Juan Carlos Cal y Mayor

JOSÉ ANTONIO MOLINA FARRO

“El desdén es el tributo que la pequeñez rinde al talento”

Uno de los políticos chiapanecos de mayor calado intelectual y académico, abrazó el proyecto del partido Movimiento Ciudadano. La mezquindad, la soberbia y la cerrazón de la dirigencia estatal del PAN, partido en el que militó 22 años, lo empujó a tomar esta valiente y plausible decisión. Nunca renunció al PAN, en diciembre de 2019 no se reafilió por congruencia, ya que  estaba en proceso de formación México Libre, un partido que estaría abierto a la ciudadanía y que finalmente no obtuvo su registro. Juan Carlos buscó a los aspirantes a puestos de elección popular, habló con ellos en la búsqueda de consensos para definir, en un sano proceso de auscultación, a quiénes  encabezarían las fórmulas, y con la idea de apoyar, para no fracturar las simpatías del electorado. No tuvo eco. Varios precandidatos se autopostularon  anticipadamente y presumían, presumen,  con el poder del dinero y comaladas de recursos a los medios y con encuestas a modo, ser los ungidos para la candidatura a la alcaldía de Tuxtla o, en su caso, a una diputación. Juan Carlos fue ninguneado y menospreciado; el PAN recibió a TODOS los aspirantes aliancistas, pero no a él.  En octubre de 2020 escribí en este mismo espacio, que “Juan Carlos es un hombre de su tiempo, una rara mezcla de intelectual y político profesional, alejado de dogmas y prácticas corruptas”. Hoy lo reafirmo, en él no tienen cabida verdades absolutas y siempre está dispuesto al diálogo y la negociación. Repudia la retórica hueca de los farsantes y detesta a los fanáticos, la estatolatría y el autoritarismo. Decía Octavio Paz, “El PRI debe ir a la escuela de la democracia” y agregaba, “También deben matricularse en esa escuela los partidos de oposición”. Mi convivencia con Juan Carlos es cercana, su cara es la imagen de la templanza y la cordura. Un demócrata, me dice, tiene que ser un crítico de la democracia, y procurar un ejercicio más humano del poder. Cita a Bobbio, “el único modo de salvar la democracia es tomarla como es, con espíritu realista, sin ilusionar y sin ilusionarse”. Y sí, el problema no es la democracia sino la ausencia de demócratas. Cree en la unidad y en la confrontación de ideas, pero además cuenta con proyecto, diagnóstico y propuestas, para ser enriquecidas y debatidas con otros precandidatos. La respuesta de uno de ellos, muy sintomática, “primero llegamos y luego vemos que hacemos”, esto es, primero el hombre y después el programa. En su columna de ayer en Excélsior, Jorge Fernández Menéndez dice: “La alianza PAN-PRI-PRD, como estaba planteada, parecía una buena opción para aglutinar fuerzas opositoras, pero lo cierto es que las dirigencias de los tres partidos han vuelto a hacer lo mismo que en 2018: distribuirse entre ellos las posiciones más importantes y no apostar por un liderazgo social significativo. La hora indicaba que esa alianza tenía que servir para incorporar liderazgos ciudadanos en cada distrito y estado, fueran miembros o no de esos partidos y, desde allí, construir una oposición que naciera de lo local para tener trascendencia nacional…las posiciones son para Alito y sus amigos, para Marko y los suyos…”. En el caso de Chiapas, el PAN fue más lejos, con insólita soberbia y con la complacencia de la dirigencia nacional, el dirigente se reservó su potestad de decidir quién va y quién no va, de acuerdo a sus filias y fobias personales. Las camarillas y facciones imponiendo sus intereses, al margen del escrutinio público y los intereses legítimos de otros aspirantes.

Juan Carlos va en la ruta correcta. Nada puede reprochársele, “Protius moru quam foederi”, {antes morir que deshonrarse}. Gramsci decía, “La indiferencia es el peso muerto de la historia”, hay que tomar partido. Enrique González Pedrero definió la neutralidad como el cero grado de la política. Ya otras distinguidas personalidades se han sumado a Movimiento Ciudadano, bajo la firme conducción de la experimentada Claudia Trujillo. Van algunos nombres, Miguel Negrón, Jorge Simán, Julio C. Cal y Mayor, Álvaro Gutiérrez y varios más. No dudo que en breve se sumarán a este proyecto otras personalidades recias, honestas y con preparación para llevar a buen puerto la bandera ciudadana.

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