Huevos tibios: La Feria

SR. LÓPEZ

Contra toda evidencia, la materno-toluqueña abuela Virgen, la de los siete embarazos, le rezaba con fe ciega a San Juan de Dios, por los niños enfermos (lo de la penicilina le parecía dudoso y en todo caso, casualidad coincidente con la intervención de San Juanito); a San Antonio para que la Guillermina encontrara novio (a pesar de que el cirujano plástico de moda entonces, Fernando Ortiz Monasterio, genio de la cirugía reconstructiva, la dio por caso perdido); igual, los huevos tibios de tres minutos salían bien rezando un ‘Credo’ y san Emeterio iba a acabar curándole su reumatismo (no le cumplió). Ella rezaba y su fe se fortalecía, cuales fueran los resultados. Y ¡ay! de aquél que se atreviera a poner en duda sus oraciones, pues la duda misma les restaba eficacia. ¡Fe!…¡fe!

Cuando algo es de creer, no hay que discutir. Por ejemplo: si se encuentra usted en un país islámico y oye decir: “¡Dios es Alá y Mahoma su profeta!”, se recomienda silencio, no murmure ni “¡…mmm!” (lo lapidan); tampoco se puede ni dudar de las bondades de la democracia; en el mejor caso le dirán, ¡fascista!, no importa que sobren ejemplos de gobiernos ‘democráticos’ que son una birria: los Castro, Chávez, Maduro, los Ortega, los Kirchner, y para que vea que no es uno anti-izquierdista: el Trump y Bolsonaro… pero, no dude: la democracia es la panacea universal. ¡Democracia o el Diluvio!

¿Sí?… entonces que alguien nos explique el exitazo de Singapur, gobernado por un solo partido desde 1963, con $77,372.00 pesos de sueldo promedio mensual (paridad de ayer)… frente a los $14,838.00 mensuales (dato del Banco Mundial, 2017), del suertudo y demócrata tenochca pelos parados, tenis Nikkie (piratas), que no forme parte de los 53.4 millones de personas en pobreza (43.6% de la población nacional; dato de Coneval, 2018). Singapur, dictadura, sí, pero país en el que el crimen es una rareza anecdótica, país sin prensa libre y con gobierno autoritario, sí, pero con sus estudiantes en el ‘top’ cinco de PISA… y todo, sin recursos naturales, ni petróleo, ni oro, ni plata, ni nada: estudiar, trabajar y estudiar y trabajar. O el caso de China, que en 30 años, ha sacado de la pobreza a 500 millones (y traen del rabo al comercio mundial). En fin: ¡viva la democracia!

Igual sucede con los derechos humanos, dogma global sin sustento real ‘per se’, aunque su proclamación nunca haya sido universal y haya de olvidarse que uno de los más importantes filósofos que colaboró en su redacción en la ONU (Jacques Maritain), dijo que estaba de acuerdo mientras no le preguntaran sobre su sustento, porque no lo tienen. Pero son dogma aunque el líder universal de ellos (los EUA), siga ejecutando gente y tenga legalizada la tortura y el encarcelamiento secreto y sin acusación (sí, para que se entere). Derechos Humanos que están muy bien como aspiración a hacer realidad globalmente, pero no parte de la naturaleza ni de las leyes de la física: inventados en buena hora (aunque ya existían desde casi dos mil años antes, como dignidad de los hijos de Dios, que es contra lo que se idearon, para erradicar la influencia de la religión romana… no nos hagamos tarugos, ni los que no profesamos esa fe).

Otro dogma que ya reviste matices casi de religión es el ‘calentamiento global’, ‘el cambio climático’. ¿No existe eso?…. ¡claro que sí!… ¿es provocado por las emisiones de CO2 que produce el ser humano?: claro que no… pero, a ver, sinceramente (ni se va a enterar el del teclado): ¿a poco no está ya pensando cosas muy feas de la señora progenitora de este menda?

Ayer en Nueva York, al iniciar la Cumbre de Acción Climática de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la joven Greta Thunberg denominada por quién sabe quién ‘voz y cara’ del movimiento juvenil mundial para rescatar el futuro del planeta, entre muchas cosas dijo, seguramente convencida: “Esto está todo mal (…) ustedes acuden a nosotros los jóvenes por la esperanza. ¿Cómo se atreven? (…) Me han robado mi niñez y mis sueños con sus palabras huecas (…) Hay gente que está sufriendo, gente que se está muriendo, ecosistemas completos se están colapsando. Estamos al inicio de una extinción masiva”. ¡Sopas perico!

Ojalá y escuchara la voz de los científicos (no los de la falsa lista del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático -IPCC- de la ONU de la que se dan de baja uno tras otro de los que aparecen y ahí dejan sus nombres).

El planeta cambia de clima, se calienta y se enfría, básicamente por el ‘efecto invernadero’. El principal factor de ello no es el CO2, que constituye el 0.04% de la atmósfera (400 partes por millón), sino los océanos que generan el 95% de los “gases de invernadero” (¡sorpresa!), a consecuencia de la acción de una cosita sobre la que poco podemos influir: el Sol. Ni modo.

Si de verdad se cuenta con registro de la temperatura promedio de todo el planeta (hay ocho termómetros en todo el Polo Sur), resulta que de 1880 a 2019, la temperatura en grados centígrados ha aumentado 0.8 grados centígrados… menos de un grado… lo mismo que subió entre el año cero y el 300 d.C. Y sigue pendiente de explicar el aumento ‘observado’ de 0.35 de grado centígrado entre 1900 y 1910, sin industria pesada y cuatro coches en el planeta. También se está a la espera de encontrar alguna relación entre el CO2 y el notorio periodo cálido del año 1,000 d.C. Y ya en estas, que nos expliquen la ‘Pequeña Edad de Hielo’ del siglo XVII (el Támesis en Londres estuvo congelado años).

Sí, que alguien nos explique el informe de la Nasa (de octubre de 2009), en el que reporta un “vigoroso crecimiento” del hielo Ártico y su otro informe de 2019, en el que consigna que el planeta está más verde que nunca (5% más en promedio).

Tras esta religión del ‘calentamiento global’ algo se esconde, algo político, algo económico, pero nada científico.

¿Existe el cambio climático?… sí… es por el CO2, no. ¡Hereje!, ¡bestia!… bueno, pues sí, y con un Credo quedan en su mero punto los huevos tibios.

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