Güilas finas: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Luisa era del lado materno toluqueño, decían que había estado casada con un tal Luis (en serio); de ella destacaba que era divorciada, contra las férreas costumbres católicas de esa rama del berenjenal genealógico de este menda. De niño uno hablaba cuando las gallinas cantaban, pero ya más grandecito, su texto servidor preguntó a la ya anciana tía porqué se había divorciado y con rara vehemencia, respondió que ni le recordara la peor ofensa que había sufrido en su vida. En esos casos se recurría a Pepe, el más impresentable -y bien informado- primo que tenerse pueda, que casi soltó la carcajada ante la pregunta: -El tío ese estaba enfermo de celos y una vez que salía de viaje de trabajo, se le ocurrió pedirle a tía Luisa que le firmara un compromiso de que no le iba a poner cuernos –y la tía ante tan inconcebible afrenta, aparte de no firmar nada, lo recibió al regreso del viaje con la demanda de divorcio… y chapa cambiada, eso también.

¡Ay, qué emoción!, el Ejecutivo federal y 31 gobernadores firmaron antier en la casa del Presidente (antes Palacio Nacional), un documento que se llama “Acuerdo Nacional por la Democracia”, en el que se comprometen a respetar la ley electoral a la vista de las próximas elecciones del 6 de junio (aplican restricciones, el Presidente de la república, con permiso del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación –TEPJF-, se baila una guaracha en esa ley y tiene permiso de hablar en sus mañaneras de los logros de su gobierno -es un decir-, de asuntos electorales, de la birria que son PAN, PRI y PRD y seguir con sus giras en las que anuncia novísimos beneficios vía sus programas sociales, porque, dijo el TEPJF, “no hay indicios de que sea conducta reiterada”… ¡ajúa!, ¿para qué es el poder?… ¡autoridad que no abusa se desprestigia!).

Lo interesante es que no fue ‘acuerdo’, porque de los ejecutivos estatales solo habló la Claudia Pavlovich, gobernadora de Sonora, para tiznar de incienso al Presidente y los otros 30, calladitos, sentados enfrente, como público (no fue Alfaro, el de Jalisco), sin poder decir ni pío, sin ‘acordar’ nada.

Más interesante es que aparte de no ser ‘acuerdo’, no firmaron nada los 30 gobernadores, porque ni el documento les prestaron, digo, para ver siquiera si no tenía faltas de ortografía.

Y para reventarnos de patriótica alegría, más bien se trató de una clase de historia, versión 4T, impartida por el Presidente, quien aclarando paradas con todos, les salió con la novedad de que en México nunca hubo democracia hasta que llegó… ¿quién creen?… pues él, claro. ¡Mamá Patria, son Andresito!… y un cielo impasible despliega su curva.

Con excepción de la Pavlovich, que estuvo al frente, del lado del Presidente, los demás recibieron trato de repartidores de pizzas… no, a esos hasta propina les toca, mejor dicho, el Presidente encargó fueran tratados como personas de toda su desconfianza: al entrar les quitaron los celulares (algunos prefirieron salir a dárselo a su chofer); no se les permitió el paso a sus asistentes; no se les proporcionó copia de lo que creían que iban a firmar que no firmaron porque su sola presencia fue una colectiva afirmativa ‘ficta’ y no hubo mesa sino sillitas frente al jefe máximo. Toda una lección de democracia de la que le gusta al presidente: yo hablo, ustedes oyen; yo firmo y mi firma vale por la de todos. ¡Ah! y sin prensa, faltaba más.

No dude que algunos de los gobernadores que fueron a casa del Presidente, hayan tenido la vil intención de aprovechar el evento para tratar con él algunos asuntos que hubieran rebajado la figura del Ejecutivo, haciéndolo perder el tiempo en nimiedades como el plan de vacunación y retirar de él a los ‘Siervos de la Nación’; el apoyo necesario para contener la quiebra masiva de medianas, pequeñas y micro empresas, con su cauda de desempleo; el regreso a clases; y ya en el colmo de la frivolidad, preguntarle qué plan tiene para ayudarlos a que haya gobierno en el 30% del territorio que hoy está bajo la autoridad de la delincuencia organizada o cuando menos, garantizar la seguridad de los que andan en campaña, que ya ve usted que está abierta la temporada de caza de candidatos (van 61 asesinados, 41 de ellos, opositores).

Les leyó la jugada el presidente, no los dejó decir una palabra y se despidió de su muda audiencia con una frase que pareció amenaza: “Nos vemos en junio”, o sea, en las elecciones.

Pensándolo bien, mejor que no dejaron firmar a los gobernadores. Un acuerdo por la democracia tiene su razón saliendo de una dictadura, terminando una guerra civil o cosas así -como los Pactos de la Moncloa de 1977 en España a la muerte del renegrido Pancho Franco-, para que se pongan de acuerdo los actores políticos con los que arreglan las cosas a balazos o con los que tienen el control de facto del gobierno; pero es ridículo en un país que tiene elecciones muy vigiladas y normas legales barrocas y casi (casi) a prueba de mapaches. Más ridículo porque todos los ahí presentes, han jurado al asumir sus cargos ejecutivos, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen, ¿no incluye ese juramento lo electoral?… ¿hacía falta?… no, ni era necesario ni hacía falta, es solamente un velo adicional a la descarada intervención oficial en el proceso y parte de la coreografía electoral del Presidente que todo hace pensando únicamente en los comicios de junio próximo.

Por supuesto hubiera sido mucho mejor que los gobernadores hubieran respondido públicamente a la invitación del Presidente a la no-firma de ese acuerdo, que no se presentarían porque ya tienen empeñada su palabra y jurado el respeto a todas las leyes: “Muchas gracias, pero si es insinuación de que ando de mapache, no recojo el guante, hay que vayan a firmar los que no se respeten”. Soñar es gratis: tenían que ir, al Presidente no se le desaira en nuestra política cortesana y usted elija la acepción de cortesana, las cosas relativas al Rey y su corte o las güilas finas.

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