudosa la militancia de la que alardean. No es posible verificar si el tenochca simplex (chancla pata de gallo, camiseta arriba de la panza, Caguama en mano), que dice pertenecer a un partido y dicen se inscribió como militante de una formación política, de veras participa en ella, pues lo normal es que simplemente hayan aceptado que los inscriban (previa inclusión en algún programa de ‘apoyo social’ o mediante la cívica entrega-recepción de modesta despensa, paca de láminas de cartón corrugado o promesa de obra pública).

Para seguir, se supone que el Estado financia a los partidos políticos, para asegurarse que no reciban dinero de empresarios (que luego cobran muy bien cobrado), ni de la delincuencia organizada o gobernantes con acceso al erario, cuantimenos (¡Dios nos libre!), de gobiernos ni empresas extranjeras. Pero, reciben dinero de todas esas envenenadas fuentes y hasta los hay que venden las candidaturas en moneda de cuño corriente (aparte de no pagar completos los gastos de campaña… pasa).

Lo anterior puede llevar a concluir que sería mejor no darles un centavo (ni uno), y exigirles informes rigurosos sobre el origen del dinero con que se financian, pero (¡pero!), en esta nuestra risueña patria el más ingenuo sabe que harían trampa (como ahora hacen), y sus informes serían de fantasía (como ahora son). Y precisamente por eso es que puede ser válido dejarlos sin presupuesto oficial: si ya hacen trampa con el financiamiento, si ya es muy de dudarse que cada peso que sale de nuestros impuestos a su favor se administre con honestidad, pues que cuando menos, no nos cuesten y que los que les den dinero sean los que les exijan resultados. Mmm…

Considerando que quitarles el presupuesto oficial sería dar el pistoletazo de salida a alimañas muy peligrosas, entonces habría que pensar en otros instrumentos de control modelo Torquemada. Por ejemplo: que cada candidato derrotado devuelva al Instituto Nacional Electoral, el importe completito del presupuesto que supuestamente le entregó su partido para su campaña: ¿perdiste?, ¡devuelves!… ya se iban a pensar muy bien las cosas los suspirantes a candidaturas, antes de meterse en un lío que les iba a costar un dineral, de su bolsillo (o del partido).

La realidad es que no hay solución. Es como ponerle reglas y más reglas a una mesa de tahúres. Nada sirve, son tramposos, tramposos profesionales. Lo mejor es cerrar la mesa y cancelar la partida.

Lo peor es que el país necesita a los partidos políticos. No podemos imaginar el despelote modelo Hiroshima-Nagasaki que tendríamos sin ellos, así como son, fallidos y sin representar casi nada, los necesitamos. México no tiene otro camino que seguir aparentando que es una democracia, con la esperanza de que algún día lo seamos… y nomás de pensar que Morena es considerado ¡partido político!, dan retortijones. Ni modo: flojitos y cooperando.

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