Galimatías

Suchiate y Bravo. Marimba y reggae
Ernesto Gómez Pananá
Una, dos, tres, cuatro caravanas de migrantes centroamericanos y caribeños en Tapachula, hacinados, desesperados por no poder avanzar en su ruta al norte. Las escenas provocan angustia y preocupación. El reto, que no es sencillo, tiene al menos dos aristas y un núcleo central. Me explico.
Arista 1. Miles de seres humanos en busca de un mejor destino que forzosamente atraviesa nuestra frontera sur. Una estridente marea afroamericana protestando en créole -la lengua haitiana que deriva del francés- por carecer del permiso para poder avanzar hacia los Estados Unidos.
Se trata de cientos de personas que dejan su país de origen a causa principalmente de la pobreza y que suelen cruzar el Río Suchiate sin dinero, sin posesiones. Solamente con una esperanza.
Ante este flujo permanente de migrantes, el contexto se altera: es necesario auxiliarlos. Comida, techo, medicinas, empleo temporal. Multiplicado por miles de personas y por miles de pesos. De no ser por los compromisos de nuestro país con los Estados Unidos, “bastaría” con dejarlos transitar. No es en México donde desean trabajar.
Arista 2. La presión del gobierno norteamericano la vivimos intensamente durante el periodo de Trump. Sus modos rústicos y ganteríles obligaron a controlar el flujo migrante cuatro mil kilómetros antes de que llegaran al Río Bravo. Con Biden las formas son más elegantes y educadas, pero el fondo no cambia. Se ofrece colaboración en desarrollo y generación de empleos en Centroamérica. A cambio el compromiso de México es contener la migración en el sur y evitar así un problema con el norte. Nada fácil.
Núcleo. El fenómeno es multinacional y masivo. En el caso mexicano lo atiende centralmente el gobierno federal, tanto con los gobiernos centroamericanos como con las personas migrantes y con el gobierno de Biden, pero los efectos locales son también de gran impacto. Basta ver la presencia en Tapachula de centenares de personas migrantes. Enorme simbolismo este de que una región que se formó también gracias a la llegada de olas de migrantes japoneses, chinos y alemanes en los anteriores dos siglos, hoy sea el epicentro en el que, inevitablemente la cultura de quienes llegan -centroamericanos y caribeños- se mezcle con lo que en esta frontera somos. El fenómeno es inevitable y más nos valdría asumirlo y prepararnos. Incluso entenderlo como un fenómeno que también nos enriquece. Cosa de tiempo. De generaciones.

Oximoronas
El gobierno de la CdMx anunció hoy que la estatua de Cristóbal Colón que durante décadas ocupó la glorieta del mismo nombre en Paseo de La Reforma se retirará de manera definitiva y en su lugar se instalará una estatua en honor de las mujeres indígenas. Símbolos que cambian.

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