Frente al espejo: La Feria

SR. LÓPEZ

Le guste a quien le guste y le purgue a quien le purgue, Andrés Manuel López Obrador es el Presidente de la república y se terció la banda presidencial con el voto de 30 millones 113 mil 483 satisfechos tenochcas (se dice fácil pero todos los otros candidatos juntos, sumaron 24 millones 860 mil y pico de votos… de ese tamaño fue la revolcada que les puso); la legalidad de su mandato es incuestionable, tanto como la gran verdad de que a nadie conviene un Presidente fracasado. En serio: se necesita estar loco para desear un Presidente fallido.

Por eso mismo no se puede pasar por alto la constante denuncia pública que el Presidente hace sobre las intenciones de sus enemigos a los que denomina de tantas maneras que se presta a confusión. Intentemos aclarar al menos esto: ¿quiénes son los enemigos del Presidente?

Para muchos de sus adeptos la premisa es que el Presidente quiere solo cosas buenas para México; de eso, algunos plantean un silogismo de hamaca: el Presidente quiere a México; hay quien no quiere al Presidente: el que no quiere al Presidente no quiere a México. Y francamente no, esa no puede ser la conclusión.

Si estamos de acuerdo en que no es enemigo del Presidente el que piensa diferente que él sobre el modo de resolver las grandes cuestiones nacionales, ¡vaya! ni siquiera aquellos a los que cae en la mera puntita del hígado y hasta le desean males (allá ellos y sus conciencias), digamos entonces, si le parece bien, que es enemigo del Presidente quien estorba sus planes, contradice su discurso, le lleva las contras y propicia el fracaso de su proyecto de nación, aceptando como verdad revelada que es el óptimo, el mero bueno, el que el país necesita.

Así las cosas, no son sus enemigos los partidos políticos opositores: forman parte del mosaico de la vida pública nacional, al igual que los empresarios y los tenochcas simplex que no están de acuerdo con sus ideas y maneras de conducir los asuntos de interés público. También hay que quitar de la lista de enemigos a los conservadores, que representan una legítima postura por equivocada que fuera; a los neoliberales si es que existen y conformaran una corriente de pensamiento homogéneo; a los fifís, que ser perfumado no es delito y francamente, qué envidia nacer rico; a los ‘machuchones’, papás de los anteriores; a la prensa crítica, cuya existencia es propia de la naturaleza de los estados democráticos o los no dictatoriales ni totalitarios, para no tener que revisar eso de ‘democráticos’; a los órganos autónomos del gobierno que regulan, evalúan y controlan sin estar bajo la autoridad del Ejecutivo; a las ONG’s que son esa incómoda compañía inevitable en donde hay libertad; y a todos los que marchan y protestan con razón y sin ella, como en su tiempo hizo tanto quien hoy es titular del Ejecutivo federal.

No se decepcione pensando que este su texto servidor le va a salir con la tontada de que no tiene enemigos el Presidente: los tiene y son de cuidado.

En primer lugar su partido, el que fundó constituido por un núcleo duro que sin sonrojos se declara amigo del chavismo-madurista de Venezuela, respetables marxistas unos, simuladores otros, pero todos alejados de la realidad por la que discurre la vida del país, acotada por compromisos internacionales ineludibles, acuerdos económicos y comerciales indispensables y bajo la influencia inevitable del poderoso vecino del norte. Aparte de ese cogollo de izquierda militante, Morena se conforma en su mayor parte (mucho mayor), por un muégano variopinto de intereses de toda laya que hacen el caldo de cultivo ideal a la intriga perpetua, al no poder llegar nunca a ningún acuerdo y ser fuente de escándalos políticos y económicos por hechos de corrupción que delatan unos contra otros, ¡qué batidero! Su partido así, le estorba al Presidente, por algo lo trata con desdén, por algo ha llegado a amenazar con abandonarlo, por algo creó la estructura paralela de los Siervos de la Nación.

En segundo lugar, son enemigos del Presidente los partidos con que se alió. Ni el partido Verde ni el del Trabajo, comulgan con el proyecto de país del Ejecutivo, ambos se dedican al juego de las alianzas para mantener registro e ingresos; ambos cargan al lomo sus respectivos sacos de sospechas por malos manejos, sobornos y corruptelas. Y encima, el historial de cada uno certifica las bondades de la cara dura en política: el PT ha sido aliado electoral del PRI, PAN, PRD, PVEM, Convergencia, PCD, PAS, PSN, PANAL; y el Verde es la formación política aventurera en México, vende caro su amor y le funciona, se ha aliado al PRI, PAN y PRD, se coaligó a las candidaturas a la presidencia de Fox, Madrazo, Peña Nieto ¡y Meade!, sin empacho de lo cual hoy es aliado de Andrés Manuel López Obrador, ¡chulada de máiz prieto!

En tercer lugar, son enemigos del Presidente los que forman su porra perpetua junto con los que le dicen a todo que sí, ocupados en cuidar de sus intereses personales. Los primeros, sincera o fingidamente, aplauden todo lo que hace y dice, entran a Palacio con los bolsillos llenos de confeti, matraca en mano, listos a desgañitarse con alabanzas de pena ajena y bramar en contra de cualquier crítica; estos, sabiéndolo o no, engañan al Presidente y lo llevan poco a poco a creerse salvador de la patria, mesías redentor todo-terreno; no, no ayudan. Y los segundos, los de lomo fácil, los que le dan por su lado para seguir en sus afectos, mientras lucran con el erario y construyen su futuro político personal, esos son los peores; el Presidente ya en varias ocasiones ha tenido que extender su manto protector para protegerlos tal vez convencido de su lealtad, la que a él le gusta, la ciega. Entre ambos mantienen al Presidente en una atmósfera de triunfalismo infundado, propician que se equivoque, que se equivoque más.

… pero, ¡espere! (como dicen en los infames ‘infomerciales’), todo eso lo construyó y decidió él, el Presidente, y eso no tiene remedio, a ver quién lo pone frente al espejo.

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