¡Háblense!: La Feria

SR. LÓPEZ

Fue muy triste el ‘velorio’ de tío Mino (Belarmino de nombre), de los del lado materno toluqueño, casado con tía Bernarda, espléndida veracruzana, brava de lengua. Murió a los 26 años, revisando por qué no había luz en su casa: estaba lloviendo, quedó achicharrado; ella quedó desecha (él, peor), de 23 años (espléndida) y con cinco hijos en escalerita (de cinco años para abajo). El velatorio (que no ‘velorio’, como le decimos en México), fue en su casa, abarrotada: las señoras echando chisme y rosarios; los señores en fila dando su más sentido pésame a la viuda (espléndida: algunos dieron dos vueltas). Terminado uno de los rosarios la estupenda viuda se paró junto al ataúd (cerrado, el fiambre no estaba presentable), y alzó la voz: -Agradezco los rezos y condolencias… pero aquí lo que hace falta es dinero… así que -dijo dando unas palmadas-, por favor se vuelven a formar los señores y sacan sus carteras -se hizo la fila y para bochorno del primero, tía Bernarda dijo en voz alta cuánto le había dado; al final, aquello parecía subasta. Hizo bien.

Ayer, en conferencia de prensa desde su casa (Palacio Nacional), el Presidente nos regresó el alma al cuerpo al aclarar que la actual crisis derivada del coronavirus y el entorno económico, es una “situación pasajera”; y agregó para estabilización de las palpitaciones nacionales:

“Si quisiéramos ser más profundos (sí, sí queremos, corea el respetable), diría: una crisis transitoria de salud pública, incluiría también lo económico” (nótese el fino detalle del pospretérito, condicional simple del verbo incluir: ‘incluiría’, dijo; ¿de qué dependerá que  incluya lo económico?).

Con ese su dominio del escenario, sonriendo con un toque muy apropiado de seriedad, agregó:

“Esto significa que vamos a salir pronto, que no es una debacle. Que son mucho -sic de así habla-, más nuestras fortalezas que nuestras debilidades o flaquezas. Es mucho pueblo y es mucha cultura la del pueblo de México como para no poder enfrentar esta adversidad. El pueblo es mucha pieza, el pueblo de México es extraordinario y es indudable la grandeza de México” (es imperdonable el descuido de su jefe de prensa quien debió tener previsto que en ese momento, sonora en las bocinas la ‘Marcha de Zacatecas’: “tachún, tachún, taaachuuún, taaachuuún…”; ni modo, ahí para la otra).

Sin perdernos la paciencia continuó con su terapia oral de tranquilidad pública, “vamos bien”, la gente jala, se están preparando (¡gulp!, se están preparando, o sea, no están preparados) “para que no nos falten camas, ventiladores y podamos atender a los infectados graves”.

Luego y nomás para que entendamos su concepto de ‘tregua’ (que él solicitó a los ‘conservadores’ el martes pasado, 31 de marzo), añadió:

“Tenemos proyecciones de lo que se necesita, vamos bien en ese propósito. La prensa amarillista, nuestros adversarios que todavía no ayudan porque los domina el odio, quieren que digamos cuántos muertos. Ayer estaba viendo un mensaje de una periodista pidiendo que digamos cuántos muertos va a haber. Esto me hace pensar, y es posible decir, que estamos también viviendo en temporada de zopilotes”. ¡Zaz!, exigimos nombres.

Por partes: ‘vamos a salir pronto’, ya luego sabremos si su escala es en semanas, meses, años, lustros, décadas; ¿‘pronto’ es después de ‘ya merito’ o antes de ‘ya casi’?

Luego: esto ‘no es una debacle’. Debacle (delicioso galicismo, así es él), es desastre; desastre es desgracia grande, suceso infeliz y lamentable (chairos, absténganse, presentar reclamaciones al diccionario). O sea: esta pandemia para nuestro Presidente, no es un desastre, una desgracia, algo triste y lamentable… ahora que, si quiso decir que el país no va a desaparecer, bueno, en efecto, no, la cosa es tratar de que sus decisiones no causen una debacle. Digo.

‘Vamos bien’, bla, bla, bla, hasta acomodar el discurso donde quería: la prensa amarillista, sus adversarios a quienes domina el odio (¿odio?… a quién, a qué, ¿a él?… bueno, ha de saber cosas que uno no imagina), hasta llegar a otra de esas sus frases tan llenas de gracia, tan propias de una ‘tregua’: “estamos también viviendo en temporada de zopilotes”. ¿Zopilotes, dijo?… ¿no estábamos hablando del coronavirus, del Covid 19?… ¿quién trajo zopilotes, de dónde salieron los zopilotes?

El Presidente parece que no se ha enterado de que estamos hablando de dinero: dinero para comprar todo lo necesario para enfrentar la pandemia, dinero para atenuar el desastre económico inmediato; dinero, más dinero, para rescatar la producción nacional con el menor sufrimiento posible; o sea: dinero; di-ne-ro que no tiene, que no tendrá, con y sin zopilotes.

La Secretaria de Hacienda entregó a la Cámara de Diputados los precriterios de política económica para el 2021, como manda la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. Cosa muy difícil con las cosas como están, pero presentaron un documento sensato con tendencia al obligatorio optimismo oficial. De entrada advierte Hacienda que este año no lograrán el superávit fiscal del 0.7% del PIB previsto, sino que terminaremos con un déficit del 0.4% y en 2021 del 0.6% (lo que es realista y apropiado, no son tiempos de pensar en ahorrar sino en salir del hoyo); se prevé para fin de año que el dólar esté a 22.90 pesos y para el 2021 a 21.30 pesos (…mmm, ojalá). Para este 2020, estiman que el PIB decrecerá al -3.9% (o crecer un 0.1%, ya en plan muy soñador); y para el 2021, dicen que el PIB puede crecer entre el 1.5 y 3.5% (no habían de fumar esa cochinada a la hora de hacer pronósticos). Como sea, no dicen locuras aunque afirmen que para 2021 las variables macroeconómicas serán favorables (luego se quejan de la ley seca).

¿Pero, qué creen?… los pérfidos reporteros le preguntaron al Presidente sobre ese documento y respondió: “Ahora tampoco coincido” -tal vez convenga recordarle que Hacienda es de su gobierno, es su equipo, es su documento de él, del Ejecutivo. Cómo cuando de niños jugábamos futbol: ¡háblense!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *