Humanos

JOSÉ ANTONIO MOLINA FARRO

El libro reseña el comportamiento obtuso de los hombres frente a la naturaleza. Arroja luces sobre la soberbia y la perdición que conlleva. El autor de “Una breve historia  de cómo lo jodimos todo” es Tom Phillips, editor de Full Fact, la empresa líder de comprobación de datos en Reino Unido. El libro es dedicado “…a cualquiera que alguna vez la haya cagado bonito.

No están solos.” Refiere, de inicio, un problema cognitivo denominado “efecto dunning- kruger”{{Incapaces sin ser conscientes de ello: cómo las dificultades para reconocer la propia incompetencia llevan a autoevaluaciones infladas}}. Personas sin talento o habilidad para alguna actividad hacen sobreestimaciones exageradas de su propia competencia en ese terreno.

Haré una selección de extractos, un tanto cuanto azarosa de este singular libro, con el subrayado de que omitiré párrafos de algunas narrativas y sin una transcripción textual, pero que no alteran lo esencial a transmitir. Veamos. La Campaña de las Cuatro Plagas de Mao Tse-Tung, allá por 1958 ha de clasificarse como “la política sanitaria pública de éxito más desastrosa de la historia.”

La mitad de esos objetivos se tradujeron en mejoras en la salud del país. Lo malo que el cuarto objetivo trajo como resultado decenas de millones de muertes. Hubo incapacidad para comprender lo que hoy día tampoco comprendemos, que los ecosistemas son complejos e impredecibles.

Cierto es que en 1949, cuando Mao llega al poder China atravesaba por una crisis sanitaria, epidemias infecciosas como la malaria y el cólera hacían lo suyo. Hubo soluciones evidentes y sensatas, como programas de vacunación masiva, mejoras en el saneamiento etc. el problema vino cuando Mao echó la culpa a los animales de los males del país.

Los mosquitos propagaban la malaria, las ratas difundían la peste, lo cual era innegable, así que se elaboró un plan para reducir sus poblaciones. Pero Mao, sin consultar a los expertos, decidió añadir dos especies más: las moscas porque son molestas y los gorriones. A estos últimos porque comían grano.

Un solo gorrión podía comer hasta cuatro kilos y medio de grano al año, un grano que de otro modo podría usarse para alimentar a la población. Hicieron sus cálculos y concluyeron que por cada millón de gorriones que se eliminaran podrían dar de comer a sesenta mil personas más. La campaña comenzó en 1958.

Se pegaron carteles en todo el país. Se pidió a todos los ciudadanos que cumplieran con su deber, jóvenes y viejos debían matar a cuantos gorriones pudieran, [[Los pájaros -se aseguraba- son los animales públicos del capitalismo]]. Se les armó con matamoscas  y rifles, enseñando incluso a los escolares a acabar a tiros a cuanto gorrión encontraran. Multitudes inflamadas de odio a los gorriones se lanzaron a las calles y aldeas a sumarse a la guerra contra los pájaros.

“Se destruían sus nidos y se aplastaban sus huevos; la ciudadanía, tañendo cacerolas y sartenes los ahuyentaban de los árboles impidiéndoles descansar, hasta que, exhaustos, caían muertos del cielo”.

Solo en Shanghai se calcula que murieron casi doscientos mil gorriones durante el primer día de hostilidades. [[No se retirará ni un soldado –proclamaba el Diario del Pueblo- hasta haber ganado la batalla]]. Y, ciertamente, la batalla se ganó. Fue una victoria aplastante de la humanidad frente a la fuerza de pequeños animales. En total se estima que la campaña de las cuatro plagas acabó con 1500 millones de ratas, 11 millones de kilos de mosquitos, 100 millones de kilos de moscas…y un millón y medio de gorriones. Desafortunadamente, ese millón y medio de gorriones no solo se había dedicado a comer grano, también comían insectos.

Concretamente, comían langostas. “Libres del incordio de un millón y medio de depredadores que mantenían a raya su población, las langostas de China lo festejaron como si cada día fuera la celebración del Año Nuevo”. Las langostas arrasaron con las cosechas en oleadas inmensas y voraces.

En 1959, se hizo caso por fin a un experto de verdad, el ornitólogo Cheng Tso-hsin, que había advertido a todo el mundo que aquello era una pésima idea. Pero para entonces ya era demasiado tarde.

La aniquilación de los gorriones y decisiones políticas catastróficas causaron la gran hambruna que azotó a China  en el periodo de 1959 a 1962. La transición dictada por el Partido Comunista de una agricultura de subsistencia a cosechas de alta rentabilidad, con asesoría soviética, y la política del gobierno central de apropiarse de toda la producción arrebatándosela a las comunidades locales influyeron en el mismo sentido.

Aquella masacre de gorriones y la consecuente devastación de las cosechas por las auténticas plagas, fueron factores decisivos del desastre que sobrevino. Las estimaciones del número de muertes causadas por la hambruna oscilan entre los quince y los treinta millones, “y el hecho de que ni siquiera sepamos si murieron o no quince millones de personas no hace sino añadir otra pincelada de horror al asunto”. Pero la capacidad del hombre para aprender es escasa, “En 2004, el gobierno chino decretó un exterminio en masa de mamíferos, desde gatos de algalia a tejones, en respuesta al estallido del síndrome respiratorio agudo (SARS, por sus siglas en inglés).Todo lo anterior me lleva a la primera reflexión, ahora ampliada: el comportamiento obtuso de los hombres frente a la naturaleza condiciona su comportamiento obtuso frente a sí.

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