Incapaz: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Cuquita (tía abuela del lado materno-toluqueño), hablaba sin parar, sin pausas ni para tomar aire y solo de tonterías, frivolidades, chismes y a veces de recetas de cocina. Mareaba. Ya adolescente, este menda lo comentó con tía Victoria, que sabía todo de toda la familia, y le explicó que tía Cuquita, la pobrecita, hablaba como tarabilla porque no quería que fuera a salir a colación nada de su vida, del borrachote de su marido; de su hijo mayor que no trabajaba en Obras Públicas en la Ciudad de México, sino que tenía un salón de belleza en la colonia Roma donde atendía en tacones altos (años 50s del siglo pasado, aún no era de presumir); de su otro hijo que no vivía en San Diego, sino en Lecumberri (cuando todavía era cárcel); ni de su hija que sí era artista pero no de la Compañía Nacional de Teatro sino en un establecimiento nocturno en el que se presentaba ataviada nada más con zapatillas y perfume. Con razón.

Ayer, este su texto servidor recordó a tía Cuquita al leer en la prensa lo que se dijo en la madrugadora presidencial (jamás las ve por prescripción médica… un problema de inflamación de gónadas):

El Presidente empezó su conferencia asegurando: “Estamos cumpliendo el compromiso de que no aumente el precio de los combustibles” (¡padre!); luego dijo que están haciendo un proyecto para financiar todas sus obras de infraestructura (y uno creyendo que eso se hizo antes de empezarlas); también recordó que el gobierno anterior compraba los medicamentos a 10 empresas y que vendían carísimo (deben ser otros datos, no es infinita la lista de proveedores de antes, pero sí larguísima), y aprovechó para informar que en el suministro de medicinas “ya se va avanzado mucho”, o sea, ya habrá medicinas, algún día, no comamos ansias; también comentó sobre el cambio de Gobernador del Banco de México (que termina su periodo en diciembre pero ya ve, es tan previsor).

Se queda el del teclado pensando que uno, en su calidad de tenochca simplex, no tiene ni la menor idea sobre cuáles asuntos nacionales son prioritarios pero, ¡hay un Dios!, y el Presidente en persona nos lo hace saber, tempranito. Por ejemplo, nos identifica a los periodistas, periódicos, intelectuales, columnistas, científicos, madres de asesinadas y violadas, padres de niños con cáncer, todos enemigos de la honestidad, amigos de la corrupción, contrarios a la purificación del país, conservadores que quieren el retorno triunfal de la mafia del poder, que gracias a la gallarda presencia de nuestro abnegado Presidente, no han podido regresarnos al tiempo de las ratas. También nos informa sobre asuntos de política internacional, como el financiamiento del gobierno yanqui a ONG’s contrarias a su gobierno, que quieren quitarle el poder, pero él ya le puso un ¡hasta aquí! al tío Sam. ¡Alabado sea el Señor!

Y tan está en todo nuestro Presidente que por más retorcida que sea la pregunta que le echen los reporteros ahí presentes, él siempre tiene lista la gráfica, el cuadro, la foto o el video que refuerza su respuesta. Se propone una peregrinación nacional de acción de gracias al Tepeyac, que sepa La Morenita el bien que le hace a México.

Ayer mismo, ya en la tardecita, el Presidente subió un video y nos compartió otra gran noticia: “Tengo el gusto el agrado de informarles que Pemex compró las acciones de la refinería Deer Park de Houston, de la empresa Shell, se compró el 50 por ciento de las acciones porque el otro 50 por ciento ya era de Pemex (era el 49%, pero, es lo mismo) y de esta manera ya contamos con una nueva refinería en 2023 seremos autosuficientes en gasolinas y diésel; no habrá aumentos en los precios de los combustibles (…) la refinería tiene la capacidad de procesar 340 mil barriles diarios de gasolina y diésel, y es igual a la nueva de Dos Bocas, en Tabasco”. ¿Ya ve?… él rompiéndose el lomo y usted dudando de cómo votar el 6 de junio. De veras, no tiene llenadera.

Otra cosa es que no faltará el fifí de mala entraña que recuerde que apenas este 6 de mayo, desde Minatitlán, el Presidente criticó que Pemex tuviera esa refinería en Deer Park en Texas, con la angloholandesa Royal Dutch Shell, diciendo que no ha dado utilidades a México… bueno, sí, porque se reinvierten y no dijo (a lo mejor no sabe) que esa refinería es la única que no arroja pérdidas a Pemex. A ver ahora cuánto empieza a perder Deer Park.

Tenga por seguro que saltará por ahí algún cínico conservador a plantear una incómoda cuestión: el gobierno compró la mitad que era de la Shell, por 600 millones de dólares, luego entonces el precio total de esa refinería es de 1,200 millones de dólares; si esa planta tiene la misma capacidad que algún día, tal vez, con suerte, tendrá la de Dos Bocas que cuesta 8,900 millones de dólares… significa que Dos Bocas nos costará 741% más que Deer Park. Algo anda mal.

Algo no checa. Y se levantan muchas cejas al saber que la misma Shell vendió el 5 de mayo pasado, otra refinería, la Puget Sound en EUA, que refina 149 mil barriles diarios, por 350 millones de dólares… lo que sin estirar de más la lógica permite estimar que para una capacidad igual a la de Dos Bocas, costaría 798 millones de dólares.

No son ganas de mortificar al Presidente, pero la Petrobras vendió hace dos años a la Chevron, su refinería en Pasadena, California, de 110 mil barriles diarios de capacidad, por 350 millones (más capital de trabajo)… o sea, el equivalente a la capacidad de Dos Bocas, andaría por los 1,081 millones de dólares.

Construir Dos Bocas va a salir en 8,900 millones de dólares y tal vez más. Es el precio del capricho de construirla nueva en lugar de reparar las otras seis que tenemos, igualando nuestra capacidad de refinación, o si nos hace falta refinar más, comprar una ya funcionando, sale más barato: Petrobras vendió en marzo pasado otra refinería de casi la misma capacidad de refinación que Dos Bocas, en 1,650 millones de dólares.

Alguien está engañando al Presidente, seguro, él sería incapaz… o más bien dicho, él es incapaz.

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