IMSS: entre las vacunas y la muerte

Una crónica desgarradora: dos bebes mueren, Yadira González y Emmanuel Francisco López y 29 más enfrentan graves reacciones después de que el IMSS les aplicó vacunas en una alejada y pobrísima localidad chiapaneca. Personal médico del Programa Prospera/IMSS invitaba a las madres de recién nacidos, por las deslavadas calles de La Pimienta, localidad de Simojovel, a través de un aparato de perifoneo, al puesto de vacunación. Se aplicaron vacunas a 52 menores, la mayoría (31) tuvieron reacciones adversas. Las mujeres más viejas calmaban a las madres jóvenes explicando que los llantos eran normales, hasta que los bebes murieron.
Si algo ha logrado la confianza de la población mexicana es el éxito histórico de las campañas nacionales de vacunación. Millones y millones de dosis se han aplicado a lo largo de sexenios. La vacunación es la medida preventiva más importante de un sistema de salud. El riesgo de perder esa confianza podría significar un retroceso inimaginable en la salud pública del país.
El comunicado oficial habla de lo “lamentable” del incidente. Más aún, el director del IMSS, José Antonio González Anaya, destacado financiero (licenciado del MIT y doctor en Economía de Harvard), a cargo del timón de la Institución más emblemática de la salud mexicana —su logo es un águila que envuelve con sus alas a una madre y a su hijo—, ha ido de explicación en explicación.
Primero señaló que existían tres hipótesis de lo que pasó: a) las vacunas estaban en malas condiciones, b) un error humano o de higiene (es lo mismo) en el protocolo de aplicación y c) una reacción alérgica de los niños. Más adelante, al darse cuenta que su explicación confundía más que aclaraba, al percatarse del efecto demoledor que sus palabras tendrían sobre millones de madres que no se atreverían a llevar a vacunar a sus hijos por el riesgo de aplicar vacunas en mal estado, señaló que siempre no: que las vacunas estaban perfectas, que las vacunas no fueron la causa de la muerte de los niños y que se trata de una contaminación externa. Dijo textual: “La conclusión es que la falla no está en las vacunas, no están defectuosas o químicamente mal”.
¿Qué contestaría el director del IMSS a la pregunta de las madres que ya no celebraron el 10 de mayo, pues sus hijos murieron o tuvieron que ser llevados a los hospitales? Es decir, ¿se hubieran muerto aun sin que se les aplicaran las vacunas? La declaración de González Anaya no deja dudas a la primera conclusión —dijo— “clara y contundente es que las reacciones adversas de los niños no se debieron a las vacunas”. ¿Entonces a qué? Lo único contundente es la muerte y enfermedad grave de los bebes vacunados.
En una de las páginas Web del IMSS se habla de Mitos y Realidades de las Vacunas: (http://www.imss.gob.mx/salud-en-linea/infografias/mitosyrealidades-vacunacion). La información que contiene señala que “Ninguna vacuna provoca la muerte súbita del lactante” que pensar lo contrario es un mito. Eso van a tener que explicarlo a los padres de los niños muertos, pero en tzotzil, lengua que se habla en la localidad de La Pimienta.
Ante la pregunta de si indemnizarán a los padres por la muerte de sus hijos, el director del IMSS reaccionó como todo un hombre de las finanzas públicas. Para no comprometer recursos destinados a los más pobres de los pobres, contestó a la pregunta sobre si habría apoyo a las familias, que “tendrían que esperar hasta saber la causa de las muertes”. Por su parte, los habitantes de uno de los municipios más pobres del país cooperaron para regalarles a los padres dos féretros blancos para sepultar a sus pequeños.
Según el Inegi (2010) en La Pimienta vivían mil 755 habitantes, ahora menos dos bebes.

Por Mario Melgar Adalid
(Miembro del SIN)
EL UNIVERSAL
Twitter: @DrMarioMelgarA

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