Inteligencia detrás de la fuga de “El Capo”

Héctor Chincoya Teutli
(Presidente de la Academia Mexicana de Criminología)
EL UNIVERSAL

Durante años la clandestinidad que exige el narcotráfico les ha permitido a las organizaciones criminales acumular experiencia en el arte del secreto, del ocultamiento, de acechar con sigilo, es decir, de acciones de Inteligencia.
Todos los días leemos de ejecuciones (técnicas de seguimiento); de que se filtró la información (topos infiltrados en las instituciones); de deserciones de miembros del ejército (defección del enemigo); de sofisticadas técnicas de ocultamiento de droga (contrainteligencia) y ahora de operaciones especiales de rescate de internos en penales como la de Joaquín Guzmán, la cual debe de ser entendida en su justa dimensión: como una operación de Inteligencia para liberar a un Capo de un penal de máxima seguridad.
Desde esta perspectiva, es impensable que hubiera habido un alto nivel de complicidad o colaboración, fuera o dentro del penal para facilitar su fuga. Se trataba de una operación ultrasecreta cuyo éxito dependía de que muy pocas personas supieran de que se estaba llevando a cabo: los responsables del diseño de la operación del área de Inteligencia de la organización; como enlace una gente de la mayor confianza del Capo; y en la parte operativa el ingeniero topógrafo responsable del túnel y un puñado de hábiles excavadores, párenle de contar. No se puede aceptar que a ningún funcionario o a los monitoristas de la Celda 20, se les corrompiera, a los primeros para que dieran instrucciones de no mover al interno de su celda y a los otros para que no fueran a advertir inmediatamente de su ausencia, porque se estaba construyendo un túnel para la fuga. En el plano de las operaciones de inteligencia, dar a conocer al enemigo una información de esta naturaleza hubiera comprometido el éxito de la operación.
Se trataba de una operación con muchas variables que no eran fáciles de controlar, lo que demuestra su complejidad: la obtención de los planos del penal, el que no se le cambiara de celda, la forma de justificar el ruido de la excavación, incidir en el esquema de redundancia que vigila al que vigila, anular el sistema de alarma sísmica geofónica que detecta vibraciones de tierra; la introducción en la celda de EL Capo de un GPS que pudiera dar las coordenadas exactas de la ubicación de la regadera. La protección de la casa en obra negra, punto neurálgico de toda la operación, la Zona Cero, exigía una seguridad especial: el camuflaje, labor de contrainteligencia, tenía que ser perfecto para no despertar la más mínima sospecha, muchos menos del Octavo Regimiento Motorizado del Ejército, acuartelados a solo 500 metros. Como vemos mucha gente trabajando en misiones específicas, pero muy pocos sabiendo que existía en curso una operación de rescate.
Todo planeado al más mínimo detalle para no dejar nada al azar al momento de la fuga: quitarse el brazalete electrónico, una ave que detectara la presencia de posibles gases tóxicos, romper los focos del túnel durante la fuga, cambiarse de ropa, destruir en la Zona Cero posibles indicios forenses (dactiloscópicos, ADN), un helicóptero listo a la salida del túnel y las tres decisiones de Inteligencia más importante de la operación: la elección del refugio ultrasecreto donde se iba encapsular Guzmán por un muy largo tiempo; la elección de los hombres, leales hasta la muerte, que iban a estar con EL Capo en el refugio; y, la elección cuidadosa del momento para ejecutar la operación: cuando el Presidente de la República volaba a Francia con los miembros clave de su Gabinete de Seguridad, lo que le permitió tener una ventaja estratégica en cuanto a la capacidad de reacción del propio gabinete para iniciar la recaptura. Todo lo cual muestra que su organización cuenta con un área de Inteligencia estratégica para la correcta toma de decisiones y que conoce la agenda y las debilidades de su enemigo natural. El resultado: un operativo de rescate limpio, impecable, ejecutado con la precisión de una maniobra de inteligencia militar.
En esta lógica cambia el papel que tuvo la corrupción en la fuga, deja de ser el factor determinante, para convertir a lo determinante en que con el paso del tiempo algunas organizaciones criminales han dejado de ser solo sicarios y asesinos sanguinarios y se han convertido en organizaciones con estructuras especializadas, dinámicas y complejas. Y ello coloca al Estado mexicano frente a un cuadro muy preocupante y retos para los que parece que no está todavía preparado, en términos de la amenaza a la Seguridad Nacional que representan las organizaciones criminales vinculadas con el narcotráfico.

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