Florería Palacio: La Feria

Sr. López

Tía Pepina (originalmente, Josefina), fue siempre un manual de buenas maneras andante, aparte de ser la campeona mundial y olímpica en consentir sobrinos (“porque no tuvo hijos”, decía frunciendo la boca la Jefa de Disciplina que domesticó a este menda). Era divorciada (no, era “dejada”, así se estilaba en esos tiempos), y siendo tan fina de modos, si por cualquier razón salía en alguna plática el que había sido su marido, era divertidísimo oírla hablar como carretonero, como sargento asustando reclutas, como briago de pulquería: lo detestaba con toda el alma. Ya más grandecito este menda supo la razón por ella misma: su esposo la convenció de ir a un viaje de tres semanas a Tierra Santa y Roma que organizaba el señor cura párroco cada año; su esposo no podía ir, pero le dijo que no debía desaprovechar; y allá fue la tía, para encontrar a su regreso que el tío había levantado el vuelo, así nomás, sin un recadito ni explicación, nomás se esfumó y en su casa estaba otra familia porque su maridito vendió la casa, con todo dentro. Tipo infame.
El 13 de julio pasado, Olga María del Carmen Sánchez Cordero Dávila, conocida por todos como Olga Sánchez Cordero, declaró: -“(…) hay Secretaria de Gobernación para rato” –y agregó que terminando ese encargo, pensaba en jubilarse. Bueno, sí, el 16 de julio cumplió 74 años.
Antes, desde julio de 2019, el propio Presidente de la república había dicho: -“Estamos muy contentos con ella (…) no queremos que se vaya”.
Ayer presentó su renuncia porque quiere irse al Senado a ocupar su escaño, según explicó el Presidente en el video en que anunció su reemplazo en la Secretaría de Gobernación, por Adán Augusto López Hernández, quien tiene que solicitar licencia a su Congreso al cargo que tiene de gobernador de Tabasco (seguro se la conceden, todo sea por la patria).
Cosa rara tal cambio de planes de parte de doña Olga, quien un día antes de su súbito amor por la curul, fue a la reunión plenaria de Morena en San Lázaro, y manifestó en su calidad de Secretaria de Gobernación, a quienes asumirán de diputados federales el próximo miércoles, que “en lo que queda de la administración, el diálogo con los gobiernos locales y legisladores de oposición será permanente, constante, fluido y afectuoso”. Ella se refería a los tres años y medio que quedan de sexenio, pero le quedaban 24 horas de diálogo “permanente”, porque al día siguiente le dijo al Presidente que se moría de ganas por regresar de Senadora.
No se le puede regatear al Presidente que se portó caballerosamente con la señora: en lugar de decir que la corría, afirmó que le daba su gusto de irse a legislar. Está bien. Hubiera estado mejor que no la hubiera dejado ir a la plenaria de Morena en San Lázaro a hacer el papelazo… diálogo permanente
Doña Olga es senadora plurinominal con licencia y ayer mismo remitió oficio al Presidente de la Mesa Directiva del Senado, para que vayan desinfectando su curul, que ocupó como suplente la distinguida Jesusa Cervantes (¿le tocará indemnización por despido injustificado?… sería bueno).
Hay versiones que apuntan a la insatisfacción del Presidente sobre el desempeño de doña Olga en Gobernación. Son calumnias. Sí metió algunas patas y se enredó gratis en controversias y escandaletes como haber dicho que el “bonillazo” -la prolongación inconstitucional del mandato de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California-, era legal, pero esas cosas al Presidente no le mueven un pelo pues está muy claro, para él la honestidad y la lealtad son lo mero importante y ahí sí: doña Olga, honesta, es y leal, leal hasta la ignominia, como cuando el 6 de marzo de 2020, le hizo el quite al Presidente con el asunto de la inseguridad y la violencia contra las mujeres; si no se acuerda, se lo transcribo:
“Los problemas que sufre México de inseguridad, impunidad, corrupción y violencias -sic- contra las mujeres se deben a un fallo en el sistema de justicia, que abarca a todas las fiscalías y procuradurías locales del país, por ello es un tema en el que se debe poner atención”. O sea: no le anden echando la culpa de nada al Poder Ejecutivo, ni se les ocurra. Amor del bueno.
Y tan el Presidente está muy satisfecho de la labor floral de doña Olga, que la deja irse a ocupar su curul de senadora, pudiendo echar a andar a alguno de sus fieles para recordar a la nación unos datos francamente muy incómodos:
Doña Olga fue ministra de la Suprema Corte del 26 de enero de 1995 al 30 de noviembre de 2015. Doña Olga es senadora con licencia, cargo que obtuvo a resultas de las elecciones del 1 de julio de 2018.
¿Y qué?, dirá usted. No, nada, solo que es ilegal. Doña Olga NO puede ser senadora de la república según manda la Constitución, que dice en su artículo 58 que los requisitos para ser senador son los mismos requisitos que para ser diputado (menos la edad, pues deben tener 25 años cumplidos el día de la elección). ¿Y?, usted insiste… a ver lea abajo lo que ordena la Constitución en el artículo 55 (requisitos para ser diputado), en el segundo párrafo de su fracción V:
“No ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (…) salvo que se hubiere separado de su encargo, de manera definitiva, tres años antes del día de la elección”.
No le salen las cuentas a doña Olga. No tenía tres años de haberse separado de su cargo de Ministra de la Corte el día de las elecciones de 2018. Le faltaban cuatro meses completos. Será un detalle sin importancia para algunos, pero “dura lex, sed lex”, se dice desde hace siglos; la ley es dura pero se aplica; si le faltara un día, igual: no podía ser senadora ni diputada. Secretaria de Gobernación, sí, pero ya ve, de un día para otro le entró la pasión por legislar.
Por supuesto en nuestra querida patria que sabe sufrir y cantar, no se rasgará el velo del templo por este rayoncito a la Constitución. Ejercerá doña Olga de senadora, a menos que algún malvado quiera exhibirla como violadora.
Así estamos. No pasa nada. Una aventura más de la Florería Palacio

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