Grillos tristes: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Sara, del lado paterno-autleco, era enorme de estatura y diámetro; su marido, tío Ulises, era esmirriado y con peor carácter que un recién embargado, pero de alguna manera que nunca dijo, tenía a tía Sara comiendo de su mano; era molesto verla siempre sumisa, dócil y complaciente. El tío llegaba de madrugada casi diario y ella lo esperaba en la cocina con la cena lista por si llegaba con hambre; por las mañanas le preparaba el baño y si estaba con pulso de maraquero por sus habituales crudas, lo rasuraba, lo peinaba, lo ayuda a vestirse y lo calzaba, alegre como castañuela. Tuvieron cinco hijos varones y nueve mujeres que fueron crecieron y largándose, hartos de los abusos del papá. En una sobremesa en casa de la abuela Elena, prima de tía Sara, alguien dijo que iba siendo hora de ‘poner remedio’ a esa situación y entre autlecos de los de esos tiempos, eso anticipaba funeral, pero la abuela atajó: -No se metan… Ulises es un sapo y Sara una tonta, pero una tonta muy contenta con su sapo… -y tan tan, años después cuando murió él, tía Sara berreó como si hubiera enviudado del Rey de Francia. Cada quien sus gustos.

‘El rozón de Guadalupe’, gran producción de ‘Morena Videos’, mantiene su ‘raiting’ a pesar de los malos augurios de los críticos especializados en el género, quienes afirmaban en diciembre de 2018 que era insostenible un ‘show’ de un solo hombre, siempre haciendo el mismo papel -el de ‘señor presidente’-, que caracteriza hace décadas, con el mismo guión, ahora de lunes a viernes más sus apariciones especiales los fines de semana en giras por el interior del país que recuerdan las de los ‘carperos’ de antes, nada más que sin vedetes.

Hay quienes dicen que la compañía que lo sostiene, paga a quienes hacen de público, pero las encuestas especializadas de la farándula sostienen que al menos más de la mitad del público delira por ‘Andrè Manuel’, el primer actor de este espectáculo con patiños que hacen el papel de reporteros excéntricos que recuerdan a los Xochimilcas, y actores de reparto de su propia cuadra o la del estado en que se presente.

Pero precisamente esas encuestas alimentan las suspicacias por lo extraño de que no disminuya el número de sus fanáticos aunque su repetitivo monólogo cotidiano lo diga hablando cada vez más despacio, se le enreden personajes, olvide sus líneas o francamente improvise diciendo lo primero que se le ocurre, pues como él mismo ha confesado, ni prepara sus presentaciones.

A la par de esas controversias, algunos espectadores a los que las nieves del tiempo platearon su sien, recuerdan que ese mismo portento de rara celebridad se ha observado con otros espectáculos y primerísimos actores cuya temporada final siempre ha sido catastrófica. Citan el caso del afamado Luis Echeverría, quien cosechó aplausos, porras y matraqueos muy entusiastas durante seis años de presentaciones, para acabar siendo repudiado por amplias mayorías, igual que sucedió a otros aparentemente muy en los afectos del gran público: López Portillo, Salinas, Fox y Peña (un galán efímero). Así, estos críticos de la vieja guardia insisten entre bostezos que no es nada nuevo este fenómeno y aseguran que terminará como todos sus predecesores: en el basurero de los anales del aburrido espectáculo de la política bufa. Es cosa de no tomarse las cosas a la tremenda y esperar la llegada de la gran función del 2024: seis meses de trepidantes emociones y telón final en Palacio, hoy Teatro Nacional.

En temas más serios: antier el ciudadano Presidente de la república, cimbró la conciencia nacional con unas cuantas frases, tome nota: “Que se viva en la justa medianía, no con las extravagancias que han caracterizado a los gobiernos y a las sociedades del mundo, los lujos. Con esto del COVID, hasta en el deporte, ¿le van a seguir pagando a un deportista tanto para que tenga uno, dos, tres, cuatro, cinco o 10 Ferraris en un mundo tan desigual?”

¡Así se forjó el acero!… nueva gesta para este nuestro México en transformación. Ahora, pidamos una consulta popular para obligar a los clubes deportivos a pagar salarios modestos, mejor aún, franciscanos, a esos inútiles que dedican su vida a patear pelotas, sin aportar al bienestar patrio.

Lo malo es que ya hay quien se puso a hacer cuentas y cayó en cuenta que esos deportistas, aparte de generar inmensos negocios que mantienen a millares de familias, aportan carretadas de dinero al erario, pagando impuestos sobre sus ingresos y la tenencia de sus carrazos, que pagan con su dinero, no con aportaciones del pueblo bueno, ‘como otros’, agregan con mala intención.

Y sí, piense en cuánto le ha costado al país el entenado de Palacio Nacional, Andrés Manuel López Obrador. Recapacite en que fue empleado de gobierno de 1977 a 1982, y nunca tuvo trabajo desde ese año hasta el 2000 (en que ganó la Jefatura de Gobierno del entonces D.F.), y de 2006 a 2018 ¡otra vez a las andadas! Suma 30 años de vivir sin oficio ni beneficio. Haga números, calcule cuánto le costó mantener a su familia, cuánto gastó en su permanente vida de activista político… son 360 meses, de a 40 mil, da 14 millones 400 mil, de nuestros bolsillos, sin considerar lo que han costado sus campañas políticas… y ni piense en lo que han costado al país los daños por él provocados: toma de pozos petroleros, marchas, plantón en Reforma (2 mil millones de pérdidas comerciales más miles de empleos perdidos). Los daños provocados en su presidencia es temprano para cuantificarlos, pero cancelar el aeropuerto de Texcoco costó 240 mil millones de pesos; por la clausura de la cervecera en Mexicali, 33 mil millones a pagar; pérdidas de Pemex en este año, 600 mil millones…

No sé usted cómo la vea pero la austeridad franciscana de nuestro Presidente, es todo un lujo, un lujo que pagamos entre todos y prepárese porque lo caro será cuando termine de transformar a México y lo deje listo para reconstrucción… ¡ah! la historia tendrá un capítulo especial de ‘Memorias de nuestros grillos tristes’.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *